Jorge Morelli
No hay espacio para un “aterrizaje suave”
Inflación, recesión y pérdida masiva de empleos

Vladimir Putin ha hecho una declaración medular sobre el origen de la inflación mundial. Para el presidente de Rusia, la inflación es el resultado de “muchos años de política macroeconómica irresponsable de los países del G7, de la emisión descontrolada y la acumulación de deudas sin respaldo”. Añadió que este proceso colapsó masivamente con la pandemia y la caída de la demanda y la oferta globales.
Pienso que no hay ningún economista que no sepa que esto es cierto. Sin embargo, nada menos que la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, ha ensayado por su parte una explicación muy distinta. Ha dicho que la economía de EE.UU. se recupera tras la pandemia, y que esto, “junto con problemas derivados de la invasión rusa de Ucrania”, ha tenido “efectos colaterales dañinos, empezando por la inflación”.
La narrativa de la Fed, de la Casa Blanca y del FMI consiste en que es posible detener la inflación sin pérdida de empleo. Es la consecuencia lógica del diagnóstico de que la inflación es “transitoria” porque tiene causas de corto plazo.
Si se acepta, en cambio, la premisa de Putin, es forzoso concluir que la inflación no es “transitoria” y no se va a detener si no se ataca sus raíces profundas. A saber, la “política macroeconómica irresponsable del G7, la emisión descontrolada y la acumulación de deuda sin respaldo”. La política de los bancos centrales de Occidente de subir las tasas de interés no sería errada –eso es inevitable ahora–, pero resultaría insuficiente por no atacar las raíces del problema.
Si este fuera el caso, desgraciadamente, no habría espacio para detener la inflación sin causar la recesión de las economías y la pérdida masiva de empleo. En otras palabras, lo que los bancos centrales están haciendo puede no detener la inflación, y habrá que atacar las raíces. Pero eso sucederá solo más adelante, cuando esto sea evidente para todos, y habiendo perdido un tiempo valioso.
En suma, tal como tuvimos que aprender duramente con Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los ochenta y con Alberto Fujimori en el Perú en los noventa, no hay espacio para el “aterrizaje suave”.
Putin lo sabe.
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