Neptalí Carpio

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Lima y las ciudades satélites

Proyectos de vivienda para 150,000 personas

Lima y las ciudades satélites
Neptalí Carpio
05 de mayo del 2017

Proyectos de vivienda para 150,000 personas

La situación de emergencia ocurrida en Lima, entre los meses de febrero y marzo, volvió a poner en evidencia el grave problema de déficit de vivienda, así como la ausencia de planeamiento urbano y las diversas modalidades de informalidad sobre la ocupación del suelo.  En este contexto, un nuevo enfoque de gestión de Lima Metropolitana debería tomar con urgencia la opción de las ciudades satélites, una alternativa que en otros países ya se viene implementado con éxito.  Se trata de proyectos inmobiliarios integrales en las afueras de la ciudad, en este caso fundamentalmente en el Sur chico, Norte chico y al Este de la capital.

El Tren de Cercanías anunciado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski puede ser muy funcional para esta iniciativa, articulando el centro metropolitano y las ciudades satélites con ciudades intermedias como Ica en el sur, Huacho y Chimbote por el norte y Huancayo en el centro del país. Lima, una megalópolis que el año 2035 cumplirá 500 años de fundación y con una población de quince millones de habitantes, será ingobernable si no tiene en su periferia varias ciudades satélites, lugares como desfogue hacia donde debe trasladarse la demanda de vivienda de las nuevas generaciones y los nuevos migrantes.

Las ciudades satélites periurbanas constituyen proyectos de gran dimensión residencial de alrededor de quinientas hectáreas, proyectados para albergar hasta 150,000 habitantes. Estas deben ser reguladas por una normativa que fije estándares de equipamiento urbano, así como el desarrollo de viviendas subsidiadas y viviendas sociales. En una ciudad satélite las empresas inmobiliarias proyectan diseños de carácter clásico, como una ciudad jardín y unidad de barrio, proponiendo asentamientos basados en un concepto de vida de barrio con equipamiento urbano básico, tales como supermercados, clínicas, colegios, comercio minorista, bomberos, clubes deportivos, entre otros componentes.

Las ciudades satélites demuestran la sofisticación de la industria inmobiliaria en proyectos residenciales multifuncionales que exaltan diseño atractivos, con experiencias integrales de vida de barrio. El rol regulador del Estado sobre las empresas inmobiliarias que están interesadas en ejecutar estos proyectos genera la oportunidad de crear una nueva ciudad con planificación adecuada y que cuente con condiciones de alta calidad de vida para cualquier estrato socioeconómico, con buenos estándares viales, adecuada provisión de áreas verdes, espacios abiertos, equilibrada oferta de servicios, con equipamiento y recreación.

Un nuevo liderazgo metropolitano, en concertación con el gobierno nacional, debería proponerse con urgencia el diseño y la implementación de ciudades satélites. De hecho, ya hay corporaciones —como las inmobiliarias Graña y Montero, Centenario y Los Portales— que tienen proyectos de este tipo en Lima y otras ciudades del país; principalmente en Trujillo, Ica y Piura. Estas iniciativas, sin embargo, serán distintas de las usuales ciudades satélites de mediados del siglo pasado. Hoy también ofrecerán vivienda, comercio, educación y salud, entre otros servicios esenciales; pero mantendrán una interconexión con la ciudad principal, en este caso Lima Metropolitana, para generar un crecimiento urbano ordenado y compatible.

Así como el Estado y la gestión metropolitana enfrentan serios retos en el marco de la reconstrucción, las empresas inmobiliarias también afrontan nuevos desafíos corporativos de arquitectura e ingeniería civil. Los más complejos de ellos son la habilitación urbana, las fuentes de agua y el transporte masivo eficiente; tres elementos que, por ejemplo, no se ven en Lurín ni en las afueras de las ciudades mencionadas. Como es evidente, un proyecto inmobiliario que supere las 500 hectáreas de extensión tendrá como su desafío más importante el abastecimiento de agua y desagüe. De no ser así, su existencia será muy precaria, reproduciendo las debilidades de los asentamientos humanos que hoy vemos en los llamados “conos” populares de Lima.

Lamentablemente, ni el Estado ni los limeños estamos preparados para este tipo de proyectos. Sin embargo, a medida que se construyan los proyectos, esa mentalidad va a ir cambiando poco a poco. Si nos imaginamos Lima de años atrás, tampoco teníamos la mentalidad de enormes edificios que hoy encontramos casi en cualquier parte de la ciudad. Lima siempre ha sido de dos o tres pisos, y ahora buena parte de la población vive en edificios de ocho o nueve pisos, en promedio. Poco a poco los ciudadanos nos acostumbramos a un acelerado crecimiento vertical.

La construcción de ciudades satélites debería ser un punto prioritario en el debate de las próximas elecciones municipales en Lima Metropolitana.

 

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05 de mayo del 2017

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