Guillermo Molinari
PISA Perú 2025: Mal de muchos, consuelo de tontos
El deterioro de los aprendizajes es un fenómeno mundial
Los últimos resultados de PISA 2025 han generado diversas opiniones, análisis, narrativas y justificaciones por parte de quienes, en algún momento de la última década, han sido responsables directos de la conducción del sector Educación. También han surgido interpretaciones sesgadas sobre la evolución de los logros de aprendizaje de nuestros estudiantes entre 2000 y 2025. En algunos casos, se intenta identificar a los responsables de este desplome: el 58 % de los escolares no comprende lo que lee y el 70 % no puede resolver problemas de matemática básica. En términos sencillos, una mayoría presenta dificultades para comprender, interpretar y aplicar información escrita, mientras que siete de cada diez estudiantes no logran resolver problemas matemáticos considerados básicos para su edad.
En el ámbito internacional, diversos analistas sostienen que el deterioro de los aprendizajes es un fenómeno mundial, atribuido, en buena medida, a la pandemia de covid-19. En el Perú, algunos recurren a esta explicación para justificar una caída que ya se manifestaba después de los resultados de 2018. Como reza el conocido dicho: «Mal de muchos, consuelo de tontos».
Quienes sostienen que «los dos años de cierre de las escuelas han tenido que ver con el bajo rendimiento» recurren a una interpretación excesivamente simplista, especialmente cuando se examina la evolución de los resultados de PISA entre 2000 y 2025. A continuación, presento dos cuadros que, analizados detenidamente y considerando tanto a los sujetos evaluados como los acontecimientos ocurridos durante el periodo 2000-2012, nos permitirán comprender mejor la importancia de garantizar la continuidad de las políticas nacionales, más allá de los cambios de gobierno y de las sucesivas gestiones del sector.

Entre 2000 y 2012, el Perú registró un progreso sostenido de 57 puntos en habilidades lectoras, al pasar de 327 a 384 puntos. Entre 2009 y 2012, el incremento fue de 14 puntos, el más alto entre los países de América Latina que participaron en la evaluación. Este avance mereció el reconocimiento internacional de la OCDE, que años después destacó el ritmo de mejora de los resultados peruanos y su evolución en relación con la inversión ejecutada.
Sin embargo, pese a estos avances, el Perú todavía se mantenía por debajo del promedio de la OCDE. ¿Qué ocurrió durante ese periodo para que se produjera una mejora tan significativa? ¿Qué políticas, programas y decisiones contribuyeron a este progreso?
Comencemos por analizar los principales acontecimientos que, durante esos años, contribuyeron a sentar las bases de esta evolución:
- El Acuerdo Nacional (2002). Se aprobaron 31 políticas de Estado para el periodo 2000-2021. Entre ellas, la Política 12, referida al acceso universal a una educación pública gratuita y de calidad, así como a la promoción y defensa de la cultura y el deporte.
- La Ley General de Educación (2003). Se promulgó la Ley N.° 28044, que estableció el marco normativo general del sistema educativo peruano.
- El Plan Estratégico Sectorial Multianual. Se reformuló el plan correspondiente al periodo 2004-2006, como parte de los instrumentos de planificación de la política educativa nacional.
- El Diseño Curricular Básico de Educación Secundaria (2004). Elaborado por la Dirección Nacional de Educación Secundaria y Superior Tecnológica (DINESST), este documento orientó las intenciones educativas del currículo en las instituciones públicas y privadas. Su elaboración se sustentó en la «Consulta Nacional del Currículo de Educación Secundaria», realizada en 2003. Posteriormente, este trabajo contribuyó a la elaboración del Diseño Curricular Nacional (DCN) de 2007, que integró los tres niveles de la Educación Básica: Inicial, Primaria y Secundaria.
- El Proyecto Educativo Nacional 2007-2021. Bajo el título «La educación que queremos para el Perú», estableció seis objetivos estratégicos orientados a garantizar aprendizajes pertinentes y de calidad; igualdad de oportunidades y resultados educativos; maestros bien preparados; una gestión descentralizada y democrática; una educación superior de calidad; y una formación ciudadana comprometida con la comunidad. Lamentablemente, el proyecto no llegó a concluirse con una evaluación integral de sus resultados. En 2019, el Consejo Nacional de Educación (CNE) presentó un nuevo Proyecto Educativo Nacional al 2036, sin que se tuviera suficientemente claro cuáles habían sido los logros del anterior.
