Julio Jesús Puescas

No hay alternativa: Keiko Fujimori tiene que ganar en segunda vuelta

Para asegurar la estabilidad y el crecimiento que necesita el país

No hay alternativa: Keiko Fujimori tiene que ganar en segunda vuelta
Julio Jesús Puescas
23 de abril del 2026

 

No soy fujimorista ni pretendo serlo. Sin embargo, ante una casi inminente segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez es necesario leer el tablero con frialdad: la derecha, que hoy encarna Keiko, no solo es ideológicamente superior a la izquierda caviar de Juntos por el Perú; es, sobre todo, la única opción compatible con la estabilidad, el crecimiento y las reformas graduales que necesita un país que carece de gobernabilidad.

Partamos del dato duro: Fuerza Popular será la primera minoría en el nuevo Congreso bicameral, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. No tendrá mayoría absoluta, pero sí la bancada más grande y, probablemente, articularía con Renovación Popular y congresistas de centro una coalición legislativa afín a su programa económico. Es decir, un gobierno de Keiko tendría un Congreso con el que puede negociar en la misma lengua: economía social de mercado, respeto a los TLC, defensa de la inversión privada y reforma del Estado sin asambleísmo. Ejecutivo y Legislativo, cuando comparten un rango razonable de preferencias, coordinan mejor, reducen el ruido y generan expectativas estables: exactamente lo que las empresas necesitan para invertir y contratar.

En contraparte, el argumento antifujimorista de que “mejor pongo a Sánchez y que el Congreso lo bloquee” suena astuto en la sobremesa, pero es infantil frente a la realidad institucional. Sí, un presidente de izquierda radical con un Congreso que tendría una coalición de centro y derecha se ve “contenible”. Sin embargo, la forma concreta de esa “contención a la peruana” ya la conocemos: choque permanente, mociones de vacancia, ministros censurados y un país paralizado mientras el Ejecutivo y el Legislativo se sabotean. Esa parálisis cuesta puntos de PBI, inversión que se va y empleos que no se crean. Por ende, poner a Sánchez con un Congreso opositor equivale a escoger un equilibrio de “guerra de desgaste”: nadie gana, todos pierden, pero el que más pierde es el ciudadano de a pie.

Con Keiko el equilibrio sería otro. No porque “sea buena” ni porque su partido merezca un cheque en blanco, sino porque su estructura política está alineada con la preservación del modelo económico que nos ha dado veinte años de crecimiento por encima del promedio regional. Sánchez, en cambio, entra a la cancha con una mochila que sus asesores intentan esconder bajo el disfraz de la moderación. El amigo íntimo de Pedro Castillo defiende una nueva Constitución y propone revisar el régimen de recursos naturales y los contratos de inversión. Su plan habla de “soberanía económica” y de “reorientar la política fiscal hacia los sectores populares”. No obstante, su enfoque particular hará que estas políticas biensonantes se transformen en más Estado empresario, más presión tributaria, más desempleo y más pobreza.

Aprovecho estas líneas para criticar rotundamente la premisa de que “todo menos Keiko” es una posición moral e intelectualmente superior. No lo es. Es una postura cómoda para quien no se siente responsable de las consecuencias. Votar por Sánchez para que “no pueda hacer nada” es aceptar cinco años de bloqueo, ruido y estancamiento a cambio de la satisfacción psicológica de no haberse “manchado” con un voto por Fujimori. Es, en el fondo, un desprecio a los que menos tienen, pues antes de analizar a profundidad el argumento de por qué sí o por qué no, prefieren, sencillamente, seguir como borregos a pseudoreferentes políticos, sin importar que esto implique regalar el país a alguien que socavará, aún más, a los más desfavorecidos de la sociedad.

¿Significa esto que un gobierno de Keiko puede gobernar sin frenos? Todo lo contrario. El apoyo a Keiko en segunda vuelta tiene que ir acompañado de una fiscalización abrumadora: prensa libre, oposición responsable, organismos autónomos celosos de sus competencias y una coalición cívica que le marque línea. La tarea no es entregarle el Perú, es impedir que lo reciba alguien cuyo proyecto es incompatible con la libertad económica y política que queremos preservar; y es que sólo de esta manera se garantizará que nuestro país siga siendo uno donde todavía valga la pena invertir, trabajar y quedarse.

Julio Jesús Puescas
23 de abril del 2026

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