César Félix Sánchez
No se metan con Bolivia
Ante una injustificable discrinminación contra el país hermano

Ya han pasado algunos días desde el exabrupto de Martha Chávez, en el que sugería que era más conveniente que Vicente Zeballos nos represente en Bolivia antes que en la OEA. En efecto: desde esta modesta columna creemos que tal declaración ha sido un acto de injustificable discriminación contra los bolivianos, aquellos ciudadanos de las tierras ancestrales de la vieja audiencia de Charcas, del Alto Perú, tan íntimamente ligados a nuestras tradiciones y destino histórico que Víctor Andrés Belaunde, en frase memorable, llegó a sostener que, si todos los pueblos hispanoamericanos son hermanos, Perú y Bolivia son gemelos.
Ya sabemos, entonces, qué es Bolivia: una nación hermana, casi nuestro alter ego. Ahora conviene saber qué es Zeballos.
Quizás algunas personas desavisadas de la capital no hayan calibrado bien el verdadero ethos de este personaje, que escapa a las taxonomías modernas linneanas y buffonianas, y parece más bien corresponder a aquellos libros medievales que clasificaban la infinita variedad del mundo bajo criterios morales y alegóricos: los bestiarios.
En provincias, los especímenes como este son harto comunes: habitan en las gerencias de las municipalidades y en los gobiernos regionales. Hablan igual, se visten igual y, hasta podría decirse, que caminan igual que Zeballos. Aunque no llegan a ser tan eximios como él, evidentemente. Su función es simple: ser el ingeniero jurídico del alcalde, su mano derecha –y, las más veces, su mano siniestra– y, mediante el uso de la alquimia leguleya y, de vastas redes de clientes, de compadres, de ganapanes y de extorsionados, proteger a la figura y gestión de su señor con toda clase de empapelamientos, influencias y propiciaciones al poder central, a los medios de comunicación, gremios y demás stakeholders locales. Y principalmente salvarlo de los inevitables procesos judiciales ulteriores, mediante el uso mágico del código civil, del código penal, de las leyes y de la constitución. Además, la saben hacer y siempre, como los duendes del folclor gaélico, encuentran la olla de oro.
Decía Bedoya Reyes que los técnicos se alquilan. Y en algo estos personajes son técnicos. Artistas, dirían los latinos. Pero de una tekné y un ars totalmente arbitrarios y gratuitos, como la astrología y la teúrgia, que solo pueden existir en lugares donde existe una burocracia enrevesada y una legislación contradictoria y absurda que se acumula, como sucesivos e inútiles estratos de escombros, sobre las instituciones locales. Porque en el mundo real, tales personajes no podrían sobrevivir. Su atmósfera es el aparato estatal provinciano, cuyos recovecos, pozos sin fondo y sótanos conocen muy bien. Sus habilidades se circunscriben a la conquista, ejercicio y conservación del poder, en el sentido más pequeño y abogadil del término. Por demás está claro que se revelan como absolutamente incapaces a la hora de gestionar eficientemente la cosa pública o afrontar emergencias.
Por lo general, los ejemplares de esta especie nacieron en algún momento de los ochebta, en los cálidos pantanos de Izquierda Unida o del APRA del primer García. Allí dieron sus primeros pasos en torno al acarreo y manipulación de individuos y recursos y a la devoción al estado omnipotente, visto como refugio de pecadores y única esperanza de enriquecimiento. En el camino, van dejando hijos no reconocidos, harenes de personal fluctuante y, por sobre todo, una miríada de flamantes empresas a nombre de sobrinos, cuñados, choznos y entenados.
Esta descripción espero que permita comprender mejor la gravedad de la ofensa a Bolivia. Bolivia, como lo demostró el año pasado, es un pueblo de hombres libres que luchan por defender su dignidad y sus derechos, incluso exponiendo su vida. Mientras que el Perú de nuestros vizcarrinos días es un país sumiso, cuyos sectores bienpensantes, olvidándose de cualquier idea de libertades fundamentales y patriotismo, se han hipotecado a un poder ineficiente y mendaz.
Propongo, por mi parte, que, si el expremier insiste en buscar un cargo diplomático, se cree expresamente para él una oficina descentralizada del Ministerio de Relaciones Exteriores al pie del Ubinas, cerca de su tierra, donde pueda reflexionar sobre su razón de ser como individuo y su lugar en el cosmos.
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