Aldo Llanos
Hacia una comprensión cabal de “Fiducia Supplicans”
Entre agoreros de calamidades y la mendacidad progresista

El reciente 18 de diciembre, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe emitió una declaración llamada “Fiducia Supplicans” (“súplica de confianza” en latín), firmada por las máximas autoridades de dicho dicasterio: el cardenal Víctor Manuel Fernández (más conocido en su país natal Argentina como “tucho”, un prolífico autor de pequeños libros de espiritualidad y autoayuda) y monseñor Armando Matteo. Este último se hizo conocido con un libro formidable sobre el pensamiento posmoderno y su influjo, llamado Credos posmodernos (Marea, 2017) y más recientemente con su libro Convertir a Peter Pan (CPL, 2023) que vendría a ser la respuesta pastoral frente al reto posmoderno. El tema del documento son las bendiciones, y cómo proceder a realizarlas si un ministro ordenado se encuentra frente a personas en situaciones irregulares (fuera del sacramento del matrimonio) y parejas del mismo sexo.
Pues bien, inmediatamente las redes sociales empezaron a “calentarse” (lamentablemente) por la acción de los agoreros de calamidades. Es decir, de los que ven en esta declaración, si no el más claro ejemplo del “descarrilamiento” de la Iglesia Católica, una raya más de esa cebra llamada Francisco, de quién incluso un reconocido influencer pidió su conversión (no en el sentido amable ya que todos estamos en un proceso de conversión continuo, sino en un sentido condenatorio). Pero también, por la continua mendacidad progresista de ciertos actores, quiénes aprovechan situaciones como esta para declarar que se está reconociendo “oficialmente” la bendición a las parejas homosexuales, siendo esta declaración (para ellos), una “puerta abierta” para omitir de una vez por todas que los actos homosexuales sean un pecado.
Las diatribas y advertencias apocalípticas de los primeros o las declaraciones exultantes de los segundos no sólo oscurecen una cabal comprensión del documento, sino que se constituyen en una piedra de escándalo para los que tiene una fe sencilla y que no caen en la cuenta de que dichas narrativas se alimentan mutuamente. Por ello, escribo este artículo pensado en ellos.
Sin embargo, también hay personas muy bien formadas, quiénes tienen dudas muy razonables sobre los alcances e implicancias de esta declaración y que están haciendo sentir su desazón. También escribo esto para ellos.
Veamos:
1.- Debemos partir del principio “Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia” (Romanos 5:20-21). Siguiendo este principio vale la pena preguntarse: ¿Hay alguna razón para negarle la bendición a alguien? No. La bendición es pura gratuidad que emana de la fuente de todas las bendiciones: Dios, quién nos ama con locura, por más pecadores que seamos, esperando con paciencia y esperanza divina nuestro arrepentimiento y nuestra conversión.
Debemos recordar que la esencia del cristianismo no es nuestro buen comportamiento ni nuestra adhesión a la doctrina cristiana. La esencia del cristianismo es Jesucristo, quien no deja de apostar por nosotros, aunque a nosotros Él no nos importe y sigamos viviendo en pecado. En ese sentido, la bendición depende más de Dios (el único bueno -Marcos 10: 18-) que de nosotros (gracias a Dios).
2.- Entonces, ¿qué ocurre si, por ejemplo, una pareja de homosexuales se acerca sin dar muestras de tener una relación afectiva –es decir, como si fuesen dos amigos– a pedir la bendición por sus estudios, por motivo de un viaje, o cualquier otra razón que no tenga que ver con su vínculo sentimental? ¿Es “válida” esa bendición? La respuesta es sí, ya que cualquier sacerdote tiene a bien bendecir cuestiones humanas como estas sin poner reparos.
3.- ¿Y si el sacerdote sabe que son pareja? ¿El sacerdote debería darles la bendición por esos motivos que no tienen que ver con su afectividad? ¿Es “válida” esa bendición? La respuesta es sí, porque el sacerdote no está bendiciendo su relación afectiva, sino sus estudios, el viaje o cualquier otra razón esgrimida. Sin embargo, Fiducia Supplicans deja bien en claro que, para evitar cualquier escándalo, esto tendría que realizarse “al margen de los ritos previstos por los libros litúrgicos (…) nunca se realizará al mismo tiempo que los ritos civiles de unión, ni tampoco en conexión con ellos. Ni siquiera con las vestimentas, gestos o palabras propias de un matrimonio” (39).
