Cecilia Bákula
Ser mujer en el Perú
En nuestro país la mujer es considerada una "posesión"

Es toda una contradicción lo que se vive siendo mujer en el Perú. Por un lado, se nos ha considerado como la belleza pura, el amor absoluto, la delicadeza hecha ser humano, la fuerza y el poder de dar vida. No obstante, es estos tiempos cada vez son más frecuentes los feminicidios y las agresiones a las mujeres, que tienen esa condición única y especialísima.
No cabe duda de que todas las declaraciones son solamente eso: declaraciones sin contenido. Una mujer que merece consideraciones por su condición de madre (real o potencial); pero, al mismo tiempo, hay hombres que por nosotras pueden ver despertar los más bajos instintos que un ser humano puede tener: atacar, agredir, violentar y hasta acabar con una persona porque "ya no es mía" o porque "quiero que lo sea".
Pero además de las tremendas y crecientes cifras de feminicidios, vivimos una agresión permanente que ahora se ve plasmada en conductas violentas y deleznables por parte de algunos de los mal llamados "padres de la patria". Así, las cosas, las mujeres estaríamos mejor en orfandad, sin esos "padres" que, lejos de tener una conducta coherente, su discurso no se condice con sus acciones. Ellos se escudan en traicioneros privilegios e inmunidades para actuar como viles seres, carentes de valores, de control, de capacidad de sana decisión. Y sienten que su pequeña e insignificante y muy temporal posición, les da carta blanca para su devaneos y acciones.
Me pregunto: ¿necesitamos las mujeres de todo el Perú —trabajadoras, luchadoras, madres y padres a la vez, educadoras, dadoras de vida, eje de las familias, profesionales de primer nivel— que exista un Ministerio de la Mujer, y que se le añada, a esa cartera el adicional de "y poblaciones vulnerables"? ¿Qué o quiénes son los vulnerables? ¿En qué medida protege a la mujer?
Quizá esa labor debiera estar orientada más que nada a la educación de la mujer en el rol que ella desee desempeñar en la sociedad, y permitirle que sepa que su dignidad de ser humano, no puede ser afectada ni agredida. Y que no se trata solo de tener los medios para denunciar, lo que termina siendo un mal teatro de movidas de la política y la prensa.
Todavía, en nuestro país, la mujer es tomada como cosa, como "posesión", como propiedad. Y en los últimos casos que vemos de agresión mediática, tocamientos, intimidad no permitida, son solo la punta de un horrible y gigantesco iceberg cultural, un monstruo de conductas heredadas y aprendidas que, a nosotras mismas, nos toca erradicar. Si los casos que vemos en Lima, nos llenan de coraje, ¿cuántos más hay entre las mujeres que no tienen voz en el interior del país? ¿O es que el MIDIS habla por ellas? ¿Hasta cuando vamos a ser un número de estadística?
En mi caso, debo manifestar que he vivido en un universo familiar y laboral de extremo respeto y educación en igualdad de derechos. He ejercido mis capacidades profesionales y he sido formada y educada para que sean mis capacidades y no solo mi condición de mujer lo que prevalezca. Pero no puedo dejar de levantar mi voz por lo que significa la humillación de que se piense que somos "cosas", y que en nuestro país se siga sin reconocer el valor histórico y ancestral de la presencia de la mujer. Y se siga en la inacción o encubriendo conductas que ofenden a las víctimas y degrada a los victimarios.
¡Basta ya! No es solo una frase, es una bandera de acción y lucha que cada una debe tener como consigna. Y educar a las siguientes generaciones en una conducta y valores de respeto y dignidad.
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