Manuel Gago
Votar por Keiko Fujimori
Ni voto viciado, ni blanco, ni ausentismo
Está de más decir qué diferencia a la candidatura de Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y a la de Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Los planes de gobierno por sí solos lo expresan. Sin embargo, en el reciente debate técnico entre ambos partidos los izquierdistas intentaron maquillar y ocultar lo que Sánchez, Antauro Humala, Pedro Francke y distintos voceros dicen en medios y plazas.
La retórica comunista cansa; está estancada en los sesentas, sin nada nuevo que pueda llamar nuestra atención. Sin ideas innovadoras, como si el planeta no girara y no hubiera cambios en la humanidad. Durante el debate resultó lamentable la desubicación de Sinesio López, el gurú, el maestro y guía espiritual del socialismo a la peruana. No obstante, existen electores susceptibles de ser impactados por relatos destinados a confundir.
En este escenario de confrontación, la posición de Renovación Popular frente a la segunda vuelta electoral es clara: ni voto en blanco, ni viciado. No votar por el comunismo. La desazón de los simpatizantes de Rafael López Aliaga debido al fraude electoral –destinado a sacarlo de la segunda vuelta electoral– es nada frente al peligro nacional. La realidad es como es y no como quisiéramos que sea. La segunda vuelta está encaminada y consolidará la elección presidencial para los siguientes cinco años. Esos cincos años pueden convertirse en décadas de ausencia de libertades, decaimiento de la economía e incremento de la pobreza y dependencia del Estado por parte de la población.
De manual, el voto en blanco y viciado es alentado por la izquierda. La tarea es llevar las contradicciones al extremo, siendo ahora el objetivo cómo votar y no votar, la trampa orquestada por el antifujimorismo. El país está frente a una supuesta moralidad suprema y extrema, frente a una realidad que no puede ser resuelta por los hombres buenos. Entiéndase por hombres buenos a los virtuosos, y siendo los contrarios los hombres viciosos.
Las garantías de la segunda vuelta no están dadas. Se duda de la imparcialidad de los observadores europeos y de las instituciones internacionales vinculadas con la progresía mundial. No sabemos si los observadores norteamericanos podrán dar testimonio de lo que ocurra en el interior del país. Si la ONPE no obstruye el voto ciudadano en Lima, las huestes comunistas harán lo que hicieron en el 2021. En los poblados alejados controlarán los centros de votación, impedirán la presencia de personeros de Fuerza Popular y conminarán a los electores a votar por Sánchez. En un contexto de un nuevo sabotaje electoral, la responsabilidad ciudadana es crucial: denunciar en tiempo real todo olor a fraude.
La solidez de la economía nacional y el desarrollo de la población dependen de las políticas de Estado, el comportamiento del empresariado, la justicia, y el respeto a los contratos, la propiedad privada y la libre competencia. Por corrientes políticas poderosas se llega al desorden, anarquía y violencia, siendo la muerte parte del libreto. La batalla es contra una izquierda radicalizada, extremista, mafiosa y holgazana, acostumbrada a vivir del Estado sin ofrecer nada bueno al “pueblo” que tanto es mencionado.
Por los comunistas, derrotados en todos los frentes por Alberto Fujimori en los noventas, el antifujimorismo es una corriente ciudadana convencida de profesar todos los valores morales. Esa es su venganza: carcomer la mente y los sentimientos de los olvidadizos y de los jóvenes inadvertidos.
















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