Neptalí Carpio

Un gobierno frágil y en formación

Ministros improvisados y sin preparación en la gestión pública

Un gobierno frágil y en formación
Neptalí Carpio
19 de agosto del 2021


Si algo ha puesto en evidencia la renuncia de Héctor Béjar como Canciller es que no estamos ante un gabinete de choque, con capacidad de imponer una agenda de manera unilateral. Se trata, más bien, de un gobierno débil, lento, errático y en formación, incapaz de defender a un ministro, vapuleado injustamente por una andanada de mentiras o medias verdades. Es sobre esta debilidad que la oposición empieza a articular un discurso con cohesión, ganando la calle, sin que el propio presidente de la República muestre que es el conductor del gobierno. 

Ningún gobierno que pretenda una estrategia de confrontación y de choque puede tener un punto de arranque con ministros que no dan la talla, que no se conocen entre ellos mismos y otros cuestionados; así como con viceministros o funcionarios igualmente impresentables. Se podría decir, más bien que ese tipo de gabinete es el que una oposición añora para acelerar un despliegue opositor. Y eso es lo que está ocurriendo. 

Esa misma incapacidad que ya se había mostrado en la displicencia o torpeza de Perú Libre para conformar en el Congreso una lista que garantizara una junta directiva afín al gobierno, se mostró luego en la conformación del gabinete y en los funcionarios de confianza de los principales ministerios; salvo los de Economía, Salud, el Midis y el de la Mujer, donde se han designado a profesionales con destacada presencia, experiencia en la gestión pública y que precisamente no son militantes de Perú Libre. Da la impresión de que el discurso radical que sirvió a Pedro Catillo para ganar las elecciones, sirve muy poco a la hora de gobernar. El agravante es que empiezan las pugnas en la bancada oficialista, mientras en el gabinete se perfilan claramente dos tendencias. Una encabezada por el ministro de Economía, Pedro Francke y el ministro de Justicia, Aníbal Torres; y otra tendencia variopinta de ministros que no atinan aún a generar políticas públicas que den confianza en la población.

Una ideología o pregón izquierdista radical es inútil a la hora de gobernar si no se traduce en propuestas concretas y con equipos técnicos que las sustenten; y solo sirve para dar pretextos a la oposición para crear miedos y fantasmas. El renunciado canciller, que debió priorizar los trámites internacionales para asegurar la llegada de nuevos lotes de vacunas, parece que estuvo más ocupado en asegurarse que el Perú salga del Grupo de Lima y no continuar la eficiente acción del canciller del pasado gobierno. Ahora tenemos los resultados: el retraso en la llegada de nuevos lotes de vacunas. 

No solo eso, también la falta de reflejos e inmediatez del renunciado Héctor Béjar para responder las acusaciones en su contra revelan una completa impericia. Como anécdota, un periodista independiente de una conocida red nacional de radio y TV, reveló que invitó al renunciado canciller en 25 oportunidades para que responda ampliamente las acusaciones cuando aún se mantenía en el cargo. Y cuando por fin concedió la entrevista al periodista ya era muy tarde. La verdad es que Béjar hizo contundentes descargos, con sólidos argumentos y pruebas, pero un día después de que lo habían obligado a renunciar. ¿Cómo calificar esto? ¿Ingenuidad? ¿Falta de reflejos o iniciativa? ¿O una evidente falta de estrategia comunicacional de un ministro y que atraviesa casi a todo el gobierno? 

El éxito de un gobierno que recién se inicia radica en poner en el centro del debate nacional una agenda pública que domine los acontecimientos, alrededor de la cual los actores actúan, opinan y se alinean las tendencias en un periodo de mandato presidencial. Es algo que el gobierno no ha logrado, en parte por la brevedad de la transferencia de gobierno; pero ello no puede ser una justificación para su alta improvisación y falta de preparación en la gestión pública. Será el 26 de agosto, en el momento de presentación del gabinete ante el Congreso para solicitar la confianza, la hora propicia para corregir esta notable falencia. Esa será la primera oportunidad donde se podrá demostrar si el gabinete ha logrado articular una propuesta de gobierno para los próximos seis meses, y ahí se verá cuánta coherencia existe con el comportamiento de la bancada de Perú Libre, su capacidad para articular alianzas y responder los ataques de la oposición. 

A esta fragilidad del gobierno y su gabinete, se agrega el nulo convencimiento del partido Perú Libre y su bancada sobre la utilidad de articular una coalición de gobierno que tenga expresiones en el gabinete, en el Congreso y en la propia sociedad. Contrariamente, cuando se escucha al cuestionado líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón, despotricar contra otros sectores de izquierda y otras fuerzas del centro político se muestra claramente la torpeza de su liderazgo. Ese comportamiento, ni siquiera sirve para una estrategia de confrontación o de choque, en un líder que, reclamándose marxista leninista, olvida que el ABC de las estrategias exitosas de esa corriente ideológica, en otros países, fue tener una estrategia de alianzas, incluso con acuerdos circunstanciales o transitorios. Por contradictorio que parezca, Cerrón es el líder que la derecha necesita para extender su capacidad opositora y construir un relato que desgaste al gobierno. 

Y para colmo, el gobierno tampoco da muestras de tener una estrategia comunicacional, en un escenario donde han proliferado intensamente las mentiras y medias verdades en diversos sectores de la oposición. En contextos de alta confrontación como el escenario actual, un gobierno requiere abordar el desafío de ganar también las guerras informativas, cada semana y cada día. Y el principal actor para construir relatos informativos favorables es el presidente de la república. Sin embargo, la opacidad de la información palaciega, el encierro del presidente en Palacio de Gobierno y su temor de dar la cara ante las cámaras y micros, le quita cotidianamente posibilidades de ganar cada batalla informativa. La participación del primer mandatario no puede reducirse solo a las ceremonias oficiales. 

Es evidente que el presidente Castillo recién empieza a empaparse de los retos de la gestión pública, en una suerte de acelerado ciclo de preparación en la perspectiva de dar la cara a la prensa de manera directa, con preguntas y repreguntas, más adelante. Y es muy probable que en ese trance sea consciente de que no tiene otra alternativa que ser un gobierno de izquierda moderada, muy lejos de varias de sus propuestas de campaña, y cada vez más lejos del cuestionado líder de Perú Libre. Si no lo hace, su gobierno será inestable con escenarios imprevisibles, tal como ha pasado en el pasado más reciente y cada vez que en nuestra república un gobierno no tiene mayoría parlamentaria.

Neptalí Carpio
19 de agosto del 2021

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