- La continuidad de las políticas educativas. Entre 2000 y 2011, el sector Educación tuvo siete ministros. A pesar de los cambios de titular, fue posible ejecutar planes y programas que mantuvieron cierta continuidad en su gestión y en las políticas nacionales. Este aspecto resulta particularmente relevante para comprender la evolución de los aprendizajes durante esos años.
- La Carrera Pública Magisterial. La Ley N.° 29062, que estableció la Carrera Pública Magisterial, fue promulgada el 26 de junio de 2007. Posteriormente, fue reemplazada y unificada mediante la Ley de Reforma Magisterial, Ley N.° 29944, promulgada el 25 de noviembre de 2012.
- El Proyecto BID II «Mejoramiento de la Educación Secundaria». Este proyecto contempló la distribución de recursos y materiales educativos para los estudiantes de secundaria, incluidos libros y materiales para los laboratorios, las ciencias sociales, el arte y la educación física. También incorporó televisores, guías y manuales para los docentes, así como programas de capacitación docente en cascada a nivel nacional. Asimismo, contribuyó a la elaboración de un Diseño Curricular Nacional basado en capacidades, valores y actitudes.
- El Programa Nacional de Formación y Capacitación Permanente (PRONAFCAP). Se implementó un programa de capacitación que alcanzó a 180 000 docentes, con cuatro componentes principales: comunicación; razonamiento lógico-matemático; dominio del Diseño Curricular Nacional, según el nivel educativo y la especialidad; y aspectos generales de la práctica pedagógica.
Estos antecedentes permiten identificar un conjunto de políticas, instrumentos de planificación, reformas y programas de formación docente que coincidieron con el periodo de mejora de los resultados de aprendizaje. Su análisis resulta fundamental para comprender la importancia de la continuidad de las políticas educativas y de la articulación entre las distintas intervenciones del Estado.
Ahora pasemos a analizar los resultados entre el 2012 y el 2025:

Entre 2012 y 2022, los resultados de comprensión lectora registraron un incremento de 40 puntos. Este avance puede interpretarse como un rebote en los resultados, pues los estudiantes evaluados durante este periodo se habían formado, en buena medida, bajo la influencia del Diseño Curricular Nacional (DCN) integrado de la primera década del siglo XXI. Asimismo, habían recibido clases de docentes capacitados durante esos años y se habían beneficiado de la continuidad de algunas políticas educativas, como la distribución de materiales escolares.
Sin embargo, esta evolución positiva no se mantuvo. A partir de 2018, los resultados de aprendizaje en matemática comenzaron a mostrar un retroceso, mientras que, desde 2022, también se observa una caída en comprensión lectora. Como se aprecia en el segundo cuadro, ambos campos registran una disminución de 18 puntos, respectivamente. Se trata de una tendencia que exige examinar con detenimiento los factores que podrían estar contribuyendo al deterioro de los aprendizajes.
Analicemos algunos de los aspectos que deben considerarse para comprender esta merma:
- El cambio del enfoque curricular. Se pasó de un currículo organizado en torno a capacidades fundamentales y específicas, valores, contenidos y actitudes a uno estructurado por competencias. Este enfoque, concebido originalmente para la educación superior y la formación profesional, fue incorporado a la educación básica sin que, a juicio del autor, se resolvieran suficientemente sus dificultades de aplicación en el aula. Mientras algunos especialistas en currículo explican sus fundamentos teóricos, persisten interrogantes sobre su construcción y operacionalización en la práctica pedagógica. En consecuencia, numerosos docentes enfrentan dificultades para traducirlo en experiencias concretas de enseñanza y aprendizaje.
- El abandono de programas sistemáticos de formación docente. Se dejaron de lado programas de formación y capacitación que, en etapas anteriores, habían contemplado procesos estructurados y acompañamiento presencial a los maestros.
- La discontinuidad en la distribución de materiales educativos. No se mantuvo de manera sostenida la entrega y reposición de los materiales necesarios para el trabajo pedagógico en las instituciones educativas.
- La priorización de determinados contenidos ideológicos. Se habría concedido mayor importancia a la incorporación de contenidos vinculados con determinadas perspectivas ideológicas que a garantizar el desarrollo del pensamiento crítico, creativo e innovador de los estudiantes.