Si alguna pareja se toma fotos y luego las cuelga en sus redes diciendo que han bendecido su relación homosexual, no solo mienten, sino que han engañado groseramente a su pastor y estarán generando escándalo en quiénes no saben de lo ocurrido. Todo mal. Sin embargo, la bendición otorgada nunca fue ni será “inválida” porque el bien dado por Dios no cambia (“Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor” -1 Corintios 1:9-), aunque sus efectos quizás no prosperen producto del mal realizado.
4.- ¿Y si esta pareja de homosexuales le pide al sacerdote que simplemente “los bendiga” sin entrar en mayores detalles, aunque se note su relación afectiva visiblemente, o lo pide abiertamente? Fiducia Supplicans deja en claro que “son inadmisibles ritos y oraciones que puedan crear confusión entre lo que es constitutivo del matrimonio, como «unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer, naturalmente abierta a engendrar hijos», y lo que lo contradice. Esta convicción está fundada sobre la perenne doctrina católica del matrimonio. Solo en este contexto las relaciones sexuales encuentran su sentido natural, adecuado y plenamente humano. La doctrina de la Iglesia sobre este punto se mantiene firme” (4).
“Esta es también la comprensión del matrimonio ofrecida por el Evangelio. Por este motivo, a propósito de las bendiciones, la Iglesia tiene el derecho y el deber de evitar cualquier tipo de rito que pueda contradecir esta convicción o llevar a cualquier confusión. Tal es también el sentido del Responsum de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe donde se afirma que la Iglesia no tiene el poder de impartir la bendición a uniones entre personas del mismo sexo” (5).
En ese sentido, los cardenales conocidos como “el club de la Dubia” (Brandmüller, Burke, Sandoval Íñiguez, Sarah y Zen Ze-kiun) y sus seguidores, deberían darse por satisfechos.
Quizás por ello, la mendacidad progresista de ciertos actores no ha encontrado hasta el momento mucho eco porque incluso para activistas como los de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+) de España, según declaraciones de su coordinador de Fe y Espiritualidad, Óscar Escolano, “le apena que no se equiparen al matrimonio y aboga por trabajar más para que tengan esa consideración”; para los de la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBT+ (Felgbt+): "La no aceptación de la igualdad matrimonial sigue siendo una discriminación que afecta a las personas" del colectivo de la diversidad sexual; y para los del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) de Chile, Fiducia Supplicans es una “medida tan tardía, como contradictoria" y "daña la dignidad de quienes son creyentes".
5.- ¿Y puede darse el caso de que haya sacerdotes que empiecen a bendecir las uniones homosexuales como tales (así como a cualquier pareja en unión irregular), porque creen que están haciendo bien y más aún, públicamente? Sí, puede darse como ya se está dando en Alemania y en algunas diócesis estadounidenses. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿qué está bendiciendo a conciencia ese sacerdote?, ¿ha discernido correctamente? No lo sabremos nunca, porque el ámbito de su conciencia es inalcanzable y más aún si dicho pastor conoce muy bien la realidad de cada pareja. Y es que cada pareja es un mundo distinto al de los demás y allí se entremezclan actos e intenciones buenas con aquellas equivocadas siendo muy difícil separarlas.
En una pareja en situación irregular, como en una pareja homosexual, se dan actos de altruismo, sacrificio, dedicación e incluso hasta el deseo de agradar a Dios, viviendo en constante tensión entre sus deseos y el deseo de Dios para los hombres. Esa es la tensión que todos nosotros pecadores vivimos día a día y que nos hermana bajo la Misericordia divina. Por ello, la declaración dice: “Así, la Iglesia es el sacramento del amor infinito de Dios. Por eso, cuando la relación con Dios está enturbiada por el pecado, siempre se puede pedir una bendición, acudiendo a Él, como hizo Pedro en la tormenta cuando clamó a Jesús: «Señor, sálvame» (Mt 14, 30). En algunas situaciones, desear y recibir una bendición puede ser el bien posible. El Papa Francisco nos recuerda que «un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades». De este modo, «lo que resplandece es la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado». (43)
6.- En conclusión, ¿se está bendiciendo el pecado? De ninguna manera. El Papa Francisco está remarcando (una vez más y en línea con la Tradición de la Iglesia), la primacía de la Gracia y de no actuar mediante criterios puramente normativos ya que, la vida interior y su crecimiento, no puede ser encorsetada bajo normas que siempre serán excedidas. En esa línea, ha dispuesto la responsabilidad de los sacerdotes para acompañar, discernir y tomar una decisión que tenga como fin la salvación, ayudándose de las “bendiciones espontáneas”, las cuales, están siendo diferenciadas de las bendiciones reguladas por la Iglesia y agrupadas en el Bendicional.
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