Javier Agreda
El joven Ezra Pound
El poemario “Personæ” reúne toda su obra anterior a los famosos “Cantos”

El norteamericano Ezra Pound (1885-1972) fue uno de los más grandes e influyentes poetas del siglo XX, además de un personaje tan complejo y lleno de contradicciones que, a decir de un biógrafo, “Si no hubiera existido, habría sido muy difícil inventarlo”. Su obra más conocida son los Cantos (1917-1962), extensos y oscuros poemas a los que dedicó, casi en forma exclusiva, la segunda mitad de su vida. Pero antes de ellos ya había publicado una serie de poemarios y traducciones, desde A Lume Spento (1908) hasta Hugh Selwyn Mauberley (1920), que el propio autor reuniría bajo el título de Personæ (1926).
Ezra Loomis Pound nació en Idaho, Estados Unidos, y estudió Filología Románica en la Universidad de Pennsylvania. De ahí proviene su afición por la literatura medieval europea, especialmente Dante y los poetas provenzales, que se mantendrá como una constante en toda su obra. En los poemas iniciales (1908-1910), Pound parte muchas veces de la reelaboración de temas y formas estróficas propias de los trovadores (villonada, sextina, balada) para hablar, en forma indirecta y con un irónico sentido del humor, de la sociedad y especialmente la literatura de su tiempo: “¡Papiols, Papiols, trae música! / Ningún sonido existe cuando espadas se enfrentan...”.
En Ripostes (1912) los referentes y las citas parecen remontarse aún más atrás en el tiempo, a los clásicos griegos y latinos; pero recién en Lustra y Catay (1915) –libros en los que se incorpora la influencia de la literatura oriental– el poeta encuentra el tan buscado equilibrio entre la expresión personal y el complejo entramado intertextual. Su apuesta por las imágenes significativas y precisas (fue uno de los impulsores del “imagismo”) se une a la brevedad de los epigramas y haikus en textos como “Sociedad”: “La posición de la familia declina, / y en esta etapa Aurelita, / que había reído dieciocho primaveras, / padece el paralizante contacto de Fidipo”. Es una forma de hacer poesía hasta ahora mantiene vigencia, y que Pound parece anunciar desde el título de esta recopilación, pues personæ es una palabra latina que designa “el acto de sonar a través de una máscara o ponérsela para representar una obra dramática”.
En los años en que escribió estos poemas (1911-1920), Pound estaba radicado en Londres apoyando a los escritores norteamericanos que entonces trataban de desarrollar sus obras en Europa. Es conocida su intervención en la versión definitiva de Tierra baldía de T. S. Eliot, o los testimonios de Hemingway al respecto: “este gran poeta consagra un quinto de su tiempo a la poesía, y el resto a ayudar a sus amigos desde el punto de vista material y artístico. Hace que los publiquen en las revistas, les presta plata, les dedica artículos, les presenta mujeres ricas... y los disuade del suicidio”. Actividades que están presentes en los dos poemas con que finaliza este libro –“Homenaje a Sexto Propercio” (1917) y “Hugh Selwyn Mauberley” (1920)–, extensas reflexiones sobre las problemáticas relaciones entre los intelectuales o artistas y el poder.
En 1924 Pound ya se encontraba trabajando en los Cantos –la primera publicación fue A draft of XVI Cantos (1925)- y se traslada a Italia, donde su interés por los entretelones del poder y su permanente crítica de la “usura” lo hacen involucrarse en política. El resto es, lamentablemente, la parte más conocida de su vida: su apoyo a los fascistas italianos, su encarcelamiento y condena a muerte, la que fue conmutada por más de diez años de encierro en un manicomio. Quedémonos mejor con el Pound más noble y luminoso, el que a mediados de la década del veinte del siglo pasado está a punto de iniciar una nueva etapa en su vida y reúne en Personæ lo mejor de su producción poética hasta entonces.
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