Eduardo Zapata

La perdurabilidad de los signos políticamente correctos

Las defensorías y organismos de su género no sirven realmente al pueblo

La perdurabilidad de los signos políticamente correctos
Eduardo Zapata
19 de octubre del 2023


Durante los años sesenta y ochenta, los golpes militares podían inclinarse fáctica o discursivamente a favor de intereses occidentales o en contra de ellos. Si bien es cierto que los barbudos de la isla levantaron más que una voz de alarma, muchos pensaron que era mejor asegurar la permanente victoria de la ´democracia´. Con prescindencia de si mediaban o no elecciones, o si estas eran de acuerdo a ley o no.

De allí que si bien importaban la legalidad y la legitimidad democrática, lo significativo era evitar sorpresas impulsadas por algún oscuro y declarado dictador. O bien por algún señor electo en urnas pero que podía tener la voluntad de andar en pasos final y peligrosamente no controlables.

Los sustentos de los regímenes en América Latina habían sido la Fuerzas Armadas y la Iglesia católica. La tarea consistía entonces en neutralizar el poder de estas dos instituciones y –a la par– crear una superestructura nueva que posibilitase perpetuar ad infinitum el ´pensamiento políticamente correcto´. Poco importaba en verdad si la multiplicidad de defensorías y demás organismos de su género sirviesen realmente al pueblo. Lo que importaba era asegurar un nuevo orden político y social independiente de los avenires y humores de pueblos y electores.

Muchos recordarán el tema de la pedofilia. De hecho ha sido un tema recurrente en la literatura universal, y de hecho todos sabían acerca de sus prácticas en instituciones muy respetables. Pero es a partir de los ochenta donde la pedofilia pasó a ser casi un ´requisito´ del catolicismo. Y no fue nada difícil golpear a una institución sólida como la Iglesia católica hasta convertirla casi en una organización criminal dedicada al culto pedofílico. Y entonces arreciaron las campañas mediáticas, no había cura libre de sospecha y ante la falta de decisión de las autoridades vaticanas sus propias arcas terminaron por financiar en gran parte la pervivencia de lo políticamente correcto. 

Memoriosos abusados ayer activaron memorias largamente adormecidas y las reparaciones económicas obviamente se multiplicaron. Claro está que toda esa campaña terminó por horadar la fe de muchos practicantes.

Pero ya dijimos que no solo la Iglesia católica era sostén sine qua non de los gobiernos en América Latina. También lo era la fuerza armada, recordémoslo. Y entonces y también sin miramiento alguno y con el argumento de los derechos humanos, no fue difícil convertir las espadas de mando sometidas a los nuevos organismos creados al son de lo que habría de llamarse ´lo políticamente correcto´. Tampoco nadie podrá dudar del actual ´poderío´ de las fuerzas armadas latinoamericanas.

Lo que probablemente no esperaron sus originales impulsores era que el concepto de lo políticamente correcto, esgrimido por supuesto desde la ´sociedad civil´, podía escapárseles de las manos. Y en estas anda el mundo.

Eduardo Zapata
19 de octubre del 2023

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