Cecilia Bákula

El Perú y sus oportunidades históricas perdidas

Haya de La Torre, Mariátegui y Sabogal

El Perú y sus oportunidades históricas perdidas
Cecilia Bákula
24 de febrero del 2019

 

En la primera mitad del siglo XX tres personalidades sobresalían claramente en nuestro acontecer. Los tres eran provincianos y destacaban en sus respectivos quehaceres; los tres soñaban con un futuro diferente, eran innovadores y arrastraban seguidores; los tres se habían comprometido con el surgimiento de ese país profundo, expectante y hermoso como es el Perú. Me refiero a la circunstancia tan particular de que tres tremendas grandes personas —como fueron José Sabogal (1888-1956), José Carlos Mariátegui (1894-1930) y Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979)— fueran contemporáneos, se conocieran y anhelaran, cada uno desde su propia perspectiva, el surgimiento de un nuevo país, lo que quedaba plasmado en sus propuestas de filosofía, en la práctica política y en el arte.

Los ilustres del siglo pasado fueron casi todos, y quiero recalcar ese hecho, de origen provinciano. Tiempos en que la provincia aportaba y dotaba a la capital de sus mejores exponentes, sin que nos percatáramos de que, poco a poco, esas ricas provincias —cuna de maestros, genios, activistas, literatos, poetas, médicos y pensadores que llegaban a Lima con la idea de poner en marcha sus grandes sueños— iban quedando olvidadas y marginadas. Mientras tanto, la gran urbe engullía a esos máximos exponentes y devolvía poco al interior del país, generándose el nefasto centralismo que hoy nos sofoca y agobia.

Muchas veces me he preguntado cómo es que estas tres personalidades, tan diferentes pero al mismo tiempo tan afines y cercanas, no construyeron lo que ahora se llamaría una "plataforma" de acción y de puesta en marcha de una acción que aglutinara el aporte de cada uno. Al margen de diferencias y discrepancias, que nunca faltaron, ¿por qué no vimos en esa circunstancia una gran oportunidad?, ¿Por qué no se materializó el ingreso al siglo XXI con paso firme hacia el cambio y la modernidad?

No podemos dejar de recordar que el pensamiento de Mariátegui trastocó la forma de ver nuestra realidad y puso sobre el tapete la necesidad de abrir los ojos y girar el punto de atención y la preferencia hacia el interior del país, en donde se habían forjado los grandes centros productores de cultura e innovación y en donde el peruano "invisible" padecía miseria e incomprensión o abandono. José Sabogal llegó a Lima con la idea de transformar la visión plástica de los aspirantes a artistas y les abrió un panorama que jamás antes habían imaginado, al mostrarles la riqueza infinita del Ande, sus hombres, el paisaje, los quehaceres, las faenas y la riqueza de la vida cotidiana, a la que dotó de la fuerza imponente de su variada paleta y su intenso trazo. El trabajo en la academia cerrada abría sus puertas a la luminosidad de los colores del país y a la fuerza de su gente y nuestra geografía.

Víctor Raúl, Haya de la Torre —el visionario, el político, el ideólogo, el pensador, el luchador que pudo haber aglutinado todos estos aportes— se enfrentó a la injusticia, la mezquindad, el terror al cambio y a la incomprensión de muchos gobernantes, de los formales y los de paso. Su sueño de una patria en donde se viviera con fraternidad, y con "pan con libertad", ganaba en las urnas, pero perdía ante el poderoso poder de facto.

Hoy, 22 de febrero, leía un artículo en el que se señalaba con justicia que Haya de la Torre debió ser Presidente Constitucional de la República en 1962 cuando, como está comprobado, se le robó la elección y se le cercenó el derecho legítimamente obtenido de gobernar, pues se desconoció el fruto de la voluntad popular, legítimamente emitida. Pero mi pensamiento se remonta a años atrás, cuando estos tres personajes jóvenes, siempre idealistas y propositivos, soñaban con el Perú renovado y orgulloso. Y es esa propuestas no puesta en práctica, la que significó una terrible frustración histórica que aún hoy en día no logramos subsanar.

Oportunidades perdidas sí, pero sabias enseñanzas también. Y en este momento, leer el llamado “Discurso del veto”, pronunciado el 4 de julio de 1962, permitirá comprender el valor moral de la renuncia y la circunstancia histórica, y la calidad firme y patriota de aquellos hombres.

 

Cecilia Bákula
24 de febrero del 2019

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