Jorge Morelli

Escupiendo la sopa

Las amenazas de Bellido y la renegociación

Escupiendo la sopa
Jorge Morelli
28 de septiembre del 2021


No creo que haya alguien que desconozca que el contrato de gas de Camisea debe ser renegociado y, es más, que esto debió hacerse hace años. La amenaza del primer ministro de nacionalizar el gas de Camisea, en cambio, es un acto de prepotencia; y peor aún, una amenaza sin contenido. Blufear en el póker es posible cuando las cartas solo uno las ve. Pero en la mano del premier las cartas están abiertas. Y no contienen nada. A nadie engaña. El engañado es él.

El anuncio de la nacionalización del gas es, pues, un vulgar remedo del velascato, un acto destinado a aparentar. Pero un acto brutal como ese no se anuncia. Es un hecho consumado, como cuando Velasco tomó posesión física de las instalaciones de la IPC el 9 de octubre de 1968. Pero el primer ministro, claro, no está en posición de ordenar a la fuerza armada tomar las instalaciones de Camisea. Si lo estuviera, para qué pediría renegociar.

La falla en el modelo económico que tanta acrimonia ha traído al país es una sola: la defectuosa regulación de la libre competencia en el mercado por los organismos reguladores previstos en la Constitución para garantizarla. La falla ha reproducido el viejo mercantilismo que es una burla y un escarnio de la buena fe del pueblo peruano.

Y el primer responsable de esto en el caso de la energía es el oligopolio de la mega empresa estatal y sus socios privados, que fijan los precios hasta hoy, ignorando al regulador. Y en el caso de Camise es lo mismo. La renegociación es indispensable porque hay dos despropósitos que no pueden continuar. Primero, la exportación de gas natural a un precio inferior al del mercado interno. Segundo, la venta al mercado interno de GLP –cuyo 20% es importado– al precio que tendría si el 100% fuera importado.

Pero la renegociación del contrato de Camisea requiere el libre acuerdo de las partes. La opinión pública respaldará la negociación cuando sepa lo que por años se ha ocultado. Sin negociación libre, en cambio, la modificación unilateral del contrato por el Estado es un acto inconstitucional que colocaría al gobierno fuera del Estado de derecho y de la democracia. Lo haría objeto no solo de una fuga masiva de la inversión, sino también de demandas multimillonarias ante cortes extranjeras. El presidente, es de suponer, no va a sacrificar su gobierno ante semejante ídolo de barro.

De manera que la amenaza del primer ministro no ha sido solo prepotente, sino superflua e irrelevante. Y todos lo saben, incluso él mismo. Su acto, en realidad, no es sino una cortina de humo, una distracción para encubrir su monumental fracaso en su misión de resolver en su propia tierra, Chumbivilcas, el bloqueo de Las Bambas que ya lleva 18 días y cuya producción se paraliza hoy, como anuncia un comunicado de la empresa.

Es una distracción y una cortina de humo impagable e imperdonable, sin embargo, porque el gobierno, del que el primer ministro es parte, se ha esforzado en Nueva York en hacer los ruidos correctos para atraer a las asustadizas aves del capital. Y todo resulta ahora en un fiasco porque el primer ministro, que no fue invitado al viaje, decidió escupirle la sopa a su propio gobierno.

La renegociación será sí o sí. No porque el gobierno lo quiera, sino por una cuestión de libertad de competencia y equidad en el mercado. Y eso es más importante que el premierato.

Jorge Morelli
28 de septiembre del 2021

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