Eduardo Zapata
Choque y fuga

Repensar y recrear el Estado según la cultura de la electronalidad
Salió del lenguaje de los programas de la farándula, pero es –en verdad- una categoría conceptual que signa y nos permite comprender hoy las relaciones entre las personas. Y las de estas con las instituciones. Y aun las propias relaciones inter-instituciuonales.
Choque y fuga. Encuentros o relaciones casi furtivas. Transitorias. Alimentadas por la velocidad, ubicuidad e instantaneidad de la tecnología electronal. Si algo o alguien no me gratifica permanentemente… delete.
Los jóvenes ingresan a un trabajo pensando ya en el otro. Los juramentos de amor `hasta que la muerte nos separe´ no conocen tampoco de institucionalidad ni sostenibilidad. Las adhesiones a causas nobles y cruzadas saben también de duraciones efímeras. Los enamoramientos no pasan tampoco de simples `clicks´ transitorios. Los trabajos son todos, casi sin excepción, instantáneas que no duran ya más de dos años. El Estado-¡cómo no admitirlo!- no tiene adherentes permanentes. Las naciones, en fin, se diluyen en intereses acaso realizables en otras naciones.
La vida nos va poniendo, entonces, ante la evidencia de que la institucionalidad y la sustentabilidad parecen ya `especies en extinción´ que no son categorías sine qua non de las democracias. Pareciésemos más bien transitar por los senderos de democracias sin instituciones.
¿No será, acaso, que la cultura de la instataneidad y del `discurso sin fin´ de la electronalidad viene ya signando nuestras interacciones? ¿no será que la velocidad y ubicuidad electronales nos impiden ser fieles a la pareja, a la familia, al trabajo, a la causa noble (o innoble), a la ideología, al propio Estado?
Los comunicadores de verdad lo saben. Posicionamiento y fidelidad hacia los productos son exigencias del mercado. Hoy más que nunca, pues estamos ante un público-objetivo “por naturaleza” infiel.
¿Podremos lograr institucionalidad y sustentabilidad con viejas recetas o parches a un Estado desfasado y por eso decrépito e ineficiente?
Reforma del Estado, entonces; no vueltas a tiempos idos. Requerimos valentía para preguntarnos si las viejas instituciones que asumimos como piedras angulares de la democracia son hoy viables. ¿Es sólo un asunto de `humor´ circunstancial, por ejemplo, la animadversión de la gente por la institución llamada Congreso, o es más bien testimonio y evidencia de una institución percibida como caduca?
El ciudadano-consumidor (hoy también productor y, entonces, nunca más sólo receptor pasivo) está signado por una provechosa infidelidad. Esa que obliga a tener que ganar su amor y adhesión todos los días. Esa que obliga a que el Estado nunca tome distancia –y menos se olvide- de sus usuarios.
A repensar, entonces, las instituciones del Estado. A recrearlas en tiempos de la cultura de la electronalidad. Ya lo resumió Susy Díaz, nuestra filósofa popular: vive la vida y no dejes que la vida te viva. No se burle. Se trata de una reverberación de un viejo tópico medieval: carpe diem.
Por Eduardo Zapata Saldaña
(13 -nov - 2014)
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