- La inestabilidad en la conducción del sector. Entre 2011 y 2026, el Ministerio de Educación tuvo 21 ministros, una sucesión de autoridades que, según el argumento planteado, dificultó la continuidad de los planes, programas y políticas nacionales.
- El descuido de habilidades fundamentales. Se habría reducido la atención prestada a la comprensión lectora, la argumentación, la redacción, el razonamiento matemático, las actividades lúdicas articuladas con el aprendizaje y el desarrollo de habilidades blandas.
- El uso creciente de la tecnología en la enseñanza. La incorporación de herramientas digitales en los procesos educativos ha facilitado que algunos estudiantes presenten tareas elaboradas con contenidos generados por ChatGPT, Gemini u otros programas, sin necesariamente desarrollar por sí mismos las habilidades que dichas actividades deberían fortalecer.
¿Qué papel desempeña la tecnología en el aprendizaje?
Algunos analistas pretenden atribuir parte de esta merma al uso de la tecnología por parte de los estudiantes. Frente a esta interpretación, resulta pertinente examinar qué señalan los estudios comparativos sobre la escritura a mano, con lápiz y papel, y la escritura mediante teclado, particularmente en relación con el desarrollo cognitivo, la lectoescritura y la retención de información durante la educación básica.
Diversas investigaciones han identificado diferencias entre ambos métodos, especialmente en las primeras etapas de la escolaridad. Estas diferencias se relacionan con la activación de redes neuronales, el aprendizaje de la escritura y los procesos de memoria y comprensión. Entre las principales ventajas que se atribuyen al uso del lápiz y el papel, destacan las siguientes:
- Activación cerebral. Estudios basados en electroencefalografía y técnicas de neuroimagen han encontrado que la escritura a mano puede activar redes neuronales más amplias y sincronizadas que la escritura mediante teclado. Estas redes, relacionadas con la motricidad fina, la memoria y el aprendizaje, intervienen en procesos importantes para la adquisición y consolidación de conocimientos.
- Reconocimiento de letras y lectura. Durante las primeras etapas escolares, el trazado manual de las letras favorece el reconocimiento, la identificación y el recuerdo de grafemas y palabras. A diferencia de la escritura mediante teclado, en la que se presionan teclas con caracteres predeterminados, la escritura a mano exige reproducir cada letra mediante movimientos específicos. Este proceso contribuye, además, al desarrollo de la motricidad fina y la coordinación óculo-motriz.
- Memoria y comprensión conceptual. La escritura a mano es un proceso más lento y laborioso que la digitación, lo que puede favorecer que el estudiante procese, sintetice y reformule la información con sus propias palabras, en lugar de limitarse a transcribirla. Por ello, quienes redactan o toman apuntes a mano pueden involucrarse en un procesamiento más profundo de los contenidos. En determinadas circunstancias, esta actividad puede favorecer la comprensión y la retención de conceptos a mediano y largo plazo.
Sin embargo, los resultados de las investigaciones no implican que ambos métodos sean excluyentes. Por el contrario, el lápiz y el papel, así como el teclado, pueden complementarse dentro de los procesos de enseñanza y aprendizaje. La cuestión fundamental es determinar en qué etapas de la formación escolar y con qué objetivos pedagógicos debe emplearse cada uno.
Para fortalecer las bases del desarrollo cognitivo e incorporar progresivamente las herramientas digitales, se plantea dar prioridad al papel y la escritura manual durante los primeros años de la educación básica. Desde esta perspectiva, reemplazar prematuramente el lápiz por el teclado podría afectar la consolidación de habilidades fundamentales para la lectoescritura.
En esa misma línea, diversos países vienen revisando y regulando el uso de dispositivos electrónicos en las escuelas, al tiempo que promueven nuevamente el empleo de libros, cuadernos, lápices y papel.
En definitiva, el desafío consiste en incorporar la tecnología sin descuidar las habilidades fundamentales que deben desarrollarse durante la educación básica. La innovación educativa no debería medirse únicamente por la cantidad de dispositivos utilizados en las aulas, sino también por su contribución efectiva a la comprensión lectora, la escritura, el razonamiento matemático y el desarrollo integral de los estudiantes.
















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