La agenda de modernización del Ministerio de Transportes y Comu...
Luego de las elecciones nacionales el fujimorismo y la presidente Keiko Fujimori han buscado permanentemente la posibilidad de un entendimiento con diversos sectores, una voluntad que se ha expresado en el gabinete de ancha base –por llamarlo de alguna manera– que se conformó. No estamos ante un gabinete del fujimorismo. Por otro lado, la presidente Fujimori, en cada uno de sus actos, ha tratado de dejar en claro que su administración respetará la Constitución, el Estado de derecho y las buenas maneras que se debe guardar en un sistema democrático.
En otras palabras, la presidente Fujimori se ha esforzado en extremo en dejar en claro que las narrativas y relatos de las izquierdas –ya sea en su versión progresista o comunista ortodoxa– acerca de que la nueva administración desencadenaría un régimen autoritario no tienen ningún asidero en la realidad. Incluso desde sectores de la derecha más ideológicos la posición convocante y de apertura de la jefe de Estado no empieza a gustar.
A pesar de todos los ramos de olivos enviados, las bancadas de las izquierdas comienzan a entender los gestos gubernamentales como una expresión de fragilidad y debilidad e, incluso, apuestan abiertamente por el fracaso del nuevo gobierno. En ese contexto, se multiplican las citaciones e interpelaciones a los ministros por quítame esta paja y siete comisiones de la cámara de Diputados niegan de plano la solicitud de facultades para legislar durante 120 días que ha presentado el Ejecutivo.
Una de las cosas más lamentables es que en esta polarización artificial que se empieza a organizar desde la cámara de Diputados –no hay nada que justifique esa conducta, excepto la ideología– no ha surgido ningún espacio del llamado “centro” que prometió un sector de la izquierda. El Partido del Buen Gobierno y Jorge Nieto, que prometieron el oro y el moro del centro a algunos incautos clasemedieros, parecen más bien empeñados en atizar una guerra política que debería terminar.
¿Hacia dónde puede evolucionar una situación de este tipo? Es incuestionable que la izquierda pretende arrinconar al Ejecutivo negando la delegación de facultades legislativas por 120 días o pretendiendo reducir la delegación a los asuntos de la emergencia climática y la seguridad ciudadana, a sabiendas de que las reformas que el gobierno propone son fundamentales no solo para enfrentar las emergencias, sino también para desarrollar algunas líneas centrales del plan de gobierno oficialista. Con semejante intención la izquierda está confirmando con absoluta claridad que apuesta por el fracaso de la nueva administración.
Por otro lado, las izquierdas en el Congreso rompen una tradición democrática de las últimas dos décadas mediante la cual todos los gobiernos que se instalaban recibían la delegación de facultades para legislar con objeto de implementar su plan de gobierno.
Si la izquierda pretende arrinconar al Ejecutivo y apuesta por el fracaso de la nueva administración, ¿qué va a suceder? No se necesita ser demasiado zahorí para saber hacia dónde podrían apuntar las tendencias. Es evidente que el Ejecutivo y la presidente Fujimori apostarán con fuerza por alcanzar el éxito de la nueva administración y si la Cámara de Diputados se convierte en una muralla obstruccionista, las últimas reformas constitucionales establecen la posibilidad de tramitar el impasse preservando la plena gobernabilidad y el Estado de derecho.
Cualquier observador acucioso sostendrá que el Ejecutivo no implementaría ninguna medida constitucional extrema porque la popularidad no lo favorece. Sin embargo, se olvida algo: el Ejecutivo ha movilizado todas sus fuerzas y energías para demostrar a la población que el Gobierno quemará hasta el último cartucho para aliviar, para mitigar los efectos devastadores del fenómeno de El Niño, mientras las izquierdas se dedican a obstruir.
Si la gente percibe que el Ejecutivo está plenamente focalizado en aliviar el enorme sufrimiento que causará El Niño, mientras la izquierda frívola se dedica a obstruir en el Congreso, entonces cualquier tendencia en la popularidad cambiará a favor del gobierno. Y entonces la izquierda estará atrapada en su propia telaraña.
















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