Fernando Peña
Votar “en contra de” también está destruyendo al país
El Perú necesita gente capaz de pensar más allá de sus antipatías
En el Perú hemos llegado a un punto tan crítico, tan desgastante y tan absurdo, que incluso en medio de una crisis evidente –económica, política, institucional y moral– todavía hay sectores ciudadanos que siguen votando desde el odio, desde el “anti”, desde el rechazo visceral al otro, y no desde una reflexión mínima sobre qué país quieren construir. Y eso ya no es solo preocupante. Es peligroso.
Una cosa es tener diferencias ideológicas, simpatías políticas o posturas distintas; eso es normal en democracia. El problema empieza cuando el voto deja de ser una decisión racional y se convierte en una reacción emocional casi automática. "Voto por cualquiera menos por tal". "Prefiero destruir todo antes que gane el otro". "No sé qué propone, pero al menos no es de ese grupo". Y así, elección tras elección, seguimos socavando el futuro del país.
Lo más duro es que mucha gente ni siquiera se da cuenta de cómo ha sido arrastrada a esa lógica. Votan desde la desinformación, desde el resentimiento, desde la propaganda, desde titulares, memes o frases hechas; sin revisar las propuestas, sin cuestionar los antecedentes. Sin espíritu crítico, sin preguntarse si realmente la persona por la que van a votar tiene capacidad, preparación, un mínimo de coherencia o un equipo humano que asegure una adecuada gestión de la cosa pública. Además de una organizada base social que respalde la eventual gestión de gobierno.
Peor aun: muchos votan creyendo que están "informados" cuando en realidad solo consumen información que confirma lo que ya quieren creer. No buscan entender; buscan reafirmar sus prejuicios. Y ahí es donde el debate público se vuelve un desastre. Todo se reduce a bandos. A etiquetas. A fanatismos. A convertir la política en una pelea de barras bravas.
Mientras tanto, el país sigue sin rumbo, a merced de las circunstancias. La inseguridad crece, la corrupción se recicla, los servicios públicos están abandonados, los jóvenes pierden oportunidades y la clase política hace literalmente lo que quiere porque sabe que al final gran parte de la población terminará votando "en contra de alguien", no a favor de un proyecto serio. Eso explica por qué tantas veces terminamos eligiendo autoridades mediocres, corruptas... desastrosas. Porque no hubo análisis. Hubo insensatez. Hubo odio. Hubo manipulación emocional.
Y sí, también hay inconsciencia. Hay que decirlo sin rodeos. Ignorancia política, histórica y económica. Pero no como afrenta, sino como realidad. Porque un ciudadano que no se informa, que no contrasta, que no cuestiona y que decide su voto desde impulsos emocionales, termina siendo funcional al mismo sistema que después dice detestar.
Lo más triste es que después vienen las quejas. La indignación. El "todos son iguales". El "que se vayan todos". Pero nadie quiere asumir la responsabilidad de cómo se llegó ahí. Como si el voto no tuviera consecuencias. Como si elegir por rabia no tuviera implicaciones.
El Perú necesita urgentemente recuperar algo básico: ciudadanía crítica, gente capaz de pensar más allá de sus antipatías. Más allá de su odio político. Más allá de sus traumas ideológicos. Más allá de las campañas de miedo. Porque mientras sigamos votando desde el "anti", desde la emoción irracional y desde la desinformación, el país seguirá atrapado en el mismo círculo decadente. No se trata de un voto perfecto. Eso no existe. Se trata de dejar de votar con el hígado y empezar, aunque sea un poco, a votar con conciencia.
















COMENTARIOS