Herberth Cuba

Salud Pública, leptospirosis y el Minsa

Priorizar la salud pública, los determinantes sociales de la salud y la prevención

Salud Pública, leptospirosis y el Minsa
Herberth Cuba
18 de septiembre del 2026

 

Luego de una serie de entrevistas, e incluso una presentación en la Cámara de Diputados del Congreso de la República, los funcionarios de la Alta Dirección del Ministerio de Salud (Minsa) aún no se han enfocado en la Salud Pública. La demora en los cambios de los funcionarios de confianza por parte del nuevo ministro ha contribuido a ello. La Salud Pública no se limita a la atención médica curativa, sino que se define como una disciplina integral y social. La Salud Pública no es el opuesto a la salud privada curativa, como tampoco a la salud individual, ni es sinónimo de la salud colectiva. La Salud Pública, según Charles-Edward A. Winslow, es «la ciencia y el arte de impedir las enfermedades, prolongar la vida y fomentar la salud mediante el esfuerzo organizado de la comunidad». Es decir, su núcleo es la participación social y la intervención sobre los determinantes sociales de la salud, que explican y resuelven el 80 % de las necesidades de salud de la población.

En esa línea, la salud privada son los servicios que brindan atención médica y de salud que, por la propia naturaleza de sus actividades, no son opuestos a la Salud Pública, sino más bien complementarios. El problema no es la existencia de servicios privados, sino que los ciudadanos tengan acceso y poder de acceso a la salud. Además, la Salud Pública no es un asunto individual porque sus externalidades son sociales. Tampoco la Salud Pública se opone a la salud individual, pero trasciende el enfoque del «riesgo individual». El modelo basado en «factores de riesgo de enfermar» es insuficiente porque no aborda los determinantes sociales de la salud, que son los que causan los riesgos de las enfermedades. Sin embargo, la nueva gestión del Minsa hasta la fecha se ha enfocado, con limitaciones, en la medicina curativa y en el paciente hospitalario. Una vez más, como en la gestión del exministro Luis Quiroz, el Minsa está a punto de convertirse en el ministerio de las enfermedades. Frente a este riesgo, es necesario retomar la Salud Pública como la razón de ser del Minsa y enfocarse en la promoción de la salud, la prevención y la detección precoz de las enfermedades, y en la gestión de los determinantes sociales de la salud. Para ello, el funcionamiento de las Redes Integradas de Salud adquiere un rol fundamental. Más que un país cuya población se cure bien, necesitamos uno en el que esta no se enferme.

La Salud Pública requiere institucionalidad local. Las Redes Integradas de Salud, además de la gestión de los servicios de salud, gestionan los determinantes sociales de la salud, en el que los Comités Distritales de Salud desempeñan un rol fundamental, porque son los espacios de articulación Estado-sociedad o comunidad, con el liderazgo de los alcaldes distritales, donde se aprueban agendas sanitarias distritales con ordenanza municipal.

Según la Organización Mundial de la Salud, los determinantes sociales de la salud son «las circunstancias en que las personas nacen, crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de vida cotidiana». Y las circunstancias no son solo individuales, sino sociales, plasmadas en la existencia social. El concepto «circunstancias», de José Ortega y Gasset, expresado en su libro Meditaciones del Quijote («Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo»), está anclado en el individuo. Si bien la última parte de la frase contiene un hilo de superación del individualismo, no lo logra, porque el individuo no se salva solo. Porque las circunstancias corresponden a la existencia social, que es la condición de posibilidad del individuo. En consecuencia, no se trata de que el «yo» tenga circunstancias sociales, sino de que el «yo» ya es social antes de cualquier reflexión sobre sí mismo. En esa línea se entiende la frase «el conjunto más amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de vida cotidiana», que forma parte de la definición de determinantes sociales de la salud.

La salud pública tiene herramientas de medición, denominadas indicadores, que permiten evaluar el estado de salud de la población, el desempeño de sus servicios de salud y el impacto de las intervenciones. Y esos indicadores miden, a la postre, cómo se desempeña un ministro de Salud. Por ejemplo, la leptospirosis es una enfermedad zoonótica bacteriana causada por Leptospira interrogans, que se transmite por contacto de las personas con agua, barro o alimentos contaminados con la orina de animales infectados con esta bacteria, principalmente roedores. La leptospirosis es una enfermedad de la pobreza, del saneamiento deficiente y de la exclusión territorial. Es necesario, antes que nada, intervenir sobre esos determinantes sociales de la salud, con las comunidades organizadas, con los Comités Distritales de Salud y con los alcaldes comprometidos, además de una estrecha relación entre los tres niveles de gobierno. Las medidas preventivas incluyen evitar aguas estancadas, usar botas de jebe, lavarse las manos y hervir el agua. El tratamiento requiere antibioticoterapia (doxiciclina o penicilina) y soporte vital en casos graves, mientras que la rehabilitación con terapia física y seguimiento es clave para quienes desarrollan secuelas renales o hepáticas. Encima, el riesgo se agrava con lluvias intensas e inundaciones asociadas al fenómeno de El Niño, sobre todo en las zonas con saneamiento deficiente.

Las cifras que aporta el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC-Minsa) indican que, hasta la semana epidemiológica 31 de 2026, en todo el país se acumulaban 8929 casos y 34 fallecidos, con 1066 hospitalizados, y una incidencia de 25,77 casos por cada 100,000 habitantes. Estas cifras son las más altas de los últimos cinco años. Por ejemplo, las hospitalizaciones se incrementaron en un 145 % respecto al mismo periodo de 2025 y la mortalidad se ha multiplicado por más de tres. Fueron ocho los fallecidos en 2025 frente a 34 en 2026, con un corte en la semana 31 (2 al 8 de agosto) de 2026. Además, la concentración geográfica de los casos durante 2026 se da en Loreto (354 casos), Ucayali (138), San Martín (119), Tumbes (101) y Piura (65).

El salto de 2906 casos en 2022 a 8929 en 2026, con un aumento paralelo de la mortalidad y las hospitalizaciones, indica que las estrategias de prevención y control implementadas hasta ahora han sido insuficientes. La amenaza del fenómeno de El Niño agravará aún más esta situación. El Minsa está en la obligación, en primer lugar, de resolver el nudo crítico de la coordinación interinstitucional. En el nivel estratégico, a nivel ministerial, necesita acordar normas autoritativas, como decretos de urgencia, que permitan que los diversos componentes del Sistema Nacional de Salud trabajen, por lo menos en la emergencia por el fenómeno de El Niño, en forma conjunta, unitaria y gratuita para el ciudadano, tal como ocurrió durante el Niño Costero (DU 006-2017). En el nivel local operativo, que es la parte esencial, ya que es donde se realizan las actividades, los Comités Distritales de Salud, bajo el liderazgo de los alcaldes distritales, deben cumplir sus funciones y, en cascada, aterrizar los acuerdos estratégicos nacionales.

En segundo lugar, fortalecer la relación entre el Minsa y los gobiernos regionales y locales, e incluso con el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), con la finalidad de generar un comando único ante la emergencia. En tercer lugar, intervenir sobre los determinantes sociales de la salud: en el saneamiento y el control de roedores, con los gobiernos locales, los Comités Distritales de Salud y los líderes comunales.

En cuarto lugar, el Minsa, con el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades (CDC-Minsa), debe resolver la fragmentación informática, que se ha convertido en una barrera estructural que impide que el Estado tenga datos exactos y auditables. Sin interoperabilidad, la vigilancia de la leptospirosis seguirá dependiendo de reportes manuales lentos y propensos a error. Por ejemplo, para la leptospirosis, un caso probable notificado en el Noti-SP no se cruza automáticamente con el resultado del laboratorio Netlab del Instituto Nacional de Salud. En consecuencia, la confirmación diagnóstica depende de procesos manuales, con pérdida de tiempo y de seguridad para la detección de brotes.

En quinto lugar, fortalecer el primer nivel de atención con enfoque comunitario e intercultural en el marco de las Redes Integradas de Salud, allí donde estas se encuentren en funcionamiento. Esto permitirá la respuesta rápida y oportuna, con evaluación de daños en tiempo real. Además, permitirá el despliegue de los equipos e insumos para el diagnóstico precoz, así como de los medicamentos para el tratamiento oportuno y eficaz. Si bien es cierto que este punto es esencial para salvar vidas, también es cierto que es la última oportunidad de las tantas que tuvo el ciudadano para salvarse. ¡Más salud pública, menos tragedia!

Herberth Cuba
18 de septiembre del 2026

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