Aldo Lorenzzi

Perú es clave

Para la izquierda corrupta reunida en el Foro de Puebla

Perú es clave
Aldo Lorenzzi
21 de abril del 2026

 

El 12 de abril de este año los peruanos vivimos elecciones generales para elegir presidente, senadores, diputados y parlamentarios andinos. Una jornada que debió ser una fiesta cívica terminó envuelta en irregularidades que, hasta hoy, generan una suspicacia legítima sobre la validez de sus resultados.

Cada día aparecen nuevas evidencias de que este proceso no fue normal. Y sin embargo, aquí estamos: esperando, callados, confiando en que los resultados finales llegarán a buen puerto. La pregunta es si esa paciencia tiene límite, o si simplemente nos hemos acostumbrado a tragarnos el sapo.

Lo que está en juego no es menor. El Perú enfrenta una crisis institucional sin precedentes en su historia republicana. No es exageración: es un diagnóstico. Años de copamiento sistemático de los poderes del Estado, el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, han encontrado su punto más crítico en los organismos electorales, que son, al final, los guardianes del voto popular. Lo que hemos visto en estas semanas no es una anomalía aislada. Es la corrupción del Estado peruano mostrándose sin filtros.

Hay una frase que se repite en ciertos círculos de poder, dentro y fuera del país: "El Perú es clave". Y tienen razón, aunque no precisamente por las razones que nos convienen. El país tiene un potencial enorme en recursos naturales, ocupa una posición geopolítica estratégica y se ha convertido en un territorio codiciado: por China, por el crimen organizado, por el narcotráfico, por las redes de trata de personas y por grupos islamistas en expansión. Un Estado débil y corrupto no es un problema local. Es una invitación.

En ese contexto, las fuerzas vinculadas al Foro de Puebla ya perdieron Argentina, Ecuador y Chile. Bolivia les costó. Perú es la plaza que les queda, y no están dispuestos a soltarla. Han encontrado en la corrupción, el resentimiento y la polarización sus mejores aliados. No necesitan ejércitos. Les basta con un Estado capturado.

 

¿Qué nos queda por hacer?

Reconstruir las instituciones es la respuesta obvia. También es la más difícil. Porque hoy el Perú no es un país: son dos. Lima y el resto del territorio tienen visiones distintas, prioridades distintas, agravios distintos. Esa fractura no se cierra con elecciones. Se cierra con política, con presencia territorial, con partidos que trabajen los 365 días del año y no solo cuando se acercan las urnas. Mientras eso no ocurra, seguiremos eligiendo entre males.

Estamos, quizás, en el momento más delicado desde el inicio de nuestra vida republicana. No es retórica. Es lo que los hechos indican. Y la luz al final del túnel, seamos francos, todavía no se ve.

Mientras tanto, los que pagamos los platos rotos somos los de siempre: los peruanos de a pie, que seguimos conviviendo con asesinatos, extorsiones y una economía que acumula golpes. No merecemos esto. Y la clase política, si tiene algo de lucidez, debería saberlo. Aprender a hacer política de verdad, esa sería la llave. Aún estamos a tiempo de salvar al país. Pero el tiempo no sobra.

Aldo Lorenzzi
21 de abril del 2026

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