Daniel Molina

¿Por qué ocurren los crímenes “machistas”?

Un problema que no está relacionado con ninguna ideología o creencia particular

¿Por qué ocurren los crímenes “machistas”?
Daniel Molina
03 de septiembre del 2026

 

Empecemos con un trágico suceso. La noche del 7 de julio de 2016 en España, una joven de apenas 18 años que se encontraba en las fiestas de San Fermín en la ciudad de Pamplona, fue acorralada por un grupo de cinco hombres, que, abusando de su fuerza y aprovechando la vulnerabilidad de la joven, violaron a la víctima durante horas. Al día de hoy, este caso es conocido como “La Manada”. Muchos grupos feministas protestaron. Para muchos este es el canon de lo que se podría denominar un “crimen machista”, o un caso de “violencia de género”. Si hay un caso que encaje bajo este rótulo, seguramente es este. Todos estamos de acuerdo en que este es un crimen, que es una tragedia y que debe ser castigado. ¿Pero cuál es el rol del machismo y el género en esta discusión? Mi postulado será que ninguno. No pretendo señalar señalar que este caso no sea trágico, tampoco que no deba ser castigado con gran severidad, pero déjenme explicarles por qué el machismo y el género no tienen relación causal alguna con lo sucedido, ni aquí ni en otros casos análogos —e incluso con otros crímenes además de los sexuales, como por ejemplo el llamado “feminicidio”—.

 

1. Variedades de machismo

¿Qué es el machismo? Es un término complejo, respecto del cual se manejan definiciones y análisis conceptuales distintos. No obstante, para esta discusión no será necesario zanjar este debate. Tomaré algunas de las manifestaciones que comúnmente se consideran propias del machismo y trataré de evidenciar cuál es el papel que pueden desempeñar —o no— dentro de un crimen machista o de violencia de género como el anteriormente descrito, así como en otros casos. Encuentro que las siguientes cuatro manifestaciones del machismo suelen traerse a colación: 

Supremacismo masculino: Quizás la manifestación más común cuando se piensa en el machismo. Es la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres, ya sea en ámbitos intelectuales, deportivos, etc.  

Imposición de género: Ocurre cuando se imponen ciertos roles de género a los demás. En su mayoría, se destaca la imposición a las mujeres —por ejemplo, respecto de usar tal o cual prenda o de evitar determinado corte de cabello—, pero también puede darse contra otros hombres, como cuando se prohíbe o se agrede a hombres que visten o actúan de maneras consideradas «no masculinas» o «femeninas». 

Objetificación: Se produciría cuando un hombre reduce a la mujer a un mero objeto del cual disponer y considera, debido a esa concepción, que ella debe satisfacer sus caprichos —usualmente sexuales, aunque también afectivos— o mantener obligatoriamente un vínculo que no desea. Desde esta perspectiva, la objetificación tendría injerencia en la violencia machista cuando un hombre entiende que satisfacer sus deseos sexuales o evitar una ruptura constituye una especie de «función» o «fin» de la mujer y, ante su negativa, recurre a la coacción o a la violencia, incluso letal. 

Competitividad: Se manifiesta cuando los hombres compiten para determinar quién es más «alfa», por ejemplo, quién logra acostarse con más mujeres. Mientras que existe una visión bastante sex positive en algunos colectivos progresistas, desde esta perspectiva esa conducta sería reprensible cuando se realiza para promover una determinada concepción de la «masculinidad tóxica». Algunos individuos no lograrían adaptarse a ese ideal masculino y machista y, por ello, recurren a conductas como la coerción sexual, convirtiéndose en criminales. 

Analicemos detenidamente la relevancia causal que puede tener cada una de estas manifestaciones del machismo en los crímenes machistas o de género. 

 

2. Supremacismo masculino

Supongamos que Juan, por la noche, decide agredir sexualmente a María. Sin su consentimiento, la somete y decide consumar su crimen de manera despiadada. Vayamos aún más lejos: al final del acto, decide también cometer feminicidio. ¿Cuál pudo haber sido el rol del supremacismo masculino aquí? Sería, a mi juicio, completamente inverosímil decir que Juan, antes de su accionar criminal, pensó: «María es mujer; seguramente es pésima en matemáticas, una terrible jugadora de ajedrez, mala científica y, además, muy poco inteligente, como el resto de las mujeres. Es tan inferior a mí y a mis congéneres masculinos. Le haré lo peor…».

Encuentro ese razonamiento increíblemente implausible. ¿Qué tipo de agresor sexual o feminicida ha hecho alguna vez en su vida ese razonamiento y, en base a ello, ha perpetrado un crimen? No niego que puedan existir otras motivaciones, pero definitivamente no parece ser esta. Algo anda mal aquí. Sea cual fuere el motivo, me parece evidente que el supremacismo masculino no tiene injerencia causal en este tipo de conducta.

 

3. Imposición de género

No negaré que existen casos de violencia causada por la imposición de género. Hay muchísimos casos de hombres que golpean a otros hombres por el mero hecho de maquillarse, usar determinadas prendas —como faldas o crop tops— o andar de la mano con una pareja de su mismo sexo. Algunos de estos crímenes incluso han sido fatales, como el asesinato de Daniel Zamudio. Estos son casos en los que el agresor actúa violentamente porque la víctima no se ajusta a la expresión de género que él considera correcta.

Volvamos al caso de Juan. Entendería que aquel que considera el machismo responsable de estos crímenes pensara que Juan razonó algo como: «Mira a María: tiene el cabello corto y no lleva falda. Ella debería tener el cabello largo y no llevar jeans. Haré lo peor por esto; se lo merece…». Nuevamente, este parece ser el análisis incorrecto. Quizás algún perpetrador haya cometido su crimen como un medio para «enseñar una lección» por transgredir los roles de género, pero esto definitivamente no explica la violencia machista común de la que se habla. Hay casos relativamente similares en África contra la población lésbica, como ocurre con la llamada «violación correctiva», pero, nuevamente, no parece ser el caso de la mujer víctima promedio. Más aún, no parece que las mujeres víctimas de violencia machista sean, en general, mujeres que rompen con los roles de género. Incluso las mujeres más apegadas a la heteronormatividad son víctimas frecuentes de feminicidio o de violencia sexual. Tampoco creo que podamos encontrar la respuesta en la imposición de género.

 

4. Objetificación

El error detrás de considerar esto como relevante para el análisis de la violencia machista es, a mi juicio, un error descriptivo. La confusión surge cuando se mezclan dos formas de describir el fenómeno de la objetificación. Hay una diferencia entre:

  1. Decir que alguien te pertenece porque es un objeto, y que es un objeto porque es mujer.
  2. Decir que alguien te pertenece porque es un objeto, y que ese objeto, además, es mujer.

Imaginemos que Juan mata a María, su pareja. Lo hace para evitar que abandone la relación y se vaya con su mejor amigo. Probablemente esto sería catalogado como un crimen de género. Sin embargo, imaginemos que Juan tuviese una pareja masculina, Pedro, y lo matara exactamente por las mismas razones. Tendríamos la misma motivación —evitar que su pareja abandone la relación—, la misma objetificación, el mismo nivel de enojo y, en principio, podríamos imaginar los mismos medios para perpetrar el crimen. Sin embargo, por una propiedad que, según alegan algunos grupos feministas, sería accidental —el sexo de la víctima—, estaríamos frente a dos crímenes radicalmente distintos.

Realmente, a Juan no le interesa si es María o Pedro a quien objetifica: él objetifica a su pareja. Su pareja, además, es mujer. Pero existe una diferencia entre objetificar a alguien porque consideras que es tu mujer y objetificar a alguien porque consideras que es tu pareja: en el segundo caso, la persona sería objeto de la misma manera independientemente de su sexo.

Claramente, en un crimen violento, el perpetrador puede tener en cuenta características que se encuentran con mayor frecuencia o intensidad en las mujeres y que las hacen más vulnerables. Pero esto no es lo mismo que objetificar a alguien porque es mujer. Repito: no niego que pueda existir objetificación —ni afirmo que necesariamente exista—, pero insisto en que hay una diferencia entre decir que alguien te pertenece y decir que te pertenece porque es mujer.

Los hombres en general tienden a objetificar a los más débiles. No es de extrañar que haya un promedio de 3.2%-5% de victimización sexual por cada 100,000 personas en las cárceles en un periodo de 12 meses, hablando de abusos de hombres hacia otros hombres, cifra incluso alta comparado con el 0.15%-0.35% de victimización sexual de hombres hacia mujeres libres. Incluso en ambientes donde no hay mujeres, sigue habiendo índices enormes de este tipo de crímenes sexuales. Esto habla muy mal de los hombres, pero nos revela que la objetificación pasa por la cosificación de la persona, no de la persona debido a su género.

 

5. Competencia

¿La imposición de un ideal machista explica los crímenes de coerción sexual? Solo tendría sentido si, de alguna manera, los perpetradores fueran individuos que, al no poder cumplir con los estándares impuestos por ese ideal, decidieran cometer actos como la violación. Esta es una aseveración empírica y, cuanto menos, controversial. Hay mucha evidencia que reporta que los individuos comisores de crímenes sexuales no suelen ser más fracasados/insatisfechos sexualmente, e incluso algunos estudios datan que algunos son bastante exitosos sin necesidad de recurrir al crimen. Por tanto, no parece que necesiten recurrir al crimen como consecuencia de una incapacidad para satisfacer los estándares sexuales que les impondría un determinado ideal masculino. Empíricamente, considero esta explicación extremadamente dudosa, más aún porque creo que existe una explicación mejor, que desarrollaré en la siguiente sección. 

 

6. Entonces, ¿por qué ocurren los crímenes “machistas”?

Hay algo innegable, los hombres son el género de la violencia. Los hombres son el género de la hipersexualidad también. ¿A qué se debe la elevada tasa de hombres agresores de mujeres (y no viceversa)? No entraré en muchos detalles en este tema, pero simplemente notaré algo: los hombres son, por lo general, peores personas. Hay explicaciones variadas, desde evolutivas, biológicas y socioculturales por las que los hombres son más violentos en general, contra otras mujeres y contra otros hombres.  No es de extrañar que los hombres sean los que más prevalencia de psicopatía padecen. Sumado a esto, los hombres tienden a tener mayor fuerza bruta que las mujeres, hilando estos aspectos no es de extrañar que sus impulsos sexuales, tendencias violentas y fuerza superior conduzcan a que las mujeres sean un sector claramente vulnerable. Esto explica claramente las altas tasas de criminalidad contra las mujeres (y la criminalidad masculina en general). Pero no tiene nada que ver con una creencia machista o una cultura contra la mujer, simplemente con el hecho de que los hombres tienden a ser peores personas en general, y que poseen mayores medios para coaccionar a los demás. Por supuesto, esto no hace el problema menos grave, pero sí nos indica algo: este problema no está relacionado a ninguna ideología o creencia machista particular.

Daniel Molina
03 de septiembre del 2026

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