César Félix Sánchez

¿Escenarios de insurgencia?

Se ha puesto en marcha el gran plan del radicalismo de izquierda

¿Escenarios de insurgencia?
César Félix Sánchez
12 de diciembre del 2022


Como alertábamos
en nuestra última columna, el fallido golpe de Pedro Castillo parece haber sido la primera fase en un intento de precipitar una insurgencia revolucionaria. El expresidente ha sido una especie de fusible susceptible a ser quemado, primero, y luego rescatado como mito político. Un Castillo preso e incomunicado es, para los intereses de los extremistas, mucho más útil que un Castillo libre tomando un helado en Cancún o Playa del Carmen, o incluso que un Castillo gobernando constitucionalmente, circunstancia en que su naturaleza contradictoria y caótica, y su mismo ethos taciturno, desmovilizaban y desmoralizaban a  sus seguidores. Claro está que de haber tenido éxito el golpe del 7 de diciembre no sería Castillo quien gobernase y, sin el contrapeso del congreso y de los demás poderes, la alucinada troika de Betsy Chávez, Aníbal Torres y Willy Huerta nos habría dado una breve pero intensa muestra de totalitarismo novoandino. 

Las protestas iniciales en el sur –bloqueos de carreteras realizados por puñados de agitadores del Fenate y otros gremios de extrema izquierda, así como bases etnocaceristas– se alimentaron del vacío de poder durante las primeras horas del Gobierno de Dina Boluarte. Declaraciones torpes como las que realizó la nueva mandataria a la hora de juramentar –“asumo (…) hasta el 26 de julio (sic) del 2026”– y su misma precariedad política y personal fueron incrementando la hostilidad de sus viejos camaradas. 

Y es en ese momento en que los planes insurgentes preestablecidos desde el 2021 (y que iban a ponerse en acto de haber perdido Castillo en la segunda vuelta con el pretexto de un “fraude fujimorista”) se pusieron en marcha. Ya en una columna publicada en El Montonero el 23 de agosto de 2021, alertábamos al respecto: “El sur, en este momento, es el último bastión de popularidad del presidente Castillo. Su vacancia quizás podría generar un alzamiento «molecular» semejante, al que derrocó a Merino luego de la vacancia de Vizcarra. Pero la clave en un alzamiento popular no se encuentra en las protestas regionales (recordemos que el Aymarazo de Puno en 2011 no provocó ni siquiera una crisis ministerial), sino en que las masas capitalinas se movilicen. Y para que esto ocurra es fundamental ganar primero para la insurrección al gran centro urbano del sur, Arequipa”. Y el plan parece seguir esta misma lógica: luego de los desmanes en Andahuaylas, esta mañana de lunes el aeropuerto Rodríguez Ballón de Arequipa fue tomado por manifestantes, que quemaron la caseta de ingreso y destruyeron la infraestructura de seguridad. Los bloqueos de carreteras se han ido estrechando y ahora ya no son solo a las afueras sino en los conos urbanos. La acción de la policía sigue siendo tímida. 

¿Qué queda hacer? En primer lugar, comprender la índole de los manifestantes. Podemos encontrar tres narrativas o mentalidades en ellos: en primer lugar, el odio al Congreso, que supera a la extrema izquierda y que es la más atractiva entre cierto sector de la población; en segundo lugar, la simpatía por un Castillo “victimizado”, por “alguien como nosotros” que cae víctima de Poderes Misteriosos que “nos discriminan”; y finalmente la narrativa que coincide con los intereses de la variopinta coalición de izquierda extrema que dirige esta manifestación (paniaguados de Castillo en el aparato público, gremios radicales, operadores de todas las líneas del senderismo y de Pukallakta y bases etnocaceristas): la asamblea constituyente. Igual que con las protestas contra Merino, el lado pasional es la narrativa masificada (el sempiterno odio al Congreso) mientras que la vanguardia va siempre hacia la constituyente.  

Urge, entonces, separar las narrativas. Lamentablemente el anuncio del adelanto de elecciones por parte de Boluarte llega tarde y mal: tiene un sabor inocultable a cesión a un chantaje extremista. Respecto a la victimización de Castillo poco puede hacerse ya. Curiosamente muchos que ya habían empezado a detestarlo como presidente han encontrado un nuevo amor por él como expresidente. Una de las pocas buenas noticias de estos días es bastante reveladora de este último fenómeno. Antauro Humala, antes de la caída de Castillo –aunque siempre acababa por defenderlo indirectamente– no escatimaba insultos hacia el maestro chotano que iban desde Paco Yunque hasta ladrón de gallinas o retardado mental. Y sus bases parecían saludar estos deslindes. Pero este pasado fin de semana ocurrió lo inesperado: Humala, en un discurso, se refirió a Castillo como expresidente y le llovieron insultos y hasta objetos. Las siguientes horas las redes sociales antisistema estallaban de ira contra el mayor retirado a quien acusaban de traidor. Y parece que sus bases lo están abandonando, por lo menos por ahora. Misterios de la psique política peruana. Ojalá que esto sea el primer signo de una fragmentación, caotización y mutua neutralización de las fuerzas antisistémicas en la próxima elección.

En estas horas lo que queda es defender el Estado de derecho y restaurar el principio de autoridad. Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Especialmente después de la deconstrucción y desmoralización de las fuerzas policiales por la farsa de Inti y Bryan en 2020 y el golpe de Sagasti contra su liderazgo, luego del antirreglamentario retiro de 18 generales ese mismo año. Si el delito de bloquear carreteras sigue quedando impune y la Fiscalía –única verdadera fuerza organizada del Estado ahora– no empieza a desarticular y procesar a la vanguardia política de estos desmanes quizás, más temprano que tarde, entremos a una de las condiciones objetivas de la revolución, según Lenin: la descomposición del poder de las clases dominantes y sus aparatos institucionales. 

No está de más recordar la moraleja de todo esto: nunca jamás se debe votar por extremistas y radicales vinculados a la subversión. Steven Levitsky decía que con Castillo había dudas pero con Keiko, pruebas. No había dudas: venir del Conare y postular por Perú Libre, así como recibir el endose en primera vuelta del etnocacerismo era suficiente prueba del riesgo de una dictadura. Y, luego, tener un gabinete presidido por un apologista de Sendero Luminoso, con un canciller que se alzó en armas contra un régimen constitucional, era una confirmación de ese grave riesgo. Pero quizás tenga alguna gracia presenciar los frutos de la acción de esos caviares y moderados que, por defender la “democracia”, pusieron a la institucionalidad democrática en su mayor riesgo en los últimos treinta años.

César Félix Sánchez
12 de diciembre del 2022

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