Los candidatos de la centro derecha están en la obligació...
El Perú ha llegado a una encrucijada en que debe decidir si continúa hacia adelante o empieza una larga involución que lo podría llevar a la disolución, a la inviabilidad, a reeditar una nueva versión de un Estado fallido. Hoy, por ejemplo, no solo asistimos a un proceso electoral sin Gobierno, sin Gabinete con la respectiva confianza del Legislativo, sino que también la izquierda –al frente del Estado– pretende saquear los últimos recursos posibles. Allí está la intención de seguir agravando la irresponsabilidad fiscal en Petroperú y la negativa del Ejecutivo a observar las leyes que el populismo legislativo ha creado a través de “nuevos derechos para los CAS o el intento de generalizar la cédula viva en el sistema de pensiones”, al mejor estilo del modelo de los ochenta que nos llevó a la hiperinflación y a la pobreza general.
En ese sentido, a dos semanas de las elecciones nacionales, la posibilidad de que dos centroderechas pasen a la segunda vuelta nos permitiría seguir afirmando que Dios es peruano o que, en todo caso, el Señor tiene una especial consideración para nuestro país a pesar de la irresponsabilidad de su clase política.
¿Por qué la superlativa importancia de dos centroderechas en la segunda ronda? El Perú en la última década –como la mayoría de los países de la región– ha enfrentado una colisión entre sistema y antisistema. En las elecciones del 2006, del 2011 y del 2021 los candidatos de la izquierda bolivariana pasaban a la segunda vuelta cuestionando la Constitución Política y proponiendo una asamblea constituyente. Si en la segunda vuelta de un Estado de derecho, de un sistema republicano, uno de los candidatos desconoce el documento constitutivo de la república, ¿acaso el principio de autoridad democrático no vuela en pedazos? ¿Por qué nos sorprendemos de que haya ocho jefes de Estado en un periodo en que debió haber dos, o que avancemos a unas elecciones con un Gabinete sin confianza legislativa? Creemos que el origen de esa anarquía institucional proviene de ese fenómeno.
Si Fuerza Popular y Renovación Popular pasaran a una segunda ronda, en el acto, el Perú habría optado por la defensa del sistema, de la constitucionalidad, rechazando el impulso antisistema, y se recuperaría el principio de la autoridad del Estado de derecho. Por otro lado, la presencia de políticos de larga trayectoria en las listas de Fuerza Popular y Renovación, de una u otra manera, nos garantiza una cámara de diputados y, sobre todo, un Senado de calidad. La presencia de políticos con historia en ambas listas nos indica que las bancadas superaron los errores del 2016, periodo en el que dos derechas desarrollaron un enfrentamiento fratricida que parió una década de desorganización nacional.
Asimismo, es hora de decirle directamente al opinólogo caviar, y también a algunos desesperados en la derecha, que las candidaturas de López Aliaga y de Keiko Fujimori no son contradictorias, sino que desarrollan espacios singulares que, de no existir, serían llenados por la izquierda caviar u otras versiones de la izquierda. Por ejemplo, hoy Keiko Fujimori disputa el primer lugar con López Aliaga, punto a punto, fracción a fracción; sin embargo, se trata de una derecha popular con asentamiento en los sectores C, D y E. En diversas matrices de transferencia electoral se ha registrado que la mitad de esos electores no votaría por López Aliaga porque lo ven excesivamente mesocrático. Muchos de los votantes del fujimorismo sin la candidatura de Keiko estarían con el vizcarrismo o las izquierdas. Los bolsones de Fuerza Popular entonces son verdaderos tapones del antisistema. De allí que el periodista caviar haya lanzado sapos y culebras en contra del movimiento naranja.
Igualmente, el análisis del respaldo de López Aliaga nos indica que se sustenta en el apoyo de los sectores A, B y C en Lima y en el norte. De esta manera Lima, un tercio del electorado nacional, cierra con dos candidaturas de derecha. Pero he aquí algo relevante: una parte de los votantes de López Aliaga, acicateados por el tradicional antifujimorismo, preferirían votar por una candidatura de izquierda caviar; es decir, votos para López Chau y Jorge Nieto.
Planteadas las cosas así, los peruanos de buena voluntad solo debemos tener un objetivo: dirigir estratégicamente el voto para garantizar la presencia de dos centro derechas en la segunda vuelta. Y si alguien no se siente convencido, entonces, la mejor alternativa para un tercero debe seguir siendo Carlos Álvarez, otra candidatura que revela sentido común y buena voluntad.
En ese momento estamos. No tenemos otra y dejemos de lanzar piedras a lo único que tenemos.
















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