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Se dijo y se hizo

Columna

Se dijo y se hizo

26 de Septiempre del 2016

La competitividad también se mide por la rapidez de las decisiones

Si se sigue haciendo lo mismo, los resultados se conocen de antemano. Si se siguen las tendencias, se sabrá hasta dónde llegar, sin riesgos, sin poner el cuello como prenda, sin enfrentar incertidumbres y sin márgenes para la aventura. Si se sigue haciendo lo tradicional y acostumbrado, si no se innova y se sigue la rutina, es previsible la mediocridad de siempre y se retrasan los resultados y se debilitan los esfuerzos.

 

Por miedo se rechaza lo desconocido. Los cambios no se aceptan por comodidad y por temor. Las ideas originales —por más locas, descabelladas y extravagantes que parezcan en un primer momento—, han generado nuevos productos para el bienestar humano. Y la competitividad también se mide por las decisiones rápidas. Un gerente que demora evaluando intrascendencias, no advierte que el gerente de su competencia ya está de ida y vuelta, ganándole mercados y consumidores ansiosos por lo novedoso.

 

La lógica de la política no se ajusta a la celeridad del sector privado. Los códigos estatales y la dinámica pública no perfilan la velocidad que la población exige para sus demandas. La parsimonia y el palabreo, que caracterizan al Estado y los políticos, condenan al pobre y olvidado a la espera eterna. A la autoridad cómodamente sentada no le interesa desenredar nudos. Las simpatías que hoy registran el Legislativo y Ejecutivo serían su propio puñal: las expectativas que generan en la gente crearían estados de frustración si no hay cambios. Esos entusiasmos se apagarán si las demandas no se atienden hoy. Y quien cosechará de esas lentitudes y faltas de audacias será el radicalismo antisistema.

 

China es buen ejemplo. Después de 26 años de revolución cultural, decide hacer todo lo que Mao Tse Tung condenó. La libertad económica permitió que el libre ingenio de las pequeñas aldeas se multiplique, que los campesinos —que comerciaban e intercambiaban soterradamente sus gallinas y papas— incrementen esas prácticas para prosperar y hacer de sus aldeas más felices. Aldeas olvidadas y alejadas sosteniendo la idea de cambiar, confrontando al estado controlista y despojándose de miedos.

Aquí se decía que las comisarías podrían tener un juez o fiscal ad hoc para agilizar el tratamiento de los delitos menores. ¿Por qué no un juez o fiscal ad hoc en la Unidad de Inteligencia Financiera para atrapar narcos, terroristas y criminales antes de ser advertidos por procesos de investigación formal?

¿Por qué el Congreso no le otorga al Ejecutivo facultades cuando las solicita? El primer ministro conoce la Constitución, las leyes y al dedillo todo lo que pide y es el responsable del pedido. Luego del tiempo otorgado, se le convoca al Congreso para que explique qué fue de las facultades otorgadas. Allí se le zarandea por los resultados, por las inconstitucionalidades y las faltas a la ley que hubiera cometido. Suena extravagante, tanto como que los Estudios de Impacto Ambiental que solicitan las empresas sean aceptados al pedido. Cuando la industria opere, los técnicos —de manera inopinada, con el proyecto en mano— supervisarán lo que les ocurra y lo que fue escrito en el proyecto. Se ahorraría hasta cinco años de espera. A ese nivel, nadie es loco de escribir tonterías, ni debería exonerarse de responsabilidades.

Mi padre repetía constantemente “se dijo y se hizo”. Fue presidente de la Junta de Obras Públicas de Junín hace más de 45 años.

Manuel Gago