Tino Santander
Más allá de las pasiones

El país espera que Keiko apoye la gestión del Ejecutivo
La política es la lucha por el poder, y la historia de la humanidad es un legado de batallas sangrientas por el poder. En el mundo contemporáneo la guerra se hace en los medios de comunicación y en las redes sociales, que proyectan imágenes positivas o negativas. La política es pasión y devela en los hombres las pasiones más elevadas y, por supuesto, las más viles. Cuando los sicofantes dominan la política esta se convierte en una reyerta de pandillas. Cuando el agravio es espontáneo, siempre proviene de un inexperto, como PPK que insultó a Verónica Mendoza (“no hizo nada en su perra vida”) o llamó ratera a Keiko Fujimori, por ser hija de Alberto Fujimori. Fueron injurias por las que PPK tuvo que pedir disculpas. En cambio, Keiko lo atacó estratégicamente, llamándolo representante de los ricos y de las grandes empresas; además repitió sistemáticamente las acusaciones de Barnechea y de Mendoza, quienes señalaron a PPK como el culpable de entregar el gas de Camisea. El objetivo era crear una imagen negativa del adversario.
Keiko perdió las elecciones porque no tuvo una estrategia correcta. No fue PPK quien hizo secretario general de Fuerza Popular a Joaquín Ramírez, investigado por la DEA; tampoco mandó a Chlimper a falsificar audios, lo que puso en evidencia la naturaleza inescrupulosa del fujimorismo. PPK golpeó donde debía hacerlo, con el objetivo político de presentar al fujimorismo como la continuidad mafiosa del gobierno de Alberto Fujimori. PPK, ganó las elecciones con una estrategia acertada que buscaba influir emocionalmente a su favor, y logró triunfar por un margen estrecho. Los agravios e insultos son en todo el mundo parte de la estrategia electoral; por ejemplo, al presidente Obama lo llamaron musulmán. Así que no hay que hacer mucho ruido por eso.
Las elecciones ya son historia. Hoy empieza la nueva batalla por el 2021, en la que PPK no es el enemigo, porque no tiene un heredero que compita el 2021. Más aún, ha señalado “que no es orgulloso y él pide perdón, pero, primero tenemos que pedir perdón a los peruanos”. PPK está construyendo la imagen de un venerable sabio que conducirá al Perú con prudencia, y el país empieza a sentir su serenidad positivamente. No apoyarlo es antidemocrático y destructivo con el Perú.
Si Keiko quiere ser presidenta el 2021 primero tiene que apoyar la gestión de PPK, porque es lo que el país espera de ella. Segundo, debe construir un verdadero partido democrático e institucional con un programa claro. Los fujimoristas se comportan como una achorada pandilla de barrio, no parecen políticos instruidos. El país espera que sean el partido conservador heredero ideológico de Bartolomé Herrera.
Verónica Mendoza, del Frente Amplio, tiene una estrategia de poder muy clara: desde el inicio de la segunda vuelta ha fustigado a Keiko, y en la última semana llamó a votar por PPK, para “cerrarle el paso a la corrupción”. Mendoza quiere ser una socialdemócrata, imitando al PODEMOS español con gran inteligencia. Ella sabe que necesita de las clases medias para llegar al poder; además, si lidera la lucha por la infraestructura social y productiva, entonces podrá disputarle al fujimorismo el sector popular. La lucha por el poder en el 2021 será una partida de ajedrez y el resultado final dependerá de la habilidad de los jugadores para crear escenarios favorables que ayuden a tomar el poder. Las pasiones siempre se agitan en las guerras políticas.
Tino Santander Joo
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