Es evidente que el Perú avanza a convertirse en un aliado centr...
La ciencia política ideologizada de la izquierda ha subrayado la colisión entre las provincias y la capital en las últimas elecciones. Un subrayado que suele saltar al primer golpe de vista en las cifras y porcentajes alcanzados por los candidatos de la primera ronda. Sin embargo, los resultados electorales indican que los dos únicos candidatos que tienen puentes entre la capital y el interior son Keiko Fujimori de Fuerza Popular y Roberto Sánchez de la izquierda radical antisistema.
No obstante, son completamente diferentes las propuestas de ambos candidatos para derribar las murallas que han separado a Lima de las provincias. No hay puntos de convergencia. La propuesta de la centro derecha y de Keiko Fujimori es la única que construirá puentes y convergencias entre Lima y el interior; mientras que la fórmula radical no solo profundizará la crisis en las provincias, sino que generalizará el empobrecimiento en la capital.
El Perú es una sociedad de ingreso medio, con un ingreso per cápita de US$ 8,542 según el Banco Mundial; sin embargo, 3.5 millones de personas carecen de agua potable y 7.5 millones de alcantarillado. Por otro lado, en las regiones más pobres del país –Cajamarca, Puno, Ayacucho y Huancavelica–, la informalidad suele alcanzar al 80% de la población y cerca del 40% de los ciudadanos no tienen acceso al agua potable. ¿Cómo se explica esta barbarie en una sociedad de ingreso medio?
Una primera respuesta es el Estado burocrático de las últimas décadas, que ha multiplicado ministerios, oficinas y sobrerregulaciones, bloqueando inversiones privadas y fomentando la informalidad de las unidades más pequeñas. Al lado de esta tendencia general tenemos que considerar a la descentralización que, simplemente, ha destruido al Perú y empobrecido a las regiones.
En el 2019 se estableció en el Plan de Competitividad que, para resolver los problemas de agua, desagüe, escuelas, postas médicas y carreteras en los próximos 5 años se necesitaba S/ 117,000 millones. Entre el 2019 y el 2015 se gastaron S/ 310,000 millones. Es decir, casi tres veces. Sin embargo, hoy 3.5 millones de peruanos siguen careciendo de agua.
¿Adónde se fue el dinero? En el Perú de cada tres soles de inversión pública, dos se gastan a través de las regiones y los gobiernos subnacionales y he allí la causa de la destrucción nacional. En el país existen más de 72,000 obras paralizadas, pendientes de ejecución por los gobiernos subnacionales. Se inician pero nunca se terminan.
¿Qué significa esta realidad? Que en el Perú la descentralización se ha convertido en un sistema de saqueo, dilapidación y robo de la riqueza nacional. La riqueza que produce el sector privado a través de la minería, las agroexportaciones, la pesquería y el sector privado en general, y que financia el 80% del ingreso nacional, como se dice, se va por el caño y engorda a una clase política corrupta subnacional, que se llena los bolsillos sobre la carencia de agua de los peruanos.
En ese contexto, el científico político elogia el surgimiento de una clase política regional vinculada al fracaso del proceso de descentralización. ¿Por qué? Porque en el fondo comparte la demonización del modelo económico que hacen las izquierdas. Por ejemplo, se acusa a las empresas mineras y agroexportadoras de explotar los recursos nacionales, de llevarse la riqueza y ser responsables de la falta de agua y desagüe de un sector de peruanos, mientras se elogia a una clase política del interior que nace del fracaso estatal de la descentralización.
Una propuesta que relance a las provincias del país tiene que recuperar el principio clásico de cualquier república desde 2,500 años atrás: el Estado debe establecer una alianza entre ricos y pobres para crear clases medias. Es decir, el Estado debe seguir desregulando la economía y promover la inversión del capital nacional e internacional con el objeto de cobrar impuestos, aumentar la riqueza nacional y llevar la obra pública hasta la comunidad más alejada en los Andes. Sin embargo, la gran traba de ese objetivo será la actual descentralización.
Durante la reforma económica de los noventa hubo un esbozo importante de una alianza entre ricos y pobres, a través del Estado. Es la hora de reeditar esa alianza para que el Perú se convierta en un país desarrollado.
















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