Editorial Política

Se busca una leal oposición en el Estado constitucional

Anotaciones sobre la conformación de las directivas de las cámaras legislativas

Se busca una leal oposición en el Estado constitucional
  • 23 de julio del 2026


El nuevo gobierno de Keiko Fujimori va a necesitar la fiscalización y también la colaboración de una oposición democrática que coloque sobre la mesa los intereses nacionales y el fortalecimiento del Estado de derecho. A nuestro entender es uno de los caminos para superar una década de turbulencias y fragilidad institucional que llevó al Perú a contar con ocho jefes de Estado en vez de dos, según el texto constitucional.

Semejante objetivo demanda superar la polarización que ha envilecido la política nacional y que, a nuestro entender, ha sido alimentado por todos los sectores en disputa. Considerando estos hechos, las izquierdas, hoy en la oposición, deberían estar en las condiciones de proponer un nuevo escenario y apuntar a la gobernabilidad del país. 

Sin embargo, la izquierda está empeñada en prolongar la década de inestabilidad y estirar la polarización fujimoristas versus antifujimoristas. Jorge Nieto, el candidato del Partido del Buen Gobierno, por ejemplo, hoy está obsesionado en disputarle el liderazgo del radicalismo a Roberto Sánchez y quiere arrebatarle la representación del sombrero, no obstante que Nieto embaucó a un sector de las clases medias –sigue haciéndolo con un sector de analistas, incluso de derecha– con un discurso centrista y equidistante de la polarización destructiva.

La propuesta de Nieto acerca del indulto a Pedro Castillo y que el oficialismo no presida ninguna de las cámaras del Legislativo bicameral, en realidad es el plan general de todas las izquierdas y el radicalismo. El objetivo: bloquear la gobernabilidad y prolongar “la guerra civil sin balas” del enfrentamiento entre fujimoristas y antifujimoristas. 

El argumento de la propuesta de continuar con la polarización no resiste el menor análisis: el fujimorismo también hizo lo mismo. En otras palabras, la venganza pura como si se tratara de una reyerta de barrio y de que los errores y los equívocos de la última década continúen. En cualquier caso, a las izquierdas radicales les importa un bledo la gobernabilidad, la institucionalidad y el fin de las exclusiones.

Las izquierdas se equivocan una vez más de principio a fin, empujadas por la ceguera ideológica. El Perú es un país presidencialista. Únicamente se necesita la voluntad de la jefe de Estado de recuperar los fueros de la presidencia y querer gobernar para que el presidencialismo se ejerza. En ese sentido, si la presidente Keiko Fujimori logra transformar la enorme riqueza que produce el sector privado –a través del pago de impuestos de las mineras, las agroexportadoras y empresas privadas en general– en servicios públicos, en agua potable, no hay manera de que fracase la nueva administración del Perú.

En este contexto, la oposición del radicalismo que pretende liderar Nieto está condenada al fracaso. Lo más probable es que la bancada legislativa del Buen Gobierno se fragmente entre el espacio del centro, al que embaucó Nieto, y el radicalismo de Sánchez.

El Perú, pues, necesita de una oposición responsable, al estilo del gran Alan García. Una oposición democrática fiscalizaría con dureza los errores del Ejecutivo y colaboraría en todos los avances a favor del país. La ventaja de esa apuesta es que ese tipo de oposición cosecharía políticamente si la nueva administración es exitosa y también si ella fracasa. La ciudadanía reconocería la lealtad con el Estado constitucional.

En la tradición constitucional inglesa –experiencia en la que se constituyó el parlamentarismo– se suele hablar de oposición leal a su majestad con respecto al partido o a la coalición que no logra formar mayoría en el Legislativo para designar al Gabinete. La oposición leal, incluso, forma un gabinete a la sombra; es decir, políticos encargados de seguir las políticas de cada uno de los miembros del Consejo de Ministros y de fiscalizar y proponer alternativas.

Bajo esa dinámica entre oficialismo y oposición el constitucionalismo inglés ha prosperado y se ha perfeccionado durante más de tres siglos luego de su Gloriosa Revolución. Igualmente, el constitucionalismo de los Estados Unidos, el país del presidencialismo, también tiene una historia de relaciones entre el gobierno federal y la oposición que explica la continuidad de más de dos siglos de constitucionalismo estadounidense.

Una de las fortalezas en la democracia, entonces, está en las relaciones entre oficialismo y oposición. Los peruanos debemos superar los abismos estructurales que no permiten puentes y diálogos.

  • 23 de julio del 2026

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