Editorial Política

¡La urgencia de un shock formalizador en el Perú!

Uno de los grandes retos de la próxima administración

¡La urgencia de un shock formalizador en el Perú!
  • 09 de julio del 2026

 

El Perú es una economía de ingreso medio que, sin embargo, tiene porcentajes de la economía y la sociedad que corresponden a una sociedad de ingreso pobre. Cifras más, cifras menos, todos los estudios y aproximaciones señalan que más del 60% de la sociedad padece un nivel de informalidad. En el caso del empleo laboral, incluso, los números son extremadamente dramáticos: 75% de los trabajadores no tiene una cobertura de salud y menos el resguardo de un sistema previsional según la propia OIT.

Algo más. Los estudios económicos señalan que la estructura empresarial en la sociedad corresponde a aproximadamente un 20% de grandes empresas, corporaciones nacionales e internacionales globalizadas, mientras que el 80% restante está conformada por micro y pequeñas empresas que enfrentan un alto nivel de informalidad. En este extraño universo de la economía casi no existen medianas empresas.

En cualquier caso, el Perú es un caso digno de estudio para cualquier escuela de ciencia política y cualquier corriente de economía. Una sociedad en perpetua crisis política, sin intelectuales ni políticos con autoridad; pero es también una economía que sigue creciendo, con diferentes y contradictorios ritmos en la reducción de pobreza, en medio de la continuidad del BCR y de una política monetaria que sorprende al mundo.

Sin embargo, tal como sucede con el sistema republicano e institucional, la economía no puede seguir avanzando en medio de dos países. Es decir, una sociedad formal que crece y avanza y otra informal que, si bien no se empobrece más, se mueve con una lentitud que enfurece y produce este país con seis elecciones nacionales en las últimas dos décadas, y cuatro balotajes en que se enfrentaron una propuesta que defendían la Constitución y el modelo económico y otra revolucionaria, bolchevique, que proponía la instalación de una asamblea constituyente.

En ese sentido, así como el Perú necesita planes para contener la ola criminal y la minería ilegal, para enfrentar las consecuencias de un eventual Fenómeno del Niño, para relanzar la economía y el flujo de inversión privada, igualmente, se necesita un shock que contenga la informalidad en la economía y la sociedad.

De alguna manera las recetas son conocidas. El país necesita desmontar el Estado de la burocracia y el trámite que se construyó en las últimas dos décadas con el objeto de contener “la inversión privada, la supuesta destrucción del medio ambiente por la industria y la preservación de la flora y fauna del territorio ante la explotación de recursos”, según todos los relatos y narrativas que desarrolló el progresismo. Ese Estado no solo bloquea inversiones perpetuando la pobreza, sino que también fomenta la informalidad. Las unidades más pequeñas de la economía, simplemente, renuncian a pasar por las horcas caudinas del Estado burocrático.

El otro gran tema de un eventual shock formalizador evidentemente tiene que ver con la reforma tributaria de la economía. El combate al Estado de la burocracia, por ejemplo, posibilita imaginar una reforma tributaria con el objeto de formalizar a más del 80% de las pequeñas unidades de la economía y, en ese camino, reducir tasas y simplificar el sistema de cobro de los tributos. En cualquier lógica la reforma tributaria debe tener un solo objetivo: construir una sola economía acabando con la dualidad de la formalidad e informalidad y evitando el paternalismo que, paradójicamente, promueve el enanismo empresarial.

E igualmente necesitamos reformar el sistema laboral para establecer la plena flexibilidad y libertad en los contratos de trabajo, tal como sucede en los países desarrollados que han alcanzado el pleno empleo y tal como acaece en los mercados populares y emergentes del Perú. Quizá el argumento más sólido a favor de una reforma laboral tiene que ver con este hecho incuestionable: los trabajadores con las legislaciones laborales más rígidas en donde se proclaman todos “los derechos habidos y por haber de los trabajadores” suelen migrar a las sociedades con plena flexibilidad laboral. Por ejemplo, el sueño de todos los venezolanos es emigrar a los Estados Unidos.

En cualquier caso, el Perú necesita con extrema urgencia un shock formalizador. ¡No hay tiempo que perder!

  • 09 de julio del 2026

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