Editorial Política

¡El factor Castillo en estas elecciones nacionales!

Anotaciones a partir de las malas lecturas sobre el profesor de Chota

¡El factor Castillo en estas elecciones nacionales!
  • 25 de mayo del 2026


Micki Torres, candidato a la vicepresidencia y senador electo por Fuerza Popular, durante una entrevista subrayó el papel del fujimorismo y los sectores democráticos en la vacancia de Pedro Castillo, un proceso que detuvo un golpe de Estado en el que se pretendió instalar una asamblea constituyente, aplastando la Constitución Política y el Estado de derecho. En el acto la izquierda, en todas sus versiones, comenzó a fabular, a desarrollar sus narrativas y leyendas. 

Se señaló que las declaraciones de Torres confirmaban la fábula acerca de que la derecha había conspirado en contra de Castillo y que no se le dejó gobernar. El hombre del pasaje Sarratea, el hombre del golpe de Estado –en alianza con el eje bolivariano y el Movadef de Sendero Luminoso–, era victimizado por las leyendas de las izquierdas en todas sus versiones y un sector de la derecha, colonizado por el relato progresista, comenzó a asustarse.

Al respecto vale señalar que, en todas las encuestas desarrolladas al respecto, dos tercios del Perú –es decir la mayoría nacional– rechaza el gobierno de Pedro Castillo, el golpe fallido que desató la violencia en el Perú, mientras que un tercio respalda al profesor de Chota. En esa tercera parte de la sociedad la narrativa acerca de que una conspiración de la derecha sacó del poder a Castillo “ha pegado”, como se dice. Algo más. Antes de estas elecciones y de esta segunda vuelta, las encuestas registraban la aprobación de Castillo y, en comparación con la fragmentación de las representaciones de la primera ronda y los postulantes de la derecha, aparecía como un político con gran aprobación.

Sin embargo, cada vez que en la derecha se levanta el temor frente a la narrativa de las izquierdas se deja en claro que los contadores de las historias solo están en las izquierdas.

En este portal, desde el inicio de estas elecciones siempre planteamos un relato absolutamente contrario al que impuso la izquierda. Aquí sostuvimos que el período político en el Perú debía dividirse en uno antes del gobierno de Castillo y otro después del golpe fallido de Castillo y su posterior vacancia. 

Antes de Castillo la izquierda controlaba todas las fábulas de la sociedad, desarrollaba un control superlativo de las instituciones del Estado de derecho y los medios de comunicación, y había desarrollado una de las persecuciones de políticos anticomunistas (Alan García, Keiko Fujimori y Luis Castañeda Lossio) más brutales de América Latina de la reciente historia. Es más, controlaba la acción directa de masas, como se demostró en el golpe de las turbas contra el gobierno constitucional de Manuel Merino.

Después del golpe fallido de Castillo y la vacancia correspondiente, las izquierdas en todas sus versiones –la ortodoxa y la progresista—habían sufrido, como dicen los marxistas, una derrota estratégica. Dos tercios del Perú rechazaba el programa de expropiaciones y nacionalizaciones, así como la asamblea constituyente, y la izquierda no podía movilizar ni cuatro gatos para vacar a presidentes, como siempre soñaba. Y los medios se alejaban del jueguito entre “las izquierdas y las derechas” porque la amenaza era real, no era una curiosidad ideológica, como sostenía el progresismo que encumbró a Castillo ¿O no?

De alguna manera estábamos ante el efecto del desastre Castillo que la narrativa de la izquierda ocultó y que un sector de la derecha se tragó. Luego del gobierno de Castillo los vientos políticos soplaban fuerte en dirección contraria y la tendencia natural era hacia una segunda vuelta de dos centro derechas, como una manera de representar esos dos tercios del país que rechazaba el programa de la izquierda radical. Sin embargo, los errores superlativos y la estulticia de Rafael López Aliaga destruyeron las posibilidades electorales de Renovación Popular y surgieron los candidatos de la burbuja emocional (Jorge Nieto, Alfonso López Chau, entre otros) y se configuró la actual segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.

El efecto del fracaso de Castillo en la política y en estas elecciones es tan intenso que una de las explicaciones de la tendencia a la victoria de Keiko Fujimori es lo que llamaremos “el factor Castillo”. Un factor que explica la disolución del antivoto fujimorista y que demuestra incuestionablemente que el mal menor frente a la amenaza de la ortodoxia comunista es el movimiento naranja.

Planteadas las cosas así, las declaraciones de Torres deberían merecer una felicitación. Y ojalá que Keiko le recuerde a las provincias del sur que en el 2023 el PBI de Cusco y Puno se derrumbó en cerca de un 30% y ese año las familias no pudieron comer por el golpismo de Castillo y la violencia insurreccional de milicias que se perpetró contra aeropuertos y carreteras.

Para disolver a ese tercio nacional que todavía respalda a Castillo y vota por al falso sombrero solo hay que decir la verdad sobre el profesor de Chota. Y es que la verdad es el principio de cualquier relato victorioso en la democracia.

  • 25 de mayo del 2026

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