Aldo Llanos
La necesidad de un homosexual santo
¿Una necesidad de nuestro tiempo?

La polarización en la Iglesia Católica es ya muy visible, maximizada con la irrupción de las redes sociales que permite crear corrientes de opinión a partir de los pareceres de quienes tejen sus narrativas en ellas. Un claro ejemplo lo constituyen las polémicas nacidas durante el papado de Francisco, siendo la producida por Fiducia supplicans un excelente botón de muestra.
Sin embargo, toda polémica crea espacios de reflexión y contraste, en donde el Espíritu Santo puede obrar en virtud de un fin superior. Entonces, ¿qué puede apuntalarse en medio de la polémica sobre la posibilidad de realizar una bendición “pastoral” (no sacramental) a parejas del mismo sexo? Pienso en la necesidad de que pueda canonizarse a una persona con atracción homosexual (AMS) pero que, no obstante, haya luchado en vida por amar más y mejor a Dios y a los demás, tal y como el magisterio y la tradición de la Iglesia lo transmite.
Me estoy refiriendo, a un clérigo o a un seglar que, sin ocultar su lucha personal y su condición, no reprime solamente su sexualidad en un ejercicio de puro voluntarismo ni se fuerza a ser heterosexual que por serlo uno no obtiene inmediatamente la salvación, sino que, lucha por dejarse amar por Dios y por amar a los demás, encauzando ese deseo torrentoso de amar y ser amado, hacia un amor más grande y perfecto, capaz de sanar todas las heridas.
Un testimonio de ese tipo, no sólo tocaría el corazón de las personas con AMS, sino a todos los que, de algún modo, cargamos alguna herida afectiva. En efecto. En el orden del amor, la mayor felicidad se consigue cuando somos amados, es decir, cuando nos descubrimos siendo el objeto del deseo de otro, por ser quiénes somos más que por lo que hacemos o lo que dejamos de hacer, en una elección que da sentido a nuestras vidas.
Sin embargo, los amores humanos son imperfectos pudiendo no hallar reciprocidad ni constancia en el amar del otro. De allí que, en los amores humanos, siempre hay espacio para las decepciones y el sufrimiento. Pero, ¿qué ocurriría si fuésemos amados por un ser perfecto y le correspondiéramos? Pues tocaríamos literalmente el cielo porque seríamos amados perfectamente colmando de ese modo todos nuestros anhelos más profundos.
Por ello, siempre me pareció muy dudoso pensar que San José era un anciano al momento de casarse con la Virgen María sólo para preservar la idea de su pureza al suponer una obvia pérdida del deseo sexual. Más bien, de lo anterior podemos colegir que San José era un adulto joven en la plenitud de su sexualidad pero que, al tener frente a sí a Jesús, Dios hecho carne, y habiéndose dejado amar por él y al amarlo como su padre; no tuvo necesidad de hallar la felicidad en la vivencia de su sexualidad, sino que la correspondencia con el amor divino de su hijo llegó a colmar todos sus anhelos.
Pero, ¿habrá candidatos?, para mí sí y se me ocurre un nombre: Henri Nouwen. Este sacerdote diocesano holandés incardinado en los EE.UU., fue capellán en las universidades de Harvard y Yale además de ser un prolífico escritor de espiritualidad en la segunda mitad del siglo XX
Henri, lejos de ocultar su lucha avergonzándose de esta, la documentó en cartas enviadas a contados amigos (religiosos y laicos), las cuales, fueron publicadas póstumamente en su biografía de 1999 “Henri Nouwen. El pastor herido” escrita por Michael Ford, y la narró indirectamente en libros tales como “El sanador herido” (1972), “Con manos abiertas” (1972), “Tú eres mi amado” (1992) y “¿Puedes beber este cáliz?” (1976), sin atreverse jamás a hacer activismo LGTB+ ni a confrontar las enseñanzas de la Iglesia, dejando constancia de un camino: su camino, para poder beber del agua que colmaría para siempre su sed y que colmaría la sed de todos aquellos que se sienten identificados con esta lucha.
Pues bien, en un tiempo de tanta polarización e hipocresías partidarias intraeclesiales (ya hay quiénes incluso están intentando apropiarse de figuras como las de Nouwen para hacer de estos íconos de lo que nunca suscribieron o hicieron), pienso que existe la necesidad de que, Dios mediante, pueda elevarse a los altares a una persona con AMS: un homosexual santo.
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