Cecilia Bákula

Pasión por el arte y la docencia

La historia del arte nos aproxima a las sociedades del pasado y a nuestra propia esencia

Pasión por el arte y la docencia
Cecilia Bákula
09 de julio del 2023


Terminado recientemente el semestre académico, me tomo –como en cada fin de ciclo– un momento para evaluar el sentido del esfuerzo desplegado y la razón de cada hora de trabajo. Al profesor, al maestro, le queda siempre la duda para saber si su desempeño fue el mejor y, sobre todo, si el resultado fue el esperado. Y me refiero no sólo a lo que las cifras pueden decir, sino también a si se fue capaz de llegar al alma de los alumnos y dejar en algunas de ellas, en sus espíritus, en sus memorias, en sus recuerdos, una chispa positiva, un mensaje, un sueño. Una referencia no personal hacia el docente, sino hacia el saber, el mirar, el descubrir.

En mi caso, y por voluntad propia, tengo el privilegio de dictar un curso electivo. Y eso que puede ser un riesgo, se ha convertido en un elemento de tranquilidad y confianza, pues me permite exigir más a quienes optan por inscribirse. Y me enfrenta al reto de iniciar un viaje con mis no pocos alumnos a los que voy descubriendo, con pasión y vehemencia un mundo que por lo general, les es desconocido, lejano y del que tienen muy vaga información y por lo general, con carga negativa.

Qué placer es ver cómo va cambiando la perspectiva respecto a la valoración de lo que les parecía ajeno y empieza a serles cercano y casi propio pues juntos vamos aprendiendo a mirar, no solo ver, descubrir, observar, apreciar y ser capaces de deleitarse y hacerlo tan solo a través de imágenes, porque por lo general, me toca referirme a realidades geográficamente distantes. Muchas veces les digo que el curso, tendría que hacerse con un boleto de avión en mano, para poder hacer muchas paradas sin apremio ni prisa para gozar y acariciar con la mirada cada lugar, cada monumento y entender, con paciencia, mucha lectura y calmada observación, la riquísima obra plástica que el ser humano ha sido capaz de realizar.

Y, ¿cómo no va a ser un deleite ver el proceso de aprendizaje? Recibo cada semestre a unos 50 o 60 alumnos cuyas motivaciones son tan diversas como el número de matriculados y, al final, descubrimos que la conclusión es una sola: descubrimiento, crecimiento, humanidad porque el arte no solo se inserta en la historia misma, sino penetra en la esencia del ser humano y obliga a comprender a la sociedad en la que se gesta y realiza la obra; implica descubrir, cuando es posible, la individualidad del autor y motiva a comprender y valorar las razones de la persistencia y perseverancia de dichas obras a lo largo de la historia del hombre mismos y de nuestras sociedades en Occidente.

La historia del arte nos hace vernos como ante un espejo en el que nuestras sociedades se ven a sí mismas como creadoras e intérpretes de su propia realidad y es así cómo podemos entender el valor magnífico de una escultura como “Artemisa cazadora” en la que los detalles pueden llegar a emocionar a un observador acucioso o el detalle glorioso del Giotto en su “Adoración de los Reyes Magos” quien sin duda, debió haber visto el paso del cometa Halley, pues plasmó con esas características a la estrella que alumbró el pesebre en Belén y lo hizo con tantísima precisión que cuando en 1985, la ESA envió al espacio una sonda para estudiar dicho cometa, fue en su honor que denominó la “Sonda Giotto”, por saberse que fue él quien por primera vez representó dicho cometa, en un fresco que debió ser realizado entre 1305 y 1306.

Y en ese proceso de avanzar en la historia, se descubre, necesariamente, el respeto a la obra del otro; se aprende el respeto a lo propio y se estimula el deseo de conocer y descubrir lo mío, lo nuestro. Desarrollamos el concepto apasionante de patrimonio, herencia colectiva, nación, al mismo tiempo que recordamos la necesidad de entendernos como un país diverso y parte de una sociedad en la que la herencia mestiza es nuestro fundamento. Somos herederos y dueños de todo lo que vamos descubriendo y ello solo nos hace más y más responsable de lo propio, tanto en lo local, como en lo nacional y lo universal. Despertar la inquietud y la necesidad por saber más, querer aprender más y saber mirar, no solo ver, son detalles que se van observando con placer colectivo en el aula.

Concluimos reflejándonos en la creación del mundo y del hombre en la obra de Miguel Ángel y descubriendo la perfección del amor y la pureza en la Piedad, única obra que lleva grabada su firma. Es siempre una manera de alabar la creación humana, máximo exponente de la delicadeza de Dios para con la obra de sus manos.

Cecilia Bákula
09 de julio del 2023

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