Guillermo Vidalón
Juventud con visión de futuro
¿Cómo hacemos para que el país supere la pobreza y las brechas sociales?
Durante la semana pasada participé en la denominada “reunión de líderes con jóvenes”, durante la realización del CADE Universitario. El evento es muy trascendente porque reúne a personalidades del sector privado con la generación que está iniciando sus responsabilidades ciudadanas, y que también está próxima a incorporarse a la fuerza laboral.
En ese sentido, el diálogo se centró en cómo hacemos para que el país supere, en el menor plazo posible, la pobreza y cierre las denominadas brechas sociales. La respuesta que construimos fue: un país que aspira al desarrollo tiene que centrarse en dos puntos fundamentales, incrementar y diversificar el volumen de su producción y sus niveles de productividad. Sin ellos, su participación en el comercio internacional se ve reducida, así como su presencia en el concierto de naciones.
En consecuencia, la siguiente reflexión fue acerca de las potencialidades del país. Una de ellas es su ubicación geográfica y la diversidad climática que posee el territorio, que cuenta con costa, sierra y selva, además de la influencia de las corrientes del Niño y Humboldt que le otorgan aguas frías en casi toda la costa, así como cálidas en el extremo norte del país, asegurando una enorme despensa de recursos ictiológicos marinos, a los que hay que añadir los peces de ríos y lagos.
Esta diversidad hace que el país disponga de una diversidad de productos que, combinados de manera conveniente por la gastronomía local, convierten a la cocina peruana en una de las más deliciosas y variadas del mundo. Sin embargo, la despensa actual tiene una limitación, la disponibilidad de agua para cultivarlos y su mantenimiento durante su desarrollo. Pero ¿el agua es una limitante en Perú? La respuesta es no. El Perú ocupa el octavo lugar entre los países con mayor disponibilidad de agua del mundo.
Entonces, el recurso hídrico existente es más que suficiente, pero necesitamos atraer inversión con la finalidad de que todos los ciudadanos y sus respectivas actividades económicas dispongan del agua que requieran. Tal como se hizo con la laguna de Marcapomacocha para que la capital, donde residen más de 13 millones de personas, disponga de agua regulada. En consecuencia, el problema es la falta de infraestructura hídrica.
Para disponer de los recursos necesarios, el próximo gobierno tiene tres posibilidades: a) Reducir el gasto fiscal y redireccionarlo hacia lo indispensable. Por ejemplo, dejar de gastar US$ 2500 millones en una empresa que sólo genera pérdidas como Petroperú y destinamos esos recursos para que más pobladores dispongan de agua; b) Incrementar el endeudamiento comprometiendo a las próximas generaciones; y, c) Propiciar las condiciones para que haya más inversión en el país.
Entre las tres opciones, la alternativa es la opción “c”. Sin embargo, la inversión llega a países que ofrezcan condiciones mínimas de seguridad, que no haya constantes estallidos sociales, que se respeten las normas a lo largo del tiempo, que haya estabilidad económica y liderazgo político.
Un liderazgo errático es aquel que propone cambios normativos sin mostrar cuál es su alternativa; o cuando señalan que existen industrias estratégicas y, por lo tanto, esas deben ser estatizadas bajo el supuesto de que la administración pública proveerá bienestar para la población. Esa receta fracasó en el Perú entre los años sesenta y setenta. La reforma agraria subdividió la tierra haciendo que ésta pierda rentabilidad, lo que profundizó la pobreza en el campo, situación que fue aprovechada por la violencia subversiva en entre 1980 y 1992, principalmente.
En el plano internacional, las “reformas sociales” implementadas en Cuba y Venezuela trajeron como consecuencia el mayor éxodo de sus connacionales nunca visto en América. La China y la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS, hoy Rusia) cambiaron de rumbo y abrieron sus puertas al libre mercado en lo económico. Su éxito se debe a que la China de Deng Xioping y la Rusia de Mijail Gorbachov (con la Perestroika) enterraron el pensamiento de quienes pretenden emerger en el Perú para hacerse del poder mediante el control de los organismos electorales.
















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