Iván Arenas

La gruesa línea del antiaprismo

La gruesa línea del antiaprismo
Iván Arenas
06 de mayo del 2015

Ensayando una posible estrategia que le permitiría al Apra ganar el 2016.

La táctica sobre la estrategia. En el 2006 las probabilidades que Alan García ganara en segunda vuelta frente a un Humala de polo rojo eran relativas. Todo dependía de una buena estrategia. Encontró un oponente afuera: Hugo Chávez. La táctica era agudizar las contradicciones entre chavismo y democracia. De allí surgió el “cambio responsable”. De eso se trata la política, hacer posible lo imposible como consta en los viejos manuales de Martha Harnecker.

¿Cuál es la estrategia que debe seguir García para ganar las elecciones del 2016? Primero partir de un “análisis concreto de la realidad concreta” como fijan los cánones marxistas. El caso Oropeza, en el que un inscrito –ojo, no es militante- lidera una compleja y millonaria red de narcotráfico con la mafia italiana, dejará algunos rasguños y no pocas heridas. La insistencia de ciertos medios de comunicación para involucrar al APRA como institución proviene –sin duda- de la mano del gobierno. La política está llena de gestos y percepciones. Incidir en la inscripción partidaria de Oropeza y su familia refuerza ese sambenito de “corrupción aprista” que también este gobierno se encargó de moldear. Ni la megacomisión, ni los indultos presidenciales, han hecho mayor mella que un delincuente montado en millones inscrito sin saber cómo en el partido de la estrella

Lo segundo pasa por rehacer del aprismo un partido popular. Antaño los “antiapristas” estaban en los sectores más acomodados y pudientes, las oligarquías tradicionales. Sin embargo ahora hay un “antiaprismo” popular. Más de un tercio (34%) de los votantes se declara “antiaprista” bajo todas las formas. En un país tan enraizado con los liderazgos y personalismos, quizá Alan García debería “bajar a las bases” donde existe un mayor descontento con el APRA. Recuperar la emoción en el sur andino o la selva equivale a conocer al líder, tocarlo, saber que es concreto. Eso refuerza la relación entre ciudadano y política en un contexto donde está se ha aburguesado. Belaúnde montó en un caballo y bajo apotegmas célebres llegó al poder.

Lo tercero es una renovación de cuadros. En algún momento de las elecciones limeñas pasadas la ciudadanía celebraba la aparición de un nuevo líder en Alfonso Ugarte y ese era Enrique Cornejo. Y esa ciudadanía votó sin complejos. Es claro que el “antiaprismo” tiene una característica propia: es “antialanista”. También los militares y conservadores vetaron a Haya, preferían a Manuel Seoane. Como en Suresnes, Francia, cuando un joven Felipe González tomó la batuta del viejo PSOE, el aprismo debe darles a los ciudadanos señales de que hay partido después de García, que hay –sobre todo- jóvenes.

Lo cuarto es inventar al oponente. De pasar García a segunda vuelta lo haría venciendo a PPK. En el 2006 García no tenía sino un mal gobierno y las célebres “garantías” históricas (como bien lo señala Maquiavelo) del segundo gobierno de Piérola. Ahora García tiene 150 mil obras y un gobierno mejor que el de Humala. ¿Cómo vencer a PPK? Podría revivir la vieja dicotomía del “gringo” con pasaporte americano versus los pobres peruanos que los operadores políticos de base podrían regarlo sin problemas. O podría llamar desde ahora a un frente republicano acercándose al centro y caminando a la izquierda sin problemas (como ya lo hace) “Shock Social”. “Yo no soy un neoliberal, soy aprista” da algo de pistas.

Hay un punto que es difícil soslayar. García solo será candidato si está seguro de ganar. No querrá ser un ex candidato, querrá ser un ex presidente (por tercera vez).

Por Iván Arenas
06 - May - 2015

Iván Arenas
06 de mayo del 2015

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