Paul Neira

La educación en debate

La educación en debate
Paul Neira
19 de agosto del 2016

Cambio de gobierno y continuidad de la gestión en educación

 

“Sí el compromiso verdadero con las personas, incluyendo la transformación de la realidad… requiere una teoría transformadora de acción, esta teoría no puede fallar al asignar a las personas un rol fundamental en dicho proceso transformador”

Paulo Freire

Uno de los hechos más remarcables (históricos también) del reciente cambio de gobierno en el Perú es que un ministro de Estado haya “mantenido” su cartera. Debemos felicitarnos como democracia por ello, aunque al mismo tiempo constituye un enorme mérito del ministro Saavedra y su equipo de gestión. Sobre eso ya se habló y bastante. Propongo, por ello, hacer el ejercicio de mirar a aquello que no es tan evidente de la gestión saliente y entrante. Es decir, aquellos retos que comporta el solo hecho de ser continuidad, los espacios que requieren de ajuste y esos otros en los que se tiene que incursionar.

El reto de no repetirse

Quizás el más grande reto que tiene la presente gestión en el Ministerio de Educación es evitar a toda costa el peligro de repetirse. Ello se puede explicar, en parte, porque a diferencia de los otros sectores de este nuevo Ejecutivo, ellos ya son conocidos. Por tanto, en un sentido no van a tener la cuota de “beneficio de la duda” que de alguna manera te da el ser the new kid on the block.

Al mismo tiempo, y lo que requiere mucho de reflexión orientada completamente a la práctica, es la importante tarea de cuestionarse constantemente a sí mismo. Preguntarse si lo que se ha venido haciendo debe mejorarse; si las prácticas, ideas, diseños, implementación y principios con los que he operado son los mejores.

Ajustes de tuercas

Todo nuevo inicio trae consigo la oportunidad de replantear objetivos, visiones y planes. Por eso propongo en estas líneas dos sugerencias fundamentales, a manera de lentes con los cuales mirar los próximos cinco años en materia de orientación de la política educativa y de su implementación. Ojo, siempre bajo la lógica de sumar en la reflexión. Por ello propongo tres ajustes de tuerca.

Un primer ajuste de tuerca tiene que ver con el reto de incorporar orientaciones de política educativa que tengan como centro el ataque directo a la inequidad y la desigualdad que aún imperan en nuestro sistema educativo. El impulso de una mejora de la infraestructura educativa tiene, en el fondo, el propósito de superar la inequidad de acceso a buenos colegios, infraestructuralmente hablando.

Si revisamos las cifras a través de la consulta amigable del SIAF (cada vez que la reviso, pienso en la parte “no amigable” del SIAF, y esa noche no duermo por terror a las cuentas públicas), tenemos que el estado ha asumido seriamente esta lucha hace muy poco. Recién en el año en el 2006 —así es, solo hace diez años—, cuando se asignaron algo más de S/. 214 millones al tema. Sin embargo, existe otro espacio que requiere una atención focalizada y es el de la desigualdad en los aprendizajes de los estudiantes.

De nuevo aquí vamos a usar aprendizajes medidos por evaluaciones estandarizadas realizadas por el Minedu. Esto se manifiesta en la paradoja siguiente: en segundo de primaria la mitad de nuestros hijos entiende lo que lee y casi tres de cada diez sabe matemáticas. Son cifras que muestran mejoras importantes e históricas. Pero, un momento, ¿y por qué la repetición al final de segundo grado de primaria es de solamente 6.3%? ¿Cómo es que si solo la mitad de los estudiantes entiende lo que lee, 93.7% pasan de año a tercero de primaria?

Esta situación requiere estrategias que busquen disminuir estas diferencias al inicio de la carrera escolar, puesto más tarde se volverán barreras de diferencias muy grandes. El problema con ello es que estas trampas son invisibles y muy dañinas, porque al final del colegio estas diferencias se han ampliado, lesionando mucho el futuro de la mayoría de estudiantes. Cuando nos referimos entonces a las desigualdades educativas que necesitan atención, nos referimos exactamente a estas diferencias de aprendizaje que tenemos que atender, y con urgencia.

El segundo ajuste de tuerca, sugerido, es aquel que tiene que ver con el fortalecimiento de la entrada de las políticas y estrategias al interior del aula. Distintos investigadores han reseñado lo extremadamente difícil que es penetrar los salones de clases (Tyack y Cuban) y lograr cambios. Creo que el MED tiene los inicios de una ruta marcada en esa línea, pero en estos próximos cinco años debe convertirse en una obsesión entrar al salón de clases, convencer a directores, padres de familia y especialmente a nuestros docentes de que el cambio es posible, que hay instrumentos para hacerlo; y que si bien es difícil, no es imposible porque otros ya lo han hecho.

Debe entonces el Ministerio y su equipo reorientar recursos, tanto humanos como económicos, para ser más creativos, innovar y desatar una revolución por ese lado. Ese tipo de revoluciones invisibles que luego se convierten no en reformas (para mi gusto el término “reforma” está muy teñido de interés político), sino en cambios educativos que realmente perduren, sin importar quién sea el presidente o el ministro de Educación. Este tipo de logros son los que debemos impulsar porque, desde un punto de vista estrictamente pragmático, es lo que debemos construir para lograr eso que siempre reclamamos: hacer de la educación una política de Estado.

Finalmente, el tercer ajuste tiene que ver directamente con los docentes. Es claro, para cualquiera, que sin ellos no se puede lograr nada; pero en los próximos cinco años se nos viene un reto enorme. Dos razones directas. La primera es que va a ser el quinquenio de las evaluaciones meritocráticas, en su más estricto sentido. Aquellas evaluaciones que, además, tienen sanciones claras y estipuladas tanto en la Ley de Reforma Magisterial como en su reglamento. La segunda razón es que esta situación debe llevar al sector a un diálogo político con el gremio, antes que el diálogo técnico o tecnocrático.

Ambas razones suponen un reto gigantesco. Sobre todo si, como sustenta el gremio de economistas, las cuentas fiscales del país no van a soportar mucha farra de recursos de gasto corriente (léase sueldos).

Un bonus track. Es más que lamentable, y digno de rechazo absoluto, el hecho de que en la hora nona del 27 de julio de este año el ex presidente Ollanta Humala haya observado la Ley de Institutos Superiores. Allí se fueron casi dos años de trabajo y la posibilidad de montar una estructura que impulse realmente la educación técnica de forma saludable, racional y consistente. Al actual gobierno le va a tomar un buen tiempo —calculo como mínimo un año— para volver a introducir la discusión del tema en el Congreso. No podemos volver a perder oportunidades de este tipo.

 

Paul Neira

 
Paul Neira
19 de agosto del 2016

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