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En el debate de los equipos técnicos de Fuerza Popular y de Juntos por el Perú quedó meridianamente claro que a Roberto Sánchez y Juntos por el Perú les importa, como se dice, un comino explicar el programa estatista de la izquierda antisistema. Como si hubiesen sido contratados para una velada, por ejemplo, Pedro Franckie y Gustavo Guerra García se dedicaron a desarrollar cualquier cosa menos los tópicos vinculados al programa de Juntos por el Perú (JP).
El objetivo de la presentación de los supuestos técnicos de JP era maquillar el programa estatista, colectivista y autoritario de Juntos por el Perú. Negar el cordón umbilical con el gobierno de Pedro Castillo y con la propuesta de la asamblea constituyente y el eje bolivariano. En ese sentido seguían a pie juntillas un libreto de la izquierda regional que se aplica en Hispanoamérica desde que Hugo Chávez llegara al poder mediante las elecciones: negar y negar todo para maquillar el proyecto de nacionalizaciones y expropiaciones.
Juntos por el Perú sigue sosteniendo el proyecto de la asamblea constituyente y se ha negado a firmar cualquier Hoja de Ruta al estilo del Ollanta Humala del 2011. En ese sentido, JP sigue siendo la fuerza aliada de Antauro Humala, el etnocacerismo y el movimiento que ha llevado al Congreso a diputados y senadores del Movadef, la corriente maoísta vinculada a las tesis de Abimael Guzmán. En otras palabras, es una clara representación del radicalismo antisistema.
Felizmente en el debate el ex ministro de Economía, Luis Carranza, se encargó de jalar el velo con el que se pretendía cubrir las propuestas de Juntos por el Perú. Con meridiana claridad señaló que las propuestas de los supuestos técnicos de JP no formaban parte del programa presentado por Roberto Sánchez, repleto de estatismos, aumento de impuestos y fortalecimiento del Estado. En ese programa remarcó Carranza no hay referencias al papel de la inversión privada y el crecimiento como factores fundamentales de la reducción de pobreza.
Y quizá lo más importante es que Carranza recordó con absoluta precisión que en el Perú existe un momento antes del gobierno de Pedro Castillo y de Roberto Sánchez y otro después de ese gobierno. El ex ministro de Economía subrayó que la pobreza hoy está igual que cuando Castillo asumió el poder luego de la pandemia. Es decir, en el orden del 25%. Sin embargo, este flagelo social se situaba en el 20% de la población antes de la pandemia, es decir el Perú no recupera los niveles prepandemia.
Para los técnicos e intelectuales de la izquierda, al parecer, no hay vínculo entre la ética y la política, y salvo el poder todo es ilusión. De allí que Franckie y Guerra García se dedicaron a hablar de todo, menos del programa de Juntos por el Perú. Y por supuesto, a insistir en la fábula acerca de que Keiko Fujimori gobierna el Perú y es responsable de todos los males nacionales. No obstante, el estribillo sobre el gobierno de Castillo y Sánchez se convirtió en un cruzado al mentón y debería convertirse en una tendencia hasta el día de la segunda vuelta.
Si bien es cierto que los técnicos de Fuerza Popular no señalaron con suficiente fuerza los vínculos de JP con el etnocacerismo de Antauro, con el Movadef y la asamblea constituyente, la operación de maquillaje del programa radical de los supuestos técnicos de Juntos por el Perú fue tan burda y alevosa que, a nuestro entender, el debate de los técnicos le posibilita a Keiko seguir avanzando en el universo de los indecisos.
En cualquier caso, en las dos semanas que restan de campaña el Perú y los peruanos de buena voluntad deben preguntarse cómo se construye una carretera, un tren, una irrigación, una escuela o se materializa una inversión con la convocatoria de una asamblea constituyente y con Antauro Humala amenazando con fusilar a medio mundo. ¡Es imposible!
















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