Alejandro Arestegui
Separatismos contemporáneos e intereses ocultos
Sobre las intenciones de los separatistas en Reino Unido
¡El Reino Unido se desmiembra! Pareciera que este es el mensaje que los medios internacionales han anunciado en los últimos días. Si bien es cierto este acontecimiento ha sido un remezón político en las islas británicas, no todo es tan sencillo como parece. En esta columna trataré de explicar cuáles son las implicancias y los intereses detrás del supuesto intento de independencia de Escocia, Gales e Irlanda del Norte de Inglaterra.
Los líderes separatistas galeses, escoceses y norirlandeses se reunieron el pasado 14 de septiembre para firmar los denominados acuerdos de Cardiff. Esto, más que un acuerdo expreso con acciones claras y contundentes en busca de la independencia, es más una mera declaración de intenciones. En la búsqueda de un cambio constitucional, este acuerdo consta más en una promesa de que los líderes separatistas insistirán a las autoridades de Londres para que en el mediano plazo se celebren referéndums vinculantes de permanencia o salida del Reino Unido para sus respectivas naciones. Numerosos medios de todo el mundo han anunciado la noticia como el posible inicio de la fragmentación del Reino Unido. Claro que esto depende de la tendencia del medio de comunicación e incluso de la nacionalidad del mismo. Por citar un ejemplo, medios argentinos de diferente postura ideológica celebraban el supuesto desmantelamiento del estado que les arrebató las Islas Malvinas. Sin embargo, la cuestión es mucho más compleja y hay que adentrarnos en cuáles son los objetivos que se busca con esta declaración firmada en Cardiff.
Los líderes separatistas decidieron reunirse en forma espontánea más no desorganizada. Sin lugar a duda están aprovechando la debilidad del actual gobierno en Londres, la nefasta gestión laborista inicia con mal pie luego de la dimisión del antiguo primer ministro Keir Starmer. La nueva dirección del partido laborista impulsa desde Londres una agenda de “igualdad y justicia social”, olvidándose por completo de sus anteriores promesas de mayor autonomía para las demás naciones del Reino Unido. Como todo suceso político en la actualidad, también existen incentivos económicos que han movilizado a los líderes separatistas. Haciendo eco de lo dicho por el ministro de finanzas de Gales, Elin Jones, manifestó no solamente la cuestión constitucional (relacionado al referéndum vinculante de independencia) sino también de aspectos sobre el financiamiento justo, haciendo mención de los recursos asignados desde Londres. Elin Jones hizo hincapié que tienen puntos en común, por más diferencias que tengan entre las tres naciones. Algo que se le olvidó al ministro Gales comentar, es que la tendencia de todos los líderes separatistas de ser pro-europeístas ¿qué significa esto? Que todos los líderes buscarían que Escocia, Gales e Irlanda del Norte se separen de Reino Unido y de inmediato se postulen como candidatos para unirse a la Unión Europea. Esto es el meollo del asunto y lo más grave de todo. Los líderes separatistas estarían buscando que su naciones se separen de un estado para integrarse a otro supra estado mucho más grande e influyente. Personalmente considero esto un sinsentido, pues a través de los siglos galeses, escoceses e irlandeses lucharon contra Inglaterra con el fin de buscar su libertad y autonomía. Ahora es justamente lo contrario, liberarse del poder del palacio de Westminster para avasallarse ante Bruselas, Estrasburgo y Frankfurt. Resulta que los líderes separatistas que buscan que sus naciones dejen al Reino Unido no buscan que sus ciudadanos tengan mayor libertad, menos burocracia, menos centralismo e intervención de la capital, ahora buscan una dependencia mayor. Esto no es ninguna conjetura mía, sólo basta con mirar lo que sucedió al norte de Escocia, cruzando el mar. Hace tan solo unas semanas, los islandeses votaron en un referéndum promovido por su primera ministra para no continuar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea. Si bien es cierto que dicho referéndum ganó el “no” por un estrecho margen, la división geográfica de los votantes nos demuestra una realidad determinante. La gente cosmopolita y urbanizada de Reikiavik que no veía con malos ojos la integración a Bruselas frente a los pueblos y aldeas pesqueros de toda la costa islandesa que votaron contundentemente en contra. Los ciudadanos escoceses, galeses y norirlandeses deben ser conscientes que unirse a la Unión Europea puede traer ventajas, pero también implica ceder mucho de su autonomía e incluso volverse dependientes de las ayudas que lleguen desde Bruselas a corto plazo. Para estas naciones isleñas, que no poseen frontera alguna con ningún país miembro de la UE, la integración sería más lenta y menos útil. Incluso Irlanda del Norte, la única de las naciones que sí comparte frontera terrestre con un miembro pleno de la UE, tendría que resolver primero sus históricas diferencias con su vecino sureño, la República de Irlanda, con la que hasta hace dos décadas padecía de episodios de violencia armada. Esto es igual de ilógico que si mi región, Arequipa, quisiese separarse del Perú y de inmediato postular a ser miembro de Mercosur, todo sin tener frontera terrestre con alguno de sus miembros.
Como conclusión, si bien hay que admitir que el Brexit ha sido un desastre, la Unión Europea tampoco no va por buen camino. No se puede afirmar que el problema del Reino Unido haya sido el Brexit únicamente, sino probablemente también haber mantenido todos los impuestos y similares barreras regulatorias de la Unión Europea. Décadas de mediocre gestión desde Westminster con la centroderecha conservadora y el desastre actual de la izquierda laborista ha recrudecido el debate de la independencia. Por otro lado, existen cuestiones por lo menos curiosas e irónicas. Los líderes separatistas quieren pertenecer a la Unión Europea, sin embargo, no son partidarios de adoptar el euro.
Lo que ha demolido la economía de las naciones del Reino Unido ha sido mantener los gigantescos impuestos, las regulaciones y toda serie de legislaciones absurdas existentes. El problema es que ninguno de los tres líderes separatistas tiene el más mínimo objetivo de cambiar esto. Lo único que quieren es que la ruptura con Londres les dé la oportunidad de generar mucho más gasto clientelar, mucho más burocracia e intervencionismo de corte socialdemócrata. Un movimiento separatista con tintes nacionalistas pero con marcada agenda de izquierda está destinado a fracasar. Ya pasó en Escocia en 2014 y puede pasar ahora, aunque las tres naciones celebren los referéndums en simultáneo. Nada está dicho, personalmente valoro y apoyo el derecho de separarse y la autonomía de los pueblos, sin embargo, dejar un centralismo injusto y estatista para unirse a otro aun más grande y controlador, es como mínimo, absurdo.
















COMENTARIOS