Raúl Mendoza Cánepa
Pedro, el sindicalista
Su estrategia es el conflicto, la parálisis, atacar al “contrario”

Pedro Castillo tiene más de sindicalista que de izquierdista. Si analizamos el chip del sindicato, el objetivo es la huelga, el conflicto, la parálisis, la solución para uno sea cual sea el escenario. Siempre le es más cómodo gritar desde la calle y atacar al “contrario”, pero así no se puede gobernar.
Por tal, a Castillo el ideario de Vladimir Cerrón debe haberle importado poco, porque para eso sirven los partidos, para montarse en ellos a última hora, sean de la ideología que sean. Alguna vez Castillo fue de Perú Posible y hurgaba un camino regional o local. El destino lo llevó como el viento hacia una izquierda radical sindicalista y pudo haber sido aprista, pepecista o acciopopulista si hubiera tenido la oportunidad del escaño. Su instinto político está centrado en la oportunidad, por tal, quizás no mienta cuando dice no ser chavista ni comunista; por tal puede acercarse a Evo Morales y ser dominado por el cocalero, pero nada es certeza en él sino los giros del viento... y más tarde no sabemos.
Dice Guido Bellido que Pedro Castillo procesa las ideas como un sindicalista básico ¿Y qué se hace frente al vacío doctrinario de un gobernante? El más persuasivo economista liberal pudo haberle convencido que el mejor camino para los pobres es el del mercado, pero es tarde. Lo que no puede hacer la derecha, lo están haciendo los “caviares”. Mohme, desde La República, celebra que Castillo y Cerrón parezcan alejarse. Dice en un editorial: “La conformación del ‘fujicerronismo’ es un proceso que ya se había iniciado en el mismo momento en que asume la presidencia Pedro Castillo y que gana terreno con la salida del núcleo cerronista de la PCM, la ruptura provocada por la salida de Guido Bellido y el endurecimiento de las exigencias de la facción rupturista a la nueva premier, Mirtha Vásquez”. Lo que sí es un error es juntar dos términos irreconciliables solo por una coincidencia de voto. Cerrón dice con mejor cálculo: “El fujicerronismo no funciona, el anticaviarismo si lo haría”. Sugiere que lo único que une a Perú Libre con la derecha es el odio anticaviar.
Pedro Castillo gobierna con el esquema sindicalista. Ya sabemos que el sindicalista divide al mundo en buenos y malos por cuestiones prácticas, el marxismo le sirve como factor aglutinante de clase y no más. Quizás, en la orfandad doctrinaria y en su mecánico proceso mental, precisamente para ser práctico, Castillo debe saber que solo hará un buen gobierno si deja de ser sindicalista y es pragmático, si no asusta a los inversionistas, si es leal a la estabilidad jurídica, si entiende que el dólar y los precios son sensibles a la política, que a más empresas más trabajo, que el exceso de tributos desincentiva y que las experiencias históricas de mercado han sido exitosas (también para los pobres) y que las estatistas solo han llevado al fracaso (también de los pobres) ¿Tan difícil de explicar? ¿Tan difícil de entender?
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