LA COLUMNA DEL DIRECTOR >
La izquierda sin credenciales democráticas
Doran la píldora con respecto al desmadre electoral del 12 de abril
La acumulación de ineficiencias e irregularidades en el proceso electoral también han desvelado la falta de credenciales democráticas de la izquierda peruana en todas sus versiones. Luego de conocerse la demora en instalar el 30% de las mesas del padrón electoral –de las cuales el 90% se focalizaron en Lima–, una situación que afecta al candidato Rafael López Aliaga y beneficia a Roberto Sánchez de la izquierda radical en la actual disputa voto a voto por llegar a la segunda vuelta, la izquierda, como se dice, se dedicó a dorar la píldora de la situación de las más diversas maneras.
Alfonso López Chau y Jorge Nieto, dos candidatos de una izquierda aparentemente más moderada que la izquierda radical del antisistema, de una u otra manera, se dedicaron a señalar que había problemas, pero no tanto. Y que con auditorías posteriores bastaría para arreglar el desmadre electoral que se organizó por la ineficiencia de la ONPE. Por su lado, el candidato Sánchez, luego de la renuncia de Corvetto anunció movilizaciones en “defensa del voto popular”, mientras la decana del Colegio de Abogados, Delia Espinoza, se pronunciaba por la inconstitucionalidad e ilegalidad de la renuncia de Corvetto.
Para la izquierda entonces no había existido mayor problema, y con algunos ajustes y golpes de pecho se podía avanzar con serenidad a una segunda vuelta sin mayores cambios, incluso con Corvetto al frente de una organización que ha perpetrado un daño devastador a la democracia peruana. Luego de estas declaraciones, ¿cómo se puede construir una comunidad política en que existan derechas e izquierdas modernas? ¿Cómo?
Y si a esto le sumamos que antes de conocerse a los dos candidatos que competirán en la segunda vuelta López Chau y Marisol Pérez Tello, dos postulantes de la autoproclamada izquierda moderada, anunciaron que de ninguna manera votarían por Keiko Fujimori. ¿Qué significa un pronunciamiento de esta naturaleza? Que las proclamadas izquierdas moderadas, el llamado “centro” del progresismo caviar, ¿acaso votaría por López Aliaga o Sánchez? ¿O acaso que se volvería a plantear el voto en blanco?
Cualquiera sea la aproximación, a la llamada izquierda moderada, que a veces tiene el atrevimiento de proclamarse ideológicamente como liberal, no le interesa la amenaza del antisistema en el Perú. En realidad, tal como se irá contemplando en las siguientes semanas, ellos prefieren a Sánchez en el poder antes que a una opción real de la centro derecha, y menos todavía la posibilidad de Keiko Fujimori y el fujimorismo en el gobierno nacional. En ese objetivo, la limpieza y la transparencia en el proceso electoral solo es un medio, una herramienta que se puede instrumentalizar, en el objetivo mayor: evitar una nueva posibilidad de la derecha luego de una década perdida, causada por sucesivas administraciones de la izquierda.
Si la suma de ineficiencias e irregularidades del proceso electoral del domingo 12 de abril, luego de las investigaciones correspondientes, revelaran una intención dolosa para afectar el sufragio de un sector de peruanos, entonces quedaría en evidencia que la izquierda peruana está en pánico y ha recurrido a la vieja metodología que el aterrador estalinismo resumía en el aserto acerca de que “no importa quién vota, sino quién cuenta los votos”. Es decir, cómo se cuentan los votos.
Si la llamada izquierda moderada o el llamado centro de la esquina caviar actúa tal cómo se comportó la izquierda en todas sus versiones en las elecciones del 2021 –es decir, apoyando el antisistema y el encumbramiento de Pedro Castillo–, entonces quedará en claro que no hay ninguna moderación y tampoco ningún centro.
Se correrá el velo y todas las versiones de la izquierda se mostrarán como dependencias del viejo marxismo, una de las teorías que ha devastado a la modernidad, convirtiendo a las sociedades en fábricas industriales de pobreza. Nunca hay que olvidar que todos “los moderados y centros” en Venezuela y Bolivia, luego de llegar al poder, se aferraron al poder instrumentalizando las instituciones del Estado de derecho.
















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