Antero Flores-Araoz
Inducción congresal
Los nuevos diputados y senadores deben ser entrenados en el manejo de los Reglamentos del Congreso
El presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, ha tenido la excelente iniciativa de hacer un ciclo de charlas para los recientemente elegidos senadores y diputados, quienes integrarán la Cámara de Diputados y el Senado de la República, al volverse a la bicameralidad luego de treinta y tres años de parlamento unicameral. Esto es, desde el Congreso Constituyente Democrático (CCD) hasta ahora.
Quienes hemos tenido el privilegio de estar en Parlamento bicameral (en mi caso de 1990 a 1992) y Parlamento unicameral (en mi caso de 1992 a 2006), podemos atestiguar que el trámite legislativo del parlamento unicameral es más rápido; mientras que en el bicameral es más lento, pero con mayor seguridad jurídica, pues fehacientemente dos cámaras ven mejor que una solas, al igual que quien tiene dos ojos visualiza con más calidad que un tuerto.
En el Congreso unicameral, con la finalidad de tener al mismo tiempo la rapidez reconocida del trámite legislativo y la seguridad jurídica del bicameralismo, se decidió que las votaciones fuesen dos, con intervalo suficiente entre ambas para estudiar en dos oportunidades los proyectos de ley, lo que daría más calidad a las disposiciones legales. Sin embargo los parlamentarios se dieron maña para dispensar de segunda votación a los proyectos de ley que se sometían al voto de los congresistas. Como dice un antiguo aforismo: “Hecha la ley, hecha la trampa”.
Los nuevos congresistas, léase diputados y senadores, llegan al Congreso de la República en mal momento, pues los miembros del Parlamento están sufriendo de pésima fama y desprestigio y ello será difícil de superar. Por eso los nuevos congresistas tendrán que hacer lo posible y lo imposible para recuperar en algo la reputación que antaño tuvieron, en que era una delicia oír los debates conceptuosos, alturados y dotados de docencia de personas como Luis Alberto Sánchez, Armando Villanueva, Ernesto Alayza Grundy, Luis Bedoya Reyes, Manuel Ulloa, Javier Alva Orlandini, Ramiro Prialé, Andrés Townsend Ezcurra, Mario Polar Ugarteche, Roberto Ramírez del Villar, Enrique Bernales Ballesteros y tantos otros de grata recordación.
Los nuevos congresistas deben ser entrenados en el manejo de los Reglamentos del Congreso, para una diligente y ética conducción, ya que estamos pasando de un solo reglamento a tres, como son el del Senado, el de la Cámara de Diputados y el del Congreso, que cuando está reunido comprende las dos cámaras legislativas.
Los nuevos parlamentarios, al igual que los que están dejando el actual Congreso, tienen funciones legislativas, de fiscalización a todos los entes del Estado, así como a las personas naturales y jurídicas privadas, sin olvidar la facultad o atribución de representación
En su labor de representación deben no solo viajar a las circunscripciones que los han elegido, sino también atender al público en sus respectivos despachos y formular a las autoridades de diferente función los pedidos que hagan los electores, sugiriendo establecer un horario de mañana o de tarde para dicha atención y colocando letrero del máximo horario que tendrá cada entrevista.
Como quiera que desde la existencia del Congreso unicameral, se redujo el tiempo en que los congresistas podías hacer uso de la palabra en el respectivo hemiciclo, es recomendable que se entrenen para que sus intervenciones sean de solo dos a cinco minutos, ya que por exigencias de tiempo ya no son saludables los discursos tipo concurso de oratoria colegial.
Igualmente para tratar con la prensa es recomendable tomar cursos en el llamado “media training” , ya que por lo general los entrevistadores de medios de comunicación, esperan ser atendidos con sensatez y conocimiento y no con espectáculo de “floreo” en que ya nadie cree, así como estar dando vueltas por el hall de los pasos perdidos a ver si algún periodista lo reconoce y por lo menos le pregunta la hora.
Es también muy importante que los nuevos congresistas entiendan que las leyes son mandatorias; es decir, mandan u ordenan algo, pero no se limitan a enunciados declarativos como las famosas leyes que “declaran de interés nacional y público, establecer la universidad de tal o cual sitio”. Este tipo de leyes no sirven para nada, salvo para que el parlamentario autor aspire fondo, saque pecho y se hinche de arrogancia, o que simplemente quiera tontear a sus electores presentando proyectos intrascendentes, como los de aquel parlamentario que todas las semanas presentaba proyectos legislativos paras crear escuelas normales en cuanto poblado existas en el mapa de nuestro territorio. La verdad es que no observó bien el mapa, pues se le escaparon las islas que están en el litoral del Océano Pacífico que baña nuestras costas.
Los parlamentarios tienen que ser muy serios en lo que es el manejo de recursos. Si por ejemplo hay partidas para el pago de bonificación de escolaridad, no es ello general, es para quienes tienen descendientes en edad escolar y asisten a la escuela o colegio. Si reciben la asignación sin tener hijos escolares, mal, muy mal, deberían devolverla, así como los recursos económicos que exceden lo que realmente gastan en comisiones, ya sea al interior del país como al extranjero, incluso gastos de representación.
Los congresistas tienen que ser austeros y ahora que se ha duplicado el número de cámaras legislativas, tener en cuenta que no se necesita que en cada área administrativa existan dos departamentos, uno para el Senado y otro para la Cámara de Diputados. No vemos la necesidad de que existan dos departamentos contables si bastas uno solo para ambas cámaras, o dos departamentos de personal, dos de relaciones públicas, dos del diario de debates, dos canales de televisión o dos salas de prensa. En todo ello basta un solo departamento para la administración.
El personal existente en el Congreso es de número exagerado, incluso en las comisiones dictaminadoras y peor en los despachos congresales en que en cada uno hay entre asesores y personal administrativo siete personas, a los que se agrega dos de la Policía Nacional por temas de seguridad personal.
Como vemos hay exceso de personal. En la actualidad son como cuatro mil, cuando hace veinte años, cuando ejercí la Presidencia del Congreso, se logró tener no más de mil trabajadores. Recordemos que han existido parlamentarios que a su personal de confianza en sus despachos congresales, les reducían parte de la remuneración con distintos pretextos, aunque con la sospecha de que era su “comisión” por “colocarlos” en el Parlamento.
Tiene que existir por lo menos la Comisión Bicameral de Presupuesto como fue tiempo atrás, pero debería haber comisiones paralelas de la misma materia tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados.
Debería haber corrección y urbanidad en el trato entre los parlamentarios, así como con los funcionarios del Congreso y el personal menos calificado. Todos los congresistas tienen el mismo rango y si son presidentes de comisiones o integrantes de la Mesa Directiva, todo ello es temporal y siempre bajarán al llano, por lo que no hay que hacer a otros lo que te molestaría que te hagan a ti.
El hecho de ser contendores o tener diferentes actitudes, no los hace a los parlamentarios enemigos. Miren el trato respetuoso que tenían los congresistas de antaño y traten de imitarlos.
El tema de la vestimenta también es importante. Están yendo al primer poder del Estado como algunos afirman, pero no a la playa, motivo por lo cual la vestimenta de damas y varones debe ser formal y no se necesitan fajas para hacer las “cinturitas” ni tampoco las alpargatas para ir al campo. Se va al Palacio Legislativo y no a un concurso de bellezas o de quienes consideran que aún lo son.
En las comisiones de ética parlamentaria y también en las de investigación, deberían ser rotativas, para no excusarse en el consabido “no tengo alma de fiscal ni de juez”. No la tengas, pero cumple con tú deber.
La diplomacia parlamentaria es importante y las ligas de amistad parlamentarias ayudan mucho en las buenas relaciones internacionales. Ejemplos hay por doquier.
Por supuesto que podríamos seguir y seguir, pues hay mucho que tratar sobre todo en el comportamiento parlamentario, incluso con quienes son citados en las comisiones legislativas y en las de investigación. Hasta a los investigados hay que tratarlos con cortesía.
El ser cortés no quita autoridad ni significa debilidad, hay que tratar bien a la gente pues con el trato que tú des y con la vara que juzgues pues serás tratado y de ser el caso juzgado. No olvidarlo.
















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