Rocío Valverde

Veganuary

Ser vegano durante un mes

Veganuary
Rocío Valverde
12 de enero del 2020


Los noticieros de estas semanas, las primeras del año 2020, me hicieron pensar que el apocalipsis ya había empezado y nosotros llegábamos tarde a la fiesta, resaqueados por el vino. Los australianos del estado de Victoria corrían a las playas a refugiarse de un endemoniado incendio que había teñido sus cielos de un color rojo sangriento. Estados Unidos e Irán se medían en un concurso de meadas a ver quién llegaba más lejos. En China se reportó un brote misterioso de neumonía que hoy ha cobrado a su primera víctima mortal.

La única nota positiva del noticiero llegaba desde un tribunal de Londres donde un juez sentenció que el veganismo, al ser una forma de vida, es considerada creencia filosófica y, como tal, debe estar protegida por la ley.

Aturdida por las noticias de la mañana, y posiblemente alterada por la monstruosa cantidad de teína en mi sangre, lancé mi propuesta a mi marido-come-pollos. ¿Y si seguimos una dieta vegana por un mes?, le dije. Nunca temí, ni por una milésima de segundo, que mi esposo aceptara la propuesta.

Resultó que, entre sándwiches de chorizo y jamones, él había encontrado un espacio en el que pensar sobre sus alternativas alimenticias. Con la finalidad de reducir su huella de carbono, y teniendo una historia de enfermedades coronarias en su familia, una barriguita que ha aumentado durante las fiestas de fin de año y sobre todo ganas de probarme de que seré yo quien tire la toalla primero, por culpa de la crema de huancaina, juró ser vegano hasta el 15 de febrero.

Ambos aún recordamos con amargo sabor un episodio ocurrido hace cinco años. En medio de una ola de calor acabamos en una heladería de Londres, a la que entramos sin sospechar que se trataba de un establecimiento vegano. Solamente caímos en cuenta de que estábamos en territorio vegano cuando nos cobraron 18 libras por los dos helados de chocolate. Los charcos creados por conos abandonados debieron servirnos como advertencia. El sabor a chocolate duraba un segundo en el paladar, inmediatamente se convertía misteriosamente en agua y finalmente llegaba el regusto indescriptible que te golpea en el fondo de la garganta. Siendo ambos adictos al chocolate con leche, ¿cómo podíamos someternos voluntariamente a ese martirio otra vez?

Claramente el mercado ha cambiado mucho desde los años noventa, cuando se pensaba que el vegano era un bicho raro que se alimentaba de soya y todos sus derivados. La comida vegana ya no es considerada mala y cara, con penosas excepciones. Atrás han quedado los días en los que la leche de soya era la única alternativa a la leche de vaca. Para mi sorpresa en el supermercado del barrio he encontrado leche de arroz, de avena, de coco y almendras. La demanda ha crecido en todo el planeta, y para cubrirla hoy en día las más grandes cadenas de comida se unen al movimiento de Veganuary, donde la gente se compromete a ser vegano durante el mes de enero. Pizza Hut, Burger King, Wagamama, Hotel Chocolat, Subway entre otras han lanzado productos veganos. Dudo que en los pueblecitos más remotos de Francia se hayan enterado de esta campaña y probablemente sigan mirando con horror a algún turista perdido que intenta explicar que no puede comer queso. Quelle horreur!

Si algún viajero del tiempo se me hubiera acercado en el 2007, probablemente en la sangucheria la Gran Fruta, para contarme que en 13 años iba a poder ordenar una hamburguesa hecha a base de vegetales, y por un precio razonable, no le hubiera creído. ¿Y el mundo se acaba en el 2020, no?

Rocío Valverde
12 de enero del 2020

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