Manuel Bernales Alvarado

Benedictus qui venit in nomime Domine

Reflexiones a propósito de la visita del papa Francisco

Benedictus qui venit in nomime Domine
Manuel Bernales Alvarado
11 de enero del 2018

 

Bendito es el que viene en nombre del Señor a encontrar un Perú cuyo progreso material indudable se ha logrado a costa de las mayores desigualdades económicas, sociales y políticas en todo el territorio y dentro de espacios urbanos y rurales; de una secularización que ha aportado a la construcción de un Estado de derecho con libertades y libertinaje, derechos más que deberes; con inherente informalidad, corrupción múltiple y extendida arriba y abajo, a diestra y siniestra, falta de respeto por el otro y la ley; y predominio de creencias e ideas materialistas, abonadas por una prensa hegemónica superficial que propicia que las personas no sean sujetos conscientes de sí mismos.

Francisco sabe que será recibido por una Iglesia católica apostólica y romana (hay otras católicas no romanas) dividida y tensionada cada vez más en su dimensión pastoral o de enseñanza social. Particularmente en asuntos de familia y opciones de vida sexual, cultural, social y política, que comportan una dimensión teológica aquí poco estudiada y menos aún racionalmente debatida.

Desde fines de los cincuenta —mediante la influencia de pensadores y grupos de acción católicos, cristianos, luteranos y humanistas no religiosos de Europa, Asia y África, aun de los Estados Unidos de América— en América del Sur (principalmente Chile, Uruguay, Brasil, Colombia y el Perú) se desarrolla velozmente un diálogo entre la fe y la vida social.

Era dentro de una sociedad tradicional católica y estados confesionales o secularmente dominados por la jerarquía católica y una liturgia popular centrada en Cristo, en María y los santos, apóstoles, beatos, milagros y consolación ante el infortunio terrenal. Evidentemente era herencia de la conquista, del virreinato-colonial y de la república con dominación criolla y eminente colonialidad y familismo, que hoy vemos y sufrimos.

Las diócesis o distritos religiosos regidos por un obispo, sea independiente o perteneciente a una orden religiosa, varias de ellas inseparables de la vida peruana y la construcción de nuestro Estado, vivían un catolicismo de cristiandad —todos eran católicos por herencia y debían ser católicos, obedientes a la autoridad eclesiástica antes que a la estatal—, cuando en países vecinos y allende el Atlántico se imponía crecientemente un catolicismo de diáspora, con humanismos no católicos o cristianos, en medio de un mundo bipolar y de una Guerra Fría que encuadraba las guerras de independencia y descolonización en África y Asia continental e insular, así como en las Naciones Unidas.

Sacerdotes y pensadores laicos, como ya se dijo, mediante las “semanas sociales” y organizaciones educativas, sociales y políticas, como los partidos demócrata cristianos en su origen, desplegaron una reflexión y acción cada vez menos eurocéntrica —heredando el concepto de diáspora y secularización del mundo— inseparable de un relativismo cultural.

Ello fue reforzado por la difusión de un marxismo con significativas variantes, que se aceptó como método científico de estudio de lo social y al mismo tiempo, como un fundamento de alianzas sociales, culturales, educativas y políticas, para la transformación del mundo y la creación de un “hombre nuevo” (obvio, pero hay que señalarlo, en el sentido de persona, de ser humano).

A inicio de los sesenta en el Perú, especialmente en la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, que sobrevivió a la Juventud Obrera Católica y al Movimiento Sindical Cristiano, varios sacerdotes impulsan esta versión aggiornada de la reflexión teológica. Destaca Gustavo Gutiérrez Merino, entonces independiente, ahora de la Orden de Santo Domingo de Guzmán (dominicos, la misma orden de los “menores” de dicha congregación, los santos Rosa de Lima, y Martín de Porres), expresa la “opción preferencial por los pobres” de la llamada Teología de la Liberación. Esta Teología de la Liberación, no por casualidad, fue coetánea e interactuó con la Filosofía de la Liberación, forjada por peruanos, claramente Francisco Miro Quesada Cantuarias y Augusto Salazar Bondy, entre los no marxistas; y de argentinos, mexicanos y chilenos marxistas y humanistas no marxistas.

Desde 1959 fue crucial el triunfo de la Revolución Cubana, el rol de su nuevo régimen en el movimiento de los No Alineados, con países dependientes de EE. UU. o de la URSS o China Popular de entonces, y algunos “no alineados”. Y en Europa fue creciendo una crítica filosófica, económica y política al marxismo realmente existente: el estalinismo y sus variantes, incluida la China de Mao.

En 1979 la derrota del régimen somocista, ficha del ajedrez estadounidense, por la Revolución Popular Sandinista, va marcando predominio de esquemas de pensamiento y modelos de acción social y del partido dominante, FSLN , y sus organizaciones de masas, adaptadas del régimen y doctrina cubana de partido único, haciendo alianzas revolucionarias con católicos imbuidos de ideas y creencias liberacionistas, y organizaciones no gubernamentales de cooperación al desarrollo, ONGD (nombre original del norte desarrollado; ahora son organizaciones no gubernamentales, ONG) para fines cada vez más variados y hasta contrarios al altruismo y donación de su origen.

Al compás de una globalización fracturada y con nuevos hegemones, el péndulo social se desplazó hacia movimientos inspirados en un pensamiento crítico de la apertura eclesiástica y laica. Pero hubo reacciones pasatistas —inclusive portaestandartes del catolicismo franquista—, así como de personas desengañadas del comunismo o del marxismo científico, conversos a la creencia dogmática en el mercado y el valor social del dinero, como reza un exitoso programa de CNN.

Este proceso inacabado Y de larga duración, aflora en las polémicas que Francisco sabe que se desarrollan con fuerza en el Perú. Enunciativamente:

–Una pastoral social naturalista-conservacionista- indigenista, negadora de un centenario y evidente proceso de mestizaje social y cultural, anticapitalista, anti inversiones en industrias extractivas, que hace de la encíclica Laudato Si su fuente y paraguas, cuando no sustituto funcional de un socialismo marxista desacreditado por los años de terrorismo subversivo y contra subversión terrorista.

–De otro lado, una pastoral probablemente menor en número grande en poder y acceso a la autoridad del Estado, abiertamente favorable al capitalismo, la democracia formal e inclusive a un gobierno autoritario que haga obra, esperada por grupos sociales vulnerables o emergentes, económicos y sociales, con fuerza en provincias y partidos policlasistas: sectores A, B, C, D y E juntos; no menciono las articulaciones delictivas, ni clubes políticos a nivel nacional.

–Un enfoque jurídico y teológico sobre la “igualdad de género” en personas y familias, opuesto a una concepción tradicional de cristiandad u otras no católicas, concretamente musulmanas de un islamismo homofóbico, que se van extendiendo en el mundo, incluido el Perú, mezclándose con algunos movimientos radicales locales. Este asunto es diferente pero se combina con el repudio creciente a delitos y faltas graves contra menores o personas que debían ser, precisamente, protegidas por quienes, en cambio, son abusadores y violadores. No pocos de los cuales aparecen o son protegidos por sus órdenes, diócesis y El Vaticano.

–Francisco sabe que su visita pastoral hallará un Perú cada vez más diverso, con iglesias cristianas pujantes. Varias no son “el refugio de los pobres” como en los sesenta, no centralizadas, conviviendo con un catolicismo popular heredero de prácticas e ideas de la tradición religiosa de la conquista y colonización. Y de creencias de pueblos precolombinos en la costa, la sierra y la Amazonía, que hoy reviven o son motivo de apelación ideológica para justificar su autonomía y libre determinación, en una República que solo legalmente ha asegurado sus fronteras internacionales y donde casi todo lo que perdimos está mejor que lo conservado en territorios fronterizos.

–Sabe que llega a una sociedad plural aún en proceso de crecimiento y desarrollo, para unos al reino del mercado amparado en la ley y para otros al escenario de batallas por distintos e indefinidos escenarios del buen vivir. Pero que tiene referentes concretos de malestar creciente en estados que son su paradigma y en otros en los cuales el mercado capitalista se desarrolla dirigido por un Estado de partido único.

–Francisco no evidencia un mensaje de “espiritualismo desencarnado”, sino de espiritualidad con justicia social y de libertad con responsabilidad y solidaridad. Perú, país de santos, beatos, pecadores, reino aún sujeto a la impunidad, no solo injusticia, seguirá dividido y fracturado.

Pero ¿cuál será en mensaje inmediato y sus previsibles consecuencias en el mediano plazo de nuestro dilatado proceso de convivencia con justicia, democracia y Estado de derecho? Esta arquitectura e ingeniería de Estado, no proceden de nuestras raíces precolombinas ni coloniales, salvo precursores, si revaloramos la “Carta a los españoles americanos” de un también jesuita criollo pampacolquino, hoy casi un desconocido. Una carta que fue traducida y “volanteada” por Francisco de Miranda en la cruenta guerra de independencia de España.

Francisco abogará por un diálogo social con base en la fe católica, romana y no romana, en fecunda interacción con los hombres de buena voluntad. ¿Cómo se expresará eso? Es muy probable, e indeseable, que en lo inmediato con más polarización. También con mejores esfuerzos para realizar un superior proyecto republicano de todas las sangres.

 

Manuel Bernales Alvarado
11 de enero del 2018

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