El 13 de agosto de 2025, la Cámara de Comercio de Lima ...
La librería El Virrey de Miraflores, uno de los espacios culturales más emblemáticos de Lima, se quedó corta este jueves ante la multitud que acudió a la presentación de la segunda edición del libro La promesa, de José Hernández de Agüero B. Aunque el local solo tiene capacidad para 70 personas, cerca de 200 asistentes se hicieron presentes, muchos de ellos siguiendo la exposición desde la calle. El interés y la expectativa desbordaron el aforo, confirmando que el tema de fondo del libro —la deuda interna generada por la Reforma Agraria— sigue siendo un asunto sensible y vigente en el país.
El evento contó con una mesa de honor integrada por el autor, acompañado por el reconocido intelectual y político Alfredo Barnechea, encargado del prólogo, y el historiador y genealogista Jaime Velando. Ambos presentadores resaltaron la importancia de esta segunda edición, que vuelve a poner en discusión uno de los capítulos más polémicos de la historia reciente peruana. Velando fue especialmente enfático al señalar que La promesa no se reduce a un reclamo económico: se trata de una defensa del derecho de propiedad y del deber del Estado de cumplir con sus obligaciones. La coincidencia del lanzamiento con el próximo pronunciamiento del Tribunal Constitucional y con el debate abierto en el Congreso sobre la deuda agraria reforzó la sensación de estar ante un libro que llega en un momento clave.
Pero el interés que despierta La promesa no se explica solo por su oportunidad política. El libro, que mezcla testimonio personal, ensayo crítico y archivo documental, es también un ejercicio de memoria y denuncia. José Hernández de Agüero, él mismo expropiado durante la Reforma Agraria del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1969–1980), se ha propuesto desmontar la narrativa oficial que por décadas presentó a todos los expropiados como parte de una “oligarquía terrateniente”. Lo que el autor revela, con cifras, casos y documentos, es que entre los afectados hubo también pequeños y medianos agricultores, muchos de ellos con prácticas modernas de cultivo, mecanización y empleo formal.
El eje del libro es la deuda agraria: los bonos emitidos como compensación por las expropiaciones que, más de cincuenta años después, siguen sin ser pagados. Hernández de Agüero no solo recuerda que existen más de 15,000 familias afectadas; sostiene que el incumplimiento es una mancha moral y jurídica para el Estado peruano. En sus páginas, acusa directamente a sucesivos gobiernos de haber manipulado fórmulas de actualización y de aplicar metodologías sesgadas que redujeron drásticamente el valor real de los bonos. Señala, por ejemplo, la confusión deliberada entre “Bonos del Tesoro Americano” y “Notas del Tesoro Americano”, así como la llamada “dolarización sin indexación”, un mecanismo que licuó el valor de la deuda bajo el pretexto de la inviabilidad fiscal.
El autor sostiene lo contrario: que el Perú tiene capacidad financiera para honrar esa obligación, con grado de inversión, reservas internacionales sólidas y niveles de endeudamiento controlados. Para él, el verdadero problema es político y moral: la resistencia del Estado a reconocer que una promesa rota sigue siendo una deuda viva. En ese sentido, La promesa se presenta no solo como un alegato económico, sino como una apelación al respeto del derecho de propiedad, al cumplimiento de la palabra pública y al prestigio jurídico de la nación.
Uno de los aspectos más notables del libro es su rigor documental. Hernández de Agüero no se limita a la denuncia emocional: reproduce fallos del Tribunal Constitucional —como el de 2001 y el discutido Auto de 2013—, analiza decretos supremos del Ministerio de Economía y Finanzas y examina con detalle los errores técnicos cometidos por la burocracia estatal. A esa solidez se suma un estilo narrativo singular: frontal, vehemente, por momentos airado, pero siempre sostenido en evidencias. No es un tratado académico, aunque despliega solvencia técnica. Es una obra híbrida, que combina historia regional, memorias familiares, genealogía, crónica política y crítica legal. En esa mezcla aparentemente caótica radica su fuerza, pues muestra que la Reforma Agraria no solo dejó un pasivo económico, sino también heridas sociales, culturales y personales.
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