Rafael Aita
Por qué ni la derecha ni la izquierda funcionan en Perú
Parte II: ¿Filosofía andina?

En el artículo anterior vimos que los esquemas políticos aplicados a nuestro país han nacido tradicionalmente de filosofías extranjeras, dejando en el aire la pregunta: ¿no sería mejor desarrollar un sistema político, económico, educativo y social basado en los principios lógicos de la filosofía andina? (para ello puedes ver el artículo completo aquí: https://elmontonero.pe/columnas/por-que-ni-la-derecha-ni-la-izquierda-funcionan-en-peru?fbclid=IwAR1_jHsycc6kRk9u7-1iaV6YfL8eDmSL6QWUcVBtPvOoZZcxIlwEdwXiZuw
Para responder a esa pregunta debemos primero establecer qué entenderíamos por filosofía andina. La filosofía, definida como el amor al conocimiento, es aquella rama del saber que busca responder las preguntas fundamentales que se hace todo hombre: ¿quién soy?, ¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?, ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué sufrimos? Por esa razón surgió mucho antes que las ciencias y les dio origen.
Los pobladores antiguos también se hicieron estas preguntas y desarrollaron todo un constructo lógico e integrado para responderlas, totalmente independiente a las respuestas que esbozaron los filósofos occidentales y orientales en paralelo. ¿Significa que podemos hablar de la existencia de una “filosofía andina”? Según Mario Mejía Huamán autor del libro Teqse, la respuesta es no, pues entonces aún no existía una separación entre el saber y la religión, requisito básico para el surgimiento de una filosofía.
Sin embargo, sí podemos hablar de una cosmovisión andina, una forma de ver, entender y dar explicación al mundo y el hombre. Una cosmovisión que posiblemente nació en Caral y cuya trayectoria podemos seguir a través de las culturas Chavín, Wari, Tiahuanaco, hasta alcanzar su esplendor con la cultura Inca. Es por ello que podemos registrar ciertos símbolos y principios, como la chakana, el dios de las dos varas, la dualidad o la reciprocidad a lo largo de las culturas de todo el antiguo Perú.
Es difícil explicar la riqueza y profundidad de esta filosofía, pero comenzaremos dando una explicación a una de las preguntas más fundamentales de la filosofía: ¿quién soy? Esta pregunta ha tenido distintas respuestas en la historia. Para Platón, la verdadera esencia está en el mundo de las ideas. El mundo material es tan solo un pobre reflejo de aquel mundo de las ideas, tal como lo describe en el mito de la caverna. Para Aristóteles, yo soy mi sustancia, y dicha sustancia tiene una potencialidad para alcanzar la perfección.
Para Heidegger, el ser está dado por la funcionalidad, lo que él llama el Dasein o “estar ahí” en el sentido que tengo un propósito que cumplir. Sartre toma el existencialismo de Heidegger y le quita el propósito divino dejándolo en acciones humanas. En sus propias palabras, “la existencia precede a la esencia”, o sea, yo soy lo que hago. Sin embargo nos preguntamos ¿qué respuesta hubiera dado un amauta en un yachaywasi inca?
Para los incas yo no soy una esencia, ni tampoco soy el propósito que debo cumplir en la vida, ni siquiera soy lo que hago. Para ellos mi esencia la define mi entorno. Yo soy lo que me rodea. No existe el yo, yo soy mi ayllu. Mi esencia no solamente está determinada por las personas que me rodean, sino también por la naturaleza, la tierra, las montañas, las rocas y los ríos. Recordemos que para la cosmovisión andina, todos estos elementos naturales eran sagrados y estaban dotados de una energía llamada kamaqen, que les permitía interactuar con el ser humano.
Así se explica que una montaña sea un Apu, una roca sea una huaca a la que le puedes hablar y te responde y la tierra exija un pago a cambio de sus frutos. Aquella totalidad de montañas, ríos, rocas, tierra se le denomina pacha. Siempre hemos asociado el concepto de pacha al de la tierra, pero su traducción es mucho más compleja. La pacha es el espacio y también el tiempo, el mundo que nos rodea, la dimensión donde nos encontramos.
La cosmovisión andina constaba de tres “pachas”: el Uchu Pacha o inframundo, el Kay Pacha o mundo presente y el Hanan Pacha o mundo superior. Sin embargo la palabra kay se traduce como ”ser”. Kay Pacha es “el mundo que es” y que al mismo tiempo define nuestro ser. Incluso a la hora de la muerte, cuando ascendemos al Hanan Pacha, nunca nos dejamos de desligar del Kay Pacha. Por ello los Incas, al morir, eran momificados y seguían participando de la vida política del Imperio, eran sacados en desfiles a las fiestas, se les hacían ofrendas, se les ofrecía de comer y beber. Si la momia era incinerada, el alma desaparecía también del Hanan Pacha. El ser estaba íntimamente ligado a su entorno y no podía entenderse independiente de él.
Por esa misma razón es que muchos conceptos filosóficos andinos tiene que ver con las relaciones interpersonales: la reciprocidad, el yanantin (que es la complementariedad de opuestos) o el tinkuy (que es el encuentro de opuestos). Cómo esta cosmovisión afecta la forma de entender y aplicar la política es un tema que veremos en un próximo artículo.
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