Cecilia Bákula
Alfonso Castrillón: un humanista contemporáneo
El Centro Cultural Inca Garcilaso le rinde un merecido homenaje

El Centro Cultural Inca Garcilaso, del Ministerio de Relaciones Exteriores, nos regala una vez más una muestra de homenaje a uno de los personajes más distinguidos del medio cultural peruano. Esta vez el esfuerzo desplegado se refiere a la persona, personalidad y obra de Alfonso Castrillón Vizcarra, entrañable amigo y, sin duda, quien sabe más de las bellas artes del quehacer de la museología, no solo por la importancia de la teoría, sino porque detrás de ese conocimiento hay toda una filosofía de vida, una manera de ser y hacer.
Cuando hace ya varias décadas, Alfonso comenzó con su peregrinaje en favor de una museología nacional científica, con asidero en teorías y prácticas que se sustentaban en ciencia y en experiencia desarrolladas en otras partes del mundo, en Lima los Museos nos organizábamos a partir de la muy buena, buenísima voluntad de quienes estaban a cargo. Alfonso quiso que la museología, como conocimiento, como teoría y como práctica inundará los museos nacionales y, tal como de muchas maneras lo logró, enriqueciera las exposiciones del inagotable, vasto y riquísimo patrimonio cultural del Perú. Alfonso nos deslumbraba con su saber, con su formación, con su calidad humana y, como lo describe la exposición en su honor, como un humanista contemporáneo.
Su formación tanto en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en donde obtuvo el doctorado en Filosofía y Letras, como los estudios posteriores en la Universidad de Roma y en la Universidad Complutense de Madrid, le abonaron un conocimiento clásico importantísimo que él nunca dejó de cultivar.
Tuve el placer de conocerlo cuando asumió la dirección, como fundador de la Galería del Banco Continental pues fue allí en donde por primera vez se expuso parte de la colección de mapas de mi padre, el embajador Juan Miguel Bákula. Esa galería, en Miraflores, era un espacio de privilegio para ver, gozar y aprender. Y ahora comprendo que era la pasión de Alfonso la que transformaba ese espacio en un lugar mágico y especial para el público. Luego asumió la dirección del Instituto de Arte Contemporáneo y fue convocado para otras grandes responsabilidades a nivel gobierno, asociadas al desarrollo de nuestros museos.
Y creo que es en ese momento que entablamos una relación más cercana cuando tuvo una destacada participación en la Comisión creada para atender la necesidad de contar con un gran y moderno Museo Nacional de Arqueología y asumió, también la creación de la Dirección Nacional de Museos al interior del entonces Instituto Nacional de Cultura. Cuántos sinsabores se habría ahorrado el país de haber seguido sus lineamientos.
Me complace tantísimo que el Centro Cultura Inca Garcilaso lleve a cabo este homenaje pues a los grandes hay que celebrarlos en vida, reconocerlos cuando ellos pueden gozar de ese reconocimiento y disfrutar de la gratitud, que es tan esquiva entre nosotros. Recorrer la muestra es pasear por los momentos estelares de la vida de Alfonso, como si lo hiciéramos de su mano y lo descubrimos en su faceta juvenil de poeta, en sus libros como el importante análisis que realiza en “Museos Peruanos, Utopía y Realidad”, lo vemos creador en tantas exposiciones en las que ha sido curador, lo vemos triunfante reconocido como personalidad meritoria de la cultura peruana y como Doctor Honoris Causa. Adicionalmente a ello hoy en día, como gestor y fundador de la Galería de Artes Visuales de la Universidad Ricardo Palma y responsable de la revista Illapa Mana Tukukuq.
En la vida de Castrillón hay momentos que serán de gran recuerdo como el haber sido jurado y haber dado, en 1975, su voto para que el maestro retablista Joaquín López Antay, recibiera el Premio Nacional de Cultura. Defendió con ardor su postura y la calidad de la obra del ayacuchano y hoy en día, la valoración del arte tradicional, quizá, nació en ese momento y gracias a ese singular y necesario reconocimiento que, en su momento, motivó más de un desacuerdo, más de una queja, más de una sorpresa. Alfonso ha sido y sigue siendo un moderno visionario que en la edad madura, aporta con sabiduría y generosidad.
La museología sigue corriendo por sus venas y el aporte y estímulo dado en ese y otros campos lo vemos, quienes lo hemos conocido, en cada exposición, en cada detalle que aprendimos de él, en todo el empeño puesto y que hoy ve sus frutos como semilla que en muchos, cayó en tierra fértil.
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