Luis Enrique Cam
La generación de la posmemoria
¿Qué saben realmente sobre la violencia terrorista que marcó al país?
Un estudio de la Universidad de Navarra, publicado en Critical Studies on Terrorism, ofrece datos muy reveladores sobre el conocimiento del terrorismo entre adolescentes españoles. La investigación evaluó el programa Memoria y Prevención del Terrorismo, impulsado por el Ministerio del Interior, y encuestó a más de mil estudiantes de 4º de ESO durante el curso 2023–2024.
Los resultados muestran una paradoja preocupante:
– El 77% considera que el terrorismo es un problema actual.
– El 72% cree que debe estudiarse en el aula.
– Pero el 60% reconoce tener conocimientos escasos o nulos sobre el tema.
Hay interés, pero falta formación sobre el tema. Un dato resulta especialmente significativo: el 65% considera necesario mantener viva la memoria de las víctimas, cifra que asciende al 74% entre quienes han escuchado testimonios directos. Además, aunque ETA es ampliamente reconocida, solo el 38% pudo mencionar el nombre de alguna víctima y apenas el 7,4% supo explicar con precisión quién fue Miguel Ángel Blanco (político de 29 años asesinado por ETA en 1997).
La conclusión es clara: los dos factores que más influyen en el conocimiento y en el rechazo a la violencia son haber estudiado el tema en el currículo escolar y haber escuchado el testimonio de una víctima.
La pregunta para nosotros es inevitable: ¿qué ocurre en el Perú? Nuestra propia “generación de la posmemoria” —jóvenes nacidos después del 2000— ¿qué saben realmente sobre la violencia terrorista que marcó al país? ¿Cuántos pueden contextualizar el accionar de Sendero Luminoso o del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru? ¿Cuántos pueden nombrar víctimas y comprender el impacto humano de esos años?
La experiencia española confirma algo fundamental: la memoria no se transmite sola. Requiere familia, colegio y, sobre todo, testimonio personal. En ese horizonte se inscribe nuestro proyecto cultural “Resistimos con esperanza”, una iniciativa que recoge los testimonios de peruanos que sufrieron la violencia terrorista, no desde el resentimiento, sino desde la dignidad, la resiliencia y la afirmación de la vida. Escuchar a las víctimas del terrorismo no solo aporta información histórica; forma identidad y conciencia moral.
El colegio, las universidades y el sector cultura no están llamados únicamente a recordar el pasado, sino a prevenir su repetición. Sin memoria activa, el desconocimiento puede convertirse en indiferencia; y la indiferencia, en terreno fértil para la distorsión, la manipulación y el sesgo ideológico.
De esto último hemos sido testigos con el uso de las conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación como herramienta para imponer narrativas en contra de lo que realmente ocurrió en el país durante los años de violencia terrorista. Como dijo un periodista ayacuchano, “a esa comisión se le cayó la C”.
La memoria no es revancha, es responsabilidad histórica. Y también es esperanza.
















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