Aldo Lorenzzi
El estado de emergencia
Una señal preocupante de la magnitud de los problemas que enfrentamos

El Perú viene pasando una grave crisis en materia de seguridad ciudadana. Ante esta situación los peruanos hemos empezado a buscar, a través de actos públicos como marchas y pronunciamientos de diferentes sectores de nuestra sociedad civil, que el Estado atienda a todas estas demandas. La respuesta del Gobierno ha sido declarar estado de emergencia en la capital y la provincia constitucional del Callao. Sin embargo, esta medida resulta insuficiente, ya que la crisis de seguridad abarca todo el territorio nacional y se ha prolongado por mucho tiempo.
En este contexto, los peruanos observamos una serie de tensiones entre diferentes actores políticos. Por un lado, sectores progresistas han ganado influencia en instituciones clave del Estado, como el sistema de administración de justicia. Por otro lado, el Gobierno enfrenta una crisis de legitimidad debido a una serie de escándalos mediáticos que han erosionado su capacidad de acción. En respuesta a esta situación, el Legislativo censuró al ministro del Interior, una medida que, si bien puede ser popular, no aborda las causas profundas de la crisis de seguridad que enfrenta el país.
La inestabilidad política, evidenciada en la interrupción de los mandatos de los dos últimos gobiernos y la asunción de los vicepresidentes al poder, nos obliga a reflexionar sobre las causas de esta crisis. Si bien otros países de la región enfrentan desafíos similares, es crucial analizar si los mecanismos democráticos están siendo suficientes para garantizar la gobernabilidad y responder a las demandas ciudadanas. Algunos analistas argumentan que ciertos grupos, identificados como progresistas y globalistas, están promoviendo una visión crítica de la democracia actual, señalando su obsolescencia y precariedad.
Existen evidencias de que un grupo específico ha implementado una estrategia gradual para socavar la independencia de instituciones clave del país, como el Ministerio Público, el Poder Judicial y la Policía Nacional, entre otras. Esta estrategia, según algunos analistas, busca debilitar la confianza ciudadana en estas instituciones y facilitar la implementación de una agenda particular, sin importar lo que cueste.
Esta estrategia, según algunos observadores, trasciende las fronteras del Perú y busca extenderse a otros países de la región. Se argumenta que esta dinámica responde a una confrontación entre diferentes modelos políticos, donde las fuerzas conservadoras y de derecha se oponen a las agendas promovidas por ciertos sectores progresistas, generando tensiones y desafíos para la estabilidad política de la región.
Una posible solución a la crisis actual sería la formación de una coalición liderada por actores del conservadurismo peruano y de la derecha. No obstante, hasta ahora, esta clase política no ha logrado presentar una propuesta que dé la talla. Esto ha contribuido a que los últimos diez años hayamos tenido gobiernos que, si bien han tenido logros, también han adolecido de laxitud e inestabilidad.
El reciente “estado de emergencia” decretado por el gobierno es una señal preocupante de la magnitud de los problemas que enfrentamos. Espero que el Perú pueda superar este estado de emergencia y encontrar un camino que nos permita superar estas pugnas y avanzar hacia un futuro de progreso y buen gobierno.
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