El Perú ha llegado a una encrucijada en que debe decidir si con...
La falta de una identidad ideológica en los movimientos de la centroderecha, e incluso, en las propias élites de este sector, lleva a subvalorar la intensidad de la colisión entre las propuestas dentro del sistema y las antisistema; o, de acuerdo a los mejores textos marxistas de análisis de coyuntura, entre revolución y contrarrevolución.
Desde las elecciones del 2006 la colisión entre el sistema y el antisistema ha atravesado a toda la sociedad, a los movimientos políticos y a los procesos políticos en general. Desde el fin del fujimorismo de los noventa los movimientos que pretendían liderar el antifujimorismo solían proponer la cancelación de la Constitución de 1993 y el regreso a la Carta de 1979. Hasta que, en las elecciones del 2006, el Ollanta Humala del polo rojo, directamente enlazado con el eje bolivariano y Hugo Chávez, propuso una asamblea constituyente.
En las siguientes elecciones nacionales las izquierdas propusieron la fórmula de la constituyente como parte irrenunciable de su estrategia de poder, tal como manda el manual leninista. Y en las elecciones del 2011 y el 2021 estas izquierdas antisistema llegaron al poder; sin embargo, no fueron capaces de implementar sus respectivos proyectos antisistema por una serie de circunstancias, entre ellas la feroz resistencia de la sociedad peruana.
El progresismo que domina las principales narrativas y las fábulas de la sociedad desde los últimos 30 años, como se dice, siempre negó la intensidad de la amenaza antisistema reduciéndola a una simple izquierda desorientada. La experiencia de Pedro Castillo, incluso, es presentada como una anécdota. Luego de Castillo todos esperamos que esa ligereza intelectual haya cambiado.
Sin embargo, lo que sí se quedó del surgimiento de las propuestas antisistema es la violencia en el control de las mesas electorales en las provincias del sur. Si el manual leninista ordena todos los métodos de lucha por el poder, entonces, ¿por qué la izquierda comunista iba a colaborar en los procesos electorales allí donde puede ejercer la fuerza?
Desde las elecciones del 2006, desde el Humala de polo rojo, las mesas electorales para las provincias del sur se vuelven inaccesibles. En las elecciones del 2021 las izquierdas antisistema desarrollaron acción directa de masas y violencia para impedir que los personeros de la derecha se instalaran en las mesas de votación del sur. Sin embargo, las derechas tampoco hicieron demasiado para cambiar ese estado de cosas y, de pronto, el sur se volvió una marea de votos antisistema y las derechas sumaron casi nada. En ese contexto, con las reformas electorales de la izquierda caviar –que fomentaron la fragmentación de las candidaturas para empoderar a las autoridades del sistema electoral– se produce la desconfianza y la denuncia de irregularidades.
De allí que Fuerza Popular, Renovación Popular y todos los movimientos de la centroderecha tienen que considerar la organización y distribución de personeros como una verdadera guerra política. No hay otra manera de enfrentar la acción revolucionaria de los movimientos antisistema. ¿O sí? Es decir, si en las provincias del sur no se pueden instalar mesas se debe comenzar a denunciar los hechos en el acto y exigir que el Estado –a través del sistema electoral nacional, de las Fuerzas Armadas, de la Policía Nacional del Perú y el Ministerio Público– garantice la pluralidad de personeros en las provincias del sur.
En realidad, en nuestro sistema electoral el sufragio empieza con la emisión del voto, pero culmina con el cómputo de las mesas en los distritos y provincias a través de las respectivas actas, que ahora no se destruirán hasta 90 días luego de los comicios. Si las derechas no organizan un ejército de personeros a dos semanas de las elecciones nacionales, entonces los esfuerzos a medias no tienen valor alguno frente a la lucha con los movimientos antisistema, tal como se demuestra en las últimas elecciones nacionales.
En realidad, lo políticamente correcto habría sido la formación de un gran frente de personeros de la centroderecha, pero las limitaciones ideológicas de los movimientos actuales llevan a subvalorar la densidad de la amenaza antisistema.
Sin embargo, desde aquí seguimos insistiendo en que los movimientos de la centro derecha deben organizar una gran frente nacional de personeros que defienda el voto del antisistema y se prepare para una virtual guerra política en las mesas de votación.
















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