Jorge Morelli

¿Por qué fracasan la izquierda y la derecha?

Construir la gobernabilidad de abajo hacia arriba

¿Por qué fracasan la izquierda y la derecha?
Jorge Morelli
01 de febrero del 2022


No habrá ni disolución del Congreso, ni vacancia de la Presidencia, ni asamblea constituyente. Tampoco habrá gabinete de camaradas, ahora que la caviarada ha fracasado en el premierato.  

Pero la izquierda seguirá fracasando porque hay una brecha gigantesca entre su composición de lugar y la realidad. Lo que caviares y camaradas necesitan es madurar, refundar la izquierda peruana. Pero no de arriba hacia abajo, desde obsoletos prejuicios doctrinarios; sino de abajo hacia arriba, prestando atención a la realidad en primer lugar, como lo intentaron José Carlos Mariátegui o José María Arguedas, desnaturalizados más tarde por demagogos que se apropiaron de  la izquierda.  

No obstante, madurar es lo que necesita también la otra orilla. Veamos. ¿Por qué han fracasado Macri en la Argentina, Piñera en Chile, y están cerca de hacerlo Duque en Colombia y Bolsonaro en Brasil? ¿Y por qué fracasa la izquierda nuevamente con los Fernández en Argentina, o va a hacerlo nuevamente en Brasil con Lula (que volverá al gobierno), o en Chile con Boric? 

Mención aparte merecen Venezuela, que no es una democracia; y el Perú, que es el laboratorio de ensayo-error más desaforado de todo América del Sur. Acá han fracasado en los últimos 20 años –o lo están haciendo– Castillo, Sagasti, Vizcarra, Kuczynsky, el segundo alanismo y Toledo. Alguno en grados, los demás estruendosamente. Pero también antes de ellos, por omisión, Fernando Belaunde y el primer alanismo, todos por la misma mala lectura de la realidad, ya fuera de izquierda o de derecha. 

Desde luego, cada experiencia fallida tuvo o tiene sus propias circunstancias particulares, únicas e irrepetibles, pero también tienen todas ellas al menos un factor en común. Pienso que la derecha o la izquierda pueden llegar al gobierno, pero no al poder, porque las nuestras, en todo Sudamérica, son democracias de baja gobernabilidad e incapaces, por eso mismo, de resolver los problemas del pueblo. 

Fujimori es el único del que se puede decir que no fracasó en el Perú. Porque cuando se vio amenazado por la vacancia, y sitiado entre una economía en escombros y la insanía terrorista, replanteó las reglas del juego de la gobernabilidad. Solo entonces pudo gobernar, parar en seco la hiperinflación, derrotar al terrorismo senderista, y volver al orden constitucional en menos de un año.

Fujimori lo anunció en Las Bahamas, en mayo de 1992, y el nuevo parlamento se instaló el 30 de diciembre, ocho meses después. No fue el autogolpe del 5 de abril lo que hizo posible la Constitución de 1993; fue la gobernabilidad que Fujimori consiguió lo que la hizo posible, y permitió al Perú un crecimiento que le ha tomado a la demagogia de izquierda 30 años derribar.  

No basta romper huevos para hacer tortillas, dice el refrán. La prueba de que no fue el 5 de abril lo que logró la gobernabilidad es que cuando Vizcarra intentó su propio “5 de abril”, disolviendo inconstitucionalmente el Congreso el 30 de setiembre de 2019, la decisión no produjo ninguna gobernabilidad y más bien condujo inexorablemente, un año después, a la vacancia de su propia Presidencia, el 9 de noviembre de 2020.    

El desafío hoy es construir nuevamente la gobernabilidad de abajo hacia arriba, prestando atención primero a lo que existe en la realidad, en el pueblo mismo.  

Y añadir en nuestro caso, esta vez, un indispensable rediseño en la Constitución de 1993 del balance entre los poderes del Estado. No basta la separación de poderes, debe haber equilibrio entre ellos. No ha habido en el Perú desde la fundación de la República.

Jorge Morelli
01 de febrero del 2022

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