Durante la primera década del nuevo milenio existían est...
El Perú es una sociedad de ingreso medio que, en las últimas décadas, ha dejado de ser una sociedad de ingreso bajo o una sociedad pobre. El país ha llegado a esta situación por las reformas económicas de los noventa que acabaron con el Estado empresario, que desarrollaron uno de los ajustes macroeconómicos más audaces de la región, que desregularon precios y mercados, y establecieron el respeto irrestricto a la propiedad y los contratos.
Gracias a esas reformas dejamos de ser pobres, se multiplicó el PBI y se redujo la pobreza del 60% a 20% (antes de la pandemia) y se expandieron las clases medias como nunca antes en nuestra historia republicana. Sin embargo, desde una década atrás el Estado se burocratizó, la crisis y la polaridad política generaron incertidumbre y, de una u otra manera, estos factores llevaron a Pedro Castillo al poder, un alfil del eje bolivariano que, felizmente, fue derrotado en su proyecto de instalar una asamblea constituyente.
Uno de los factores que explican esta situación es que, en la última década, el Perú pasó de crecer en 6% de promedio anual y reducir entre tres y cuatro puntos de pobreza cada año, a expandir el PBI en 3% en promedio anual, mientras se estancaba en el proceso de reducción de pobreza. Desde la pandemia y el gobierno de Castillo la pobreza aumentó de 20% de la población a 30%.
¿Cómo explicar el frenazo de la economía y la sociedad? Algunos economistas llaman a este proceso la trampa de ingreso medio. Es decir, una sociedad que luego de una primera oleada de reformas multiplica el PBI en base a la inversión privada, reduce la pobreza y expande las clases medias; sin embargo, de pronto, las primeras reformas ya no son suficientes para seguir creciendo porque ya no existe la ventaja comparativa de la primera etapa de crecimiento: los salarios bajos.
En una sociedad de ingreso medio las remuneraciones son relativamente altas y, entonces, la ventaja de la primera etapa de crecimiento necesita una nueva ola de reformas institucionales, políticas y económicas. ¿Por qué? Un país de ingreso medio para seguir creciendo necesita una educación de calidad y un sistema educativo que posibilite crear una fuerza laboral educada y saludable que desate la innovación para competir en los mercados mundiales, tal como lo hizo Corea del Sur, por ejemplo.
Igualmente se requiere una infraestructura nacional que conecte físicamente los mercados y multiplique las posibilidades de inversión e innovación. Es evidente que una sociedad de ingreso medio nunca podrá seguir creciendo sin un sistema institucional y una gobernabilidad predecibles y un sistema de justicia confiable e, igualmente, sin un sistema tributario y laboral que fomente la creación y el crecimiento de las empresas que generan el empleo suficiente para el bienestar de la sociedad.
Es incuestionable que el Perú necesita esas reformas con urgencia. De lo contrario, el bajo crecimiento, la informalidad y la incertidumbre institucional nos pueden llevar a la inevitable involución, tal como sucedió con Venezuela, Bolivia y la mayoría de las sociedades hispanoamericanas.
En los años sesenta los organismos multilaterales identificaban alrededor de 113 países en el mundo que podían ser considerados sociedades de ingreso medio. Sin embargo, solo un puñado logró alcanzar el nivel de una sociedad de ingreso alto; es decir, el desarrollo. Entre esas sociedades, por ejemplo, están Corea del Sur, Taiwán, Nueva Zelanda, entre otros. La mayoría de esos países involucionó, sobre todo los estados latinoamericanos.
Si no queremos empezar el camino de la involución inevitable, entonces este domingo 12 de abril los peruanos de buena voluntad deben apostar por dos movimientos de centro derecha en la segunda vuelta que formen una mayoría con sentido común en las dos cámaras y se posibilite una nueva ola de reformas en el Perú.
¡Qué Dios ilumine a los peruanos!
















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