Eduardo Zapata
La trampa de la orientación dilemática
Cuando se ve el mundo solo a través de conceptos opuestos

Una calculada y depredadora campaña –de la que todos hemos terminado siendo víctimas y agentes– se ha instalado entre nosotros. Es lo que Alfred Korzybski, el brillante lingüista polaco siempre preocupado por la semántica, llamó ´orientación dilemática´. Una peligrosa trampa que solo propicia intolerancia, destruye confianzas y mina democracias.
Por los trabajos de tantos, sabemos que el lenguaje no solo afecta nuestra manera de decir sino también nuestra manera de enfrentar y entender el mundo. Y el lenguaje nos moldea habitualmente entre opuestos: bien y mal, democracia y dictadura, gordo y flaco, sagrado y profano y otros paradigmas. El mismo lenguaje de la ciencia que busca alta precisión sabe, sin embargo, de gradaciones; y por eso utiliza medidas en grados, metros o gramos. Garantiza así mayor precisión sin caer en los opuestos absolutos.
Normalmente en el habla cotidiana y para evitar conflictos –y ajustarse más a la realidad– ante la oposición ´bueno´ y ´malo´ el hablante puede acudir a ´no está mal´, ´muy bueno´, ´falta mucho´, ´regular´. Sabemos que el lenguaje cotidiano no se rige por las reglas de la lógica y que allí intervienen entonces afectos y empatía.
Pero de un tiempo a esta parte la misma lengua cotidiana y por influencia de grupos de interés –para no aludir a aquella que se disfraza de académica– nos ha venido construyendo cárceles mentales que terminan por aprisionar nuestro decir y nuestro propio e independiente percibir. Nuestro decir y nuestro ver se encuentran aprisionados por estas cárceles.
Para lograr este cometido se acomodan conceptos, se les hace pasar por dilemáticos, y todo ello en base a etiquetas pretendidamente burlonas y descalificadoras. Entre nosotros tenemos a los provincianos versus los limeños, a luchadores sociales preocupados por el pueblo en oposición a capitalistas absolutamente despreocupados por el trabajador; o a la recurrencia a la condescendiente, ambigua y ubicua expresión ´conflicto armado interno´ en vez de subversión terrorista.
Por este camino si alguien dice algo en contra del terrorismo es automáticamente un ´terruqueador´. Y si alguien defiende racionalmente algún acto del gobierno actual termina por ser un neoliberal. Y todo esto –bien mirado el sustrato de esas nomenclaturas o etiquetas– tiene nulo o poco respaldo en la realidad. De donde se terminan creando opuestos dilemáticos con narrativas carentes de referentes sociales. Epítetos en vez de hechos. Conduciéndose así el discurso social a la vivencia de: “El que no está con nosotros está contra nosotros”.
Cierto es que la velocidad o instantaneidad del mundo electronal o digital –así como la enorme cantidad de news que circulan por allí– propician lecturas más horizontales que verticales. Y la mayor parte de la gente no está entrenada culturalmente aún para percibir que estamos viviendo en la cárcel de la orientación dilemática. Toca a todos empezar al menos a entender el fenómeno e ir generando un percibir y decir en libertad.
Mientras esto ocurre fundamentalmente en los medios de comunicación y en dosis dirigidas a capturar gente que agita en uno u otro sentido, la mayoría de la población transita Perú.
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