Cecilia Bákula
Nuestra Lima está de aniversario
Muchas personas están trabajando por el futuro sostenible de la ciudad

Como cada 18 de enero, Lima celebra su aniversario fundacional, la fecha en que fue constituida como urbe, siguiendo el ordenamiento propio de la tradición española para ello; este año lo hace, quizá como cada año, en condiciones particulares pero hoy tiene un alcalde que ha decidido apostar por defenderla y ponerla realmente en valor y, a mi parecer, lo hace desde la perspectiva de atender con decisión los ángulos más críticos: atacar la corrupción, erradicar la inseguridad y defender a los ciudadanos, promover la historia y el ornato y propiciar el rescate de aquello que convirtió a nuestra capital en el “ensueño” y el motivo de admiración de muchos. Tarea nada fácil pues no cuenta con todos los vientos a favor; más bien con la voluntad de fracaso de no pocos, pero creo y deseo que sea capaz de controlar esas turbulencias pues los tiempos van cambiando y cual Eolo, el dios griego de los vientos o Fujín, en la tradición nipona, o Ehécatl en las creencias de mesoamérica, sabrá dominar esos negros nubarrones para transformar a nuestra ciudad para que retorne a ser la hermosa ciudad jardín, la perla del Pacífico.
Hoy, con muchos problemas heredados de administraciones ediles perversas, Lima sufre de graves situaciones, pero nada hay que le quite su encanto ni nada hay que nos robe el orgullo de ser limeños. La nuestra, tanto en su centro histórico como en sus alrededores, es una urbe enorme, cosmopolita en el sentido de nacional y se hace día a día con el esfuerzo de millones de peruanos. Y en esa diversidad, la nuestra es una ciudad de historia, belleza, raigamen, mestizaje y tradición, nuestra capital festeja hoy 489 años desde su fundación española. Habrá más de uno que se haya cuestionado las razones para fundar la ciudad española en el valle del Rímac y vaya que Francisco Pizarro las tenía y muy buenas en su momento, para preferir Lima a Jauja y establecer aquí el centro del poder y gobierno de la naciente presencia española.
Los estudiosos señalan razones de gran interés que determinaron la decisión de Pizarro y que podríamos analizar y valorar hoy en día, como parte de una urgente reflexión respecto al futuro de nuestra capital. Entre esas razones especiales, Lima ofrecía buen clima, buenas tierras, buena gente, cercanía al mar y buen río; cinco razones de peso que inclinaron la balanza hacia la fundación española en este valle. Hoy, lamentablemente, no podríamos seguir afirmando con tanta convicción que mantenemos esas cinco características que sustentaron el asentamiento español, pero sí creo que podemos decir que Lima, no puede ser llamada “La horrible” como se le calificó en una época, sino como una ciudad que hoy vive con esperanza; en ella está representada la universalidad y diversidad de nuestro país y allí radica mucho de su belleza e importancia.
Y, porque debemos recordarlo, en este valle se asentaron grupos humanos de singular valor que dieron lugar a lo que ahora se ha identificado como el estilo Lima, el estilo Itchma y construyeron conjuntos urbanos que, aún hoy, nos deberían sorprender y refiero solo dos elementos sustantivos: las construcciones que ahora ya diseminadas y en partes pequeñas, son testigos de un manejo interesante del espacio y, la existencia de una singular y eficiente red de canales y sistemas de conducción del agua, muchos de los cuales existen aún y son testigos de una época en donde no se depredó la fuente hídrica. No dudo que son muchos los amantes de la ciudad y hoy quisiera permitirme el poder mencionar la labor titánica, sin pausa, sin descanso ni tregua, pero con el sosiego que requiere la responsabilidad asumida; me refiero al arquitecto Luis Martín Bogdanovich, gerente de Prolima quien ha asumido como una tarea personal, íntima, personalísima, la atención, investigación y recuperación de nuestro extraordinario centro histórico.
Luis Martín es hombre de acción y de poco “lucimiento”; tiene claras sus metas y su compromiso es con la ciudad, su gente, el futuro y la historia. Él es la cabeza visible de un numeroso equipo de personas, técnicos de diversas especialidades y una de sus mayores responsabilidades es el ser el director general del Plan Maestro para Centro Histórico de Lima que debe ser el hilo rector para las siguientes gestiones ediles. Hoy me permito un recuerdo de cariño y ahora de dolor al licenciado Héctor Walde, arqueólogo a quien conocí bien y con quien tuve el privilegio de trabajar; Héctor, fallecido a finales de diciembre, era el arqueólogo responsable de la Zona Arqueológica de Garagay, a la que se le atribuyó una antigüedad de 3,500 años; este complejo ubicado en el distrito de San Martín de Porres cuenta con remanentes hermosísimos policromados, centros ceremoniales que Walde fue poniendo en valor y, sobre todo, comprometiendo a la población en su cuidado, comprensión y sentimiento de orgullo y pertenencia. Esa labor es la que ha permitido que Garagay no se pierda, que la gente del entorno conserve el lugar, que crezca la noción de compromiso con los propio, de apropiación y de ligazón entre el pasado, el presente y el futuro.
Muchas otras personas vienen trabajando por el futuro sostenible de Lima y pienso en Ludwig Meier y José Méndez del Patronato del Rímac que hoy y luego de varios años de esfuerzo, muchos años de trámites y búsqueda, de gestiones sin fin, nos muestran que ya se empieza a implementar trabajos de singular importancia para el Rímac y, por lo tanto para Lima pues debemos tener claro que la declaratoria de nuestra ciudad como Patrimonio Cultural de la Humanidad, incluye un sector de El Rímac. Dios mediante, veremos hermosas novedades, entre las que debemos mencionar la puesta en valor de la hermosísima Quinta de Presa.
Con frecuencia vemos nuevos actores tanto en la sociedad civil como en las autoridades que empiezan a manifestar respeto y admiración por el entorno de valor arqueológico, por identificar sus potencialidades, sus singularidades y optan por intentar un futuro mejor para todos. Lima somos todos y nadie puede quedar o sentirse exento de responsabilidades hacia nuestra ciudad; no importa el distrito en donde uno viva; no interesa el lugar en donde se haya nacido o de dónde provenga su familia. En Lima estamos todos.
Recientemente, y con ocasión de un nuevo aniversario, nuestra ciudad ha recibido un estupendo regalo y es la Ley 31980, Ley de Creación de un Régimen Especial para el Centro Histórico de Lima, a fin de Proteger su Patrimonio Cultural y Fomentar su Desarrollo Integral y Sostenible. Esta ley, suscrita el 16 de enero de este año, será el respaldo y el sustento legal que faltaba para muchas acciones que se habían ido quedando entrampadas y que hoy, podrán ser ejecutadas porque están dentro del Plan Maestro y porque son necesarias o indispensables para el desarrollo de nuestra ciudad capital.
Lima está de plácemes; nos falta solo amarla más, empezar o volver a amarla, hacerla nuestra, respetarla, sentirnos orgullosos de ella, conocerla más y saber que todos somos Lima.
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