Cecilia Bákula
La necesaria bicameralidad, cada vez más cerca
Se ha dado un paso importante en el fortalecimiento de la democracia

En esta etapa parlamentaria muchos, y con justificada razón, hemos criticado el desempeño de la mayoría de nuestros congresistas. No obstante, en una muestra de increíble “madurez” política y de voluntad de entendimiento, ha tomado una acertada decisión frente a un tema que se ha venido discutiendo desde hace ya varias legislaturas, varios periodos congresales. Y que, en realidad, nunca debió ser materia de discusión porque jamás debimos haber cambiado nuestra tradicional bicameralidad para tener, por capricho y antojo político y oportunista, y que ha causado mucho daño, un congreso unicameral.
Nuestra tradición republicana, con luces o sombras, con aciertos o yerros, con mucha lucidez a veces y con no pocos momentos de oscurantismo, se ha desenvuelto mejor en un equilibrio bicameral y es a ello a lo que se debe volver. Es por ello que se puede señalar que los 93 votos a favor, con solo 23 en contra y una abstención; logro obtenido en la sesión del último 16 de noviembre, permiten augurar que, en la próxima votación que tendrá lugar en marzo, pues como se sabe, en tanto se trata de una reforma constitucional, ésta debe ser aprobada en dos legislaturas.
Lo que se busca es que se apruebe definitivamente la reforma Constitucional que se refiere, no solo a la existencia de dos Cámaras, sino a la necesaria reelección de un porcentaje de parlamentarios. Sin ese elemento de reelección, las reformas no tienen sentido y ello fue ampliamente debatido pues la experiencia reciente ha demostrado que nuestros electores, nosotros mismos, nos enfrentamos en cada proceso electoral a la obligación de optar por desconocidos y a dar un voto de confianza, por lo general a inexpertos. No se trata de perpetuar a nadie en el poder ni de crear una dinastía en el poder legislativo; se trata de comprometer al legislador con sus electores y a estos a ser vigilantes con sus elegidos; a premiar y a castigar a quienes cumplen y a quienes no han dado la talla.
Una disquisición y se refiere a la abstención; no sé qué congresista lo emitió y no me refiero a la persona en sí misma; me refiero al necesario compromiso que creo deben tener y debemos exigir a cada uno de ellos para que tomen y manifiesten una postura, la defiendan y expresen su punto de vista. La tibieza es y será siempre una mala compañera y quien la tiene a su lado, debería leer lo que de ella dice el texto del Apocalipsis.
Volviendo al tema de esta nota, los argumentos en contra de la bicameralidad son tan infantiles que solo parecen haber sido expresados por quienes no han tomado muy en serio su participación; los argumentos a favor, ponen de manifiesto la posibilidad de contar con un parlamento que equilibre las relaciones con el Poder Ejecutivo que en los años recientes han sido tan tensas.
Se busca permitir un mejor proceso de elección de representantes de los ciudadanos; se pretende que quienes ingresan al parlamento sean aquellos que constituyen las élites de los peruanos y hay que entender que no se trata de personas adineradas ni con posición económica o social; estamos en la obligación de buscar y promover a los mejores en lo académico, lo político, lo profesional y lo empresarial; lograr la participación de los que han demostrado capacidad y éxito y no hacer del Congreso el reducto de muchos que buscan un lugar para medrar, robar o tener un sueldo sin hacer nada ni merecerlo en absoluto. Es por ello que debería impedirse, a cómo de lugar que quienes han delinquido y están inmersos en delitos graves comprobados, puedan postular, no solo a una curul, sino casi a ningún cargo en el universo del Estado.
Es cierto que este Congreso está muy desprestigiado; es cierto que son pocos los integrantes que brillan con luz propia por méritos, lucidez y aporte. Pero debemos reconocer que con esta aprobación mayoritaria a la reforma que comento, se ha dado un paso importante que podría significar el que nuestra débil democracia sea algo más representativa y que tanto los ciudadanos como quienes son elegidos, asuman con mayor responsabilidad y cada vez mayor madurez la labor que les toca tanto al elegir como al poner en práctica la delegación del poder que el pueblo les confiere.
Bien se dice que aprobar estas urgentes reformas y trabajar con mucha seriedad y transparencia en la fiscalización y apoyo a la lucha contra la creciente delincuencia, sin ceder un ápice ante la campeante corrupción, podría significar que el actual Congreso recupere, aunque sea en parte, el respeto y la percepción positiva que nunca debió perder ante la ciudadanía.